Bye, bye, siesta

Siesta

La siesta: uno de los mayores placeres de la vida…, para casi todo ser viviente 😉

Si tuviera que decir cuál es el, para mí, el mayor placer de la vida diría, sin el menor atisbo de duda, la siesta. Echarme la siesta es lo mejor del fin de semana, para qué mentir. Además, no puedo controlarlo. Después de comer me entra tal estupor y tal malestar que poco más y me caigo redonda al suelo.

Así que estoy jodida, hablando en plata. Porque desde hace una semana Pegotito, con sus casi 3 primaveras, ha decidido que pasa de dormir la siesta. Como lo oís. Lo ha declarado manifiestamente con frases del estilo:

Hoy no voy a dormir

No quiero dormir

No voy a echarme la siesta

Y actos como saltar en la cama, bajarse, comenzar a correr por toda la casa y otras variantes típicas de haberse tomado un café doble con cinco azucarillos. ¡Por Dios, no puede quedarse quieta pintando! ¡Que pinte las paredes, pero en silencio!

Y yo que pensaba que se trataba de un estado de enajenación transitoria derivado del hecho de estar con los abuelos entre semana, el pasado finde lo sufrí en mis propias carnes, confirmando mis sospechas.

Claro que, disponemos de un arma súper potente, destinada a casos extremos. Y sí, llamadme mala madre, pero benditos dibujos animados. Que viva el Clan, el Boing (con su programación casi en exclusiva dedicada a Doraemón) y el Disney Channel. Porque si conseguimos que se tumbe en el sofá mirando atentamente la pantalla, cae ipso facto. Cualquier día pruebo con el Tour y continúo las tradiciones familiares: la de siestas que me habré cascado viendo como sufría Indurain subiendo el Tourmalet. 😉

Porque qué queréis que os diga: con casi cuarenta grados en Madrid, donde mejor se está una tarde de sábado, entre las 15 y las 17 horas, es babeando la almohada. ¿O no? 😉

Y vuestros hijos, ¿se siguen echando la siesta? ¿A qué edad abandonaron el bendito hábito? 😉

 

10 criterios personales a la hora de elegir colegio

Criterios para elegir colegio

Y con personales quiero decir eso: personales. Porque, como dijo Ortega y Gasset, “Yo soy yo y mi circunstancia”, que pueden ser (y serán) completamente distintas a las vuestras. O no, quién sabe… 😉

10 criterios personales a la hora de elegir colegio

1. En el primer puesto, la cercanía (de hecho creo que, para nosotros, es el más importante). Somos de la opinión de que al colegio hay que ir andando. Así es como íbamos nosotros y, por ende, así queremos que vaya Pegotito. Nada de recurrir al coche, salvo diluvios universales o ventoleras que amenacen nuestra integridad fisica. 😉

2. En segundo lugar, tema escatológico donde los haya, no quiero que mi hija, que acaba de dejar el pañal (¡Operación pañal casi completada! Os lo contaré otro día), se pase las horas con la ropa mojada porque tenga un escape y nadie del centro albergue el más mínimo atisbo de humanidad para cambiarla. Porque no es lo mismo nacer en enero y ser completamente autónomo a la hora de acudir al wc que haber tenido la poca fortuna (como lo consideran algunos) de ser de finales de año y andar más apuradillo en lo que al control de esfínteres se refiere.

Hay coles en los que hay una persona del AMPA que se ocupa de estos menesteres o en los que los propios profesores echan una mano (o dos) si llega el caso. Y otros en los que no se las manchan para limpiar las mierdas de los demás.

3. Ahora nos ponemos reivindicativos 😉 Escuela pública: de todos para todos. Preferimos que, en la medida de lo posible, nuestra hija vaya a un colegio público, con sus cosas malas y sus cosas buenas, representativo de la diversidad que se va a encontrar en la vida.

4. Llevar a Pegotito a un cole con una trayectoria consolidada a lo largo de más de una, dos o tres décadas, nos da confianza. Sobre todo si se trata de un centro en el que han estudiado familiares y vecinos de toda la vida, gente honrada, trabajadora y buenas personas, para nosotros lo más importante.

5. En cuanto al modelo educativo, nos gusta la educación por proyectos, mucho más creativa que lo que se estilaba en mi época: con el libro de texto y las fichas todo el día a cuestas. Nos parece mucho más enriquecedor y motivador para todos, padres incluidos. Porque nos tocará aportar nuestro granito de arena y eso, amigas, nos gusta. ¡Nos encantará que nos hagan partícipes de la vida colegial de Pegotito! 🙂

6. ¡Hombre, el bilingüismo! Con él hemos topado… Nos parece importante, y mucho, que comience a familiarizarse con el inglés desde ya mismo (en casa hacemos lo que podemos). Pero claro, el modelo típico de aproximación al idioma anglosajón que se trata de imponer desde la Comunidad de Madrid no nos convence nada de nada. Así que no es nuestro requisito más relevante a la hora de elegir colegio. Lo sitúo en sexto lugar por no ponerle en el décimo, por el qué dirán… 😉

7. El horario ampliado. Supongo que tendremos que recurrir a él en algún momento. Porque teniendo en cuenta que la mayoría de los colegios no abren sus puertas hasta las 9 o 9:30 h y hay que llegar al trabajo después, a ver qué hacemos  con nuestra criatura…

8. La comida del comedor. En principio serán los abuelos de Pegotito los que se ocupen de recogerla a mediodía y darle de comer, pero nunca se sabe lo que puede ocurrir en un futuro. Y dado que prácticamente todos los colegios cuentan con comedor escolar, lo que más nos preocupa es la comida: que se prepare allí cada día y la procedencia de los alimentos, así como que el menú sea equilibrado y no se recurra a los fritos a diario son temas que, como padres, nos traen de cabeza.

