Relativización del tiempo. O cómo tardar 1 hora en poner una lavadora

Cuando te conviertes en madre comienza a producirse un extraño y curioso fenómeno al que yo denomino “la relativización del tiempo a la inversa”.

Esto…, ¿¿quéeee?, ¿¿cómoooo?? Sí, sí, que si antes empleabas 30 minutos en ducharte, con toda tu parsimonia, lavarte el pelo, echarte crema hidratante, cortarte las uñas y mirarte un ratito en el espejo para observar lo mona que estás aunque pasen los años, ahora haces todo eso (o quitando alguna cosa, como lo de aplicarte la crema, que se me debe haber secado desde que la usé por última vez) a cámara ultrarápida, no pasando de tardar más de 10 minutos en total.

Y si en media hora batías el récord de tareas domésticas realizadas, incluyendo poner la lavadora, colocar los platos del lavavajillas e incluso doblar la ropa, ahora cada una de ellas, por separado, te ocupa la friolera de una hora. Así que, que alguien me explique cómo hay algunas familias que consiguen tenerlo todo como los chorros del oro, porque a nosotros nos nos quedan horas, ni ganas. 😉

¿Existe alguna razón para un fenómeno tan sobrenatural? Creo haber encontrado la respuesta: yo se lo achaco a un duendecillo que pulula a mi alrededor haciendo de las suyas y queriendo colaborar conmigo, pero a su manera.

Algo así le ocurre a la mamá de este vídeo. ¿Y a vosotras? Espero vuestros comentarios después de verlo. 🙂

¡Ah! ¡Y buena Semana Santa!

Al final, ni nieve ni nievo

Tanto decir que iba a nevar, que nos preparáramos, bla, bla, bla, y al final ni nieve ni nievo (desde que soy mamá he empezado a hacer esto de cambiar la última vocal de las palabras. ¿Tú no?). Tan solo lluvia, y por la tarde. Por la mañana cielo blanco, triste, y un frío de pelotas. Tanto que hemos salido los tres a por el pan y a dar un mini paseo, forrados de ropa, y a Pegotito se le ha quedado la nariz roja. Pero eso sí, en cuanto ha visto la barra se ha puesto a señalarla y a emitir grititos, así que muy a mi pesar hemos tenido que darle un trozo. Y no porque no me guste darle pan, ¡al contrario! En casa comemos mucho. Sino porque se le han quedado las manos tiesas.

Me hacía ilusión que Pegotito hubiese visto la nieve. Habíamos pensado que, si nos levantábamos y estaba nevado, nos abrigaríamos y bajaríamos a la calle para que Pegoti alucinara y tocara la nieve con sus manitas. Habría puesto una cara de sorpresa que pone últimamente, haciendo una “o” con la boca. ¡Es súper divertido verla!

Así que por la tarde hemos estado en casa, jugando, haciendo tareas domésticas y yo con deberes del curso. Hace un rato reflexionaba con mi chico que él juega más con Pegoti que yo. No es que yo no juegue, ni mucho menos, pero digamos que tengo más cosas que hacer que él. Cuando llega el finde, como él está en casa, por las mañanas aprovecho para hacer cosas que entre semana es imposible: poner la lavadora, adecentar un poco la casa… Él también hace muchas cosas (no sé qué haríamos sin él), pero me entra como un síndrome de horror vacui aplicado al tiempo, o sea, no tener ni un minuto libre. Menos mal que él me dice que pare un poco, que me tome mi tiempo para no hacer nada, que descanse. Pero es que…, ¡tenemos tantas cosas que hacer siempre! 😦

Bueno, os dejo. Mañana a las 6:15 sonará el despertador. Ha llegado la hora de parar y descansar. 😉 ¡Buenas noches!