9. Las clases extraescolares. No somos partidarios de apuntar a Pegotito cada día a una actividad. Y menos al principio, con 3 años. Creemos que a ciertas edades lo que tienen que hacer es jugar en el parque, con sus padres y amigos. Pero, sinceramente, necesitamos contar con una oferta de actividades extraescolares variada, divertida y económica para, llegado el momento, poder elegir y que ella también manifieste sus preferencias.

10. El horario escolar. Conocemos muy pocos colegios, por no decir uno o ninguno, en los que la jornada sea continua y los peques no tengan que volver a las clases por las tardes (lo que, como madre, me parece regular. Vale que es muy complicado conciliar vida laboral y familiar, pero con 3 años son muy pequeños para dejar de dormir siesta). Así que, como esto es más una imposición que una opción, situamos este criterio en décimo y último lugar. 😉

¿Qué otros criterios son importantes para vosotras a la hora de elegir colegio?

Operación “paso a su habitación y dormir en su cama” (II)

Colecho

(Nota: no sé por qué extraña razón WordPress no me deja añadir la url de la fuente de la imagen como pie de imagen, así que aquí va: http://bit.ly/1QE1LdV)

Lo hicimos. En las pasadas Navidades decidimos tirarnos a la piscina y emprender la operación “descolecho“. Y, aunque mis augurios eran bastante nefastos, tal y como os conté en mi post Operación “paso a su habitación y dormir en su cama”, a veces la realidad supera a la ficción y he de confesar que no fue nada mal.

Nuestras armas: libros, estrellas pegadas en el techo, una luz pequeñita (quitamiedos la llaman) y nada de llantos. A la mínima expresión de tristeza, al más pequeño atisbo de pucheros a la hora de dormir, servidora cogía a su pequeño saltamontes y emprendía el camino a la alcoba familiar. Hasta que un buen día, Pegotito se quedó sopa en cuestión de minutos, tras leerle su cuento favorito y apagar la luz. Y aunque hice un ruido espantoso pisando con la rodilla la tabla de la tarima que más suena de toda su habitación (¡maldición! ¡Lo de arrastrarme por el suelo me va a salir caro!), ni se inmutó. Así que mamá pudo respirar tranquila después de haber contenido la respiración durante quince largos segundos. ¡Yeah! 😉

Pero…, ¿¡qué sería del ser humano si no tropezara dos veces con la misma piedra!? 😉 Porque lo cierto es que, a día de hoy, puedo prometer y prometo que hemos vuelto a colechar los 3 en nuestra pequeña cama de 1,35…

WTF!

¿Cómoooorrr?

¿Pero esta mujer se ha vuelto loca?

¡Caray con la crianza con apego!

¡Menudo martitio!

¡Qué hippismos, por Dios!

 

Sí, sí, llamadme loca, hippie o lo que queráis. Pero yo estoy más feliz que una perdiz. 😉

Porque soy madre, pero es que también soy la “elegida” para acompañar a mi chicoleta hasta que se queda dormida. Y puedo aseguraros que en ocasiones tarda hasta 45 minutos en entregarse a los brazos de Morfeo: 45 minutazos que he de estar sentada en el suelo, con mi culo pegado a la tarima y a punto de caerme de extenuación (es lo que tiene levantarse a las 6 de la mañana, que a las 9:30 de la noche ya no te quedan ganas de nada). Por no hablar de que lo de jugar a ser un ninja y salir de puntillas de la habitación o arrastrarme cual marine en sesión de entrenamiento cuando presiento que se ha quedado dormida es divertido la primera vez. A la tercera ocasión que abre el ojo te dan ganas de hacerte el harakiri ahí mismo.

Así que, qué queréis que os diga… Viva el colecho, el bendito colecho. Porque me asegura que en diez minutos mi peque está sopa. Y, si hay suerte y he dejado todo preparado para el día siguiente, puede que incluso ya no me levante de la cama hasta que el despertador suene, como un resorte, puntual a las 6 a.m.  😉

De cómo se lo toma mi santo esposo y el miedo que tiene a que llegue el verano, que pronostican que será una sucesión de olas de calor, como el año pasado (¡horror!), hablaremos otro día…

¿Vuestros peques se duermen solos o necesitan que estéis con ellos hasta que cierran los ojillos?

Ventajas y desventajas de trabajar por cuenta propia y por cuenta ajena

Trabajar por cuenta propia. Ser autónomo

Esto no es mi escritorio, lo confieso. No tengo un Mac, ni tampoco una libreta tan estupenda como la de la imagen. Yo soy más de cuadernos y papeles por doquier. 😉

Desde que en junio de 2014 me echaran a la calle en mi último trabajo por cuenta ajena, ha llovido mucho. Tanto que, Pegotito, por aquel entonces un bebé de 8 meses recién cumplidos, ahora es una chica mayor de 27 (para los no padres: 2 años y 3 meses), charlatana, pizpireta y que da grandes muestras de autonomía a la hora de comer, pelar las mandarinas, ponerse el abrigo y el gorro para salir o llevar su mochila por la calle. De hecho, la frase “¡Yo sola!”, parece ser su preferida, a tenor de las veces que la usa a lo largo del día.

Tanto ha llovido, que me ha dado tiempo de experimentar en mis propias carnes aquello que llaman trabajar por cuenta propia. O, en cristiano, ser autónoma. ¡Y encima haciéndolo desde casa! 😉

Una condición laboral con muchas ventajas en cuanto a la conciliación (poder cuidar de tus churumbeles y de tu familia sin que nadie pueda reprocharte nada), pero también con múltiples inconvenientes. Porque la perfección no existe, al menos para la gente normal y corriente, el ciudadano de a pie, los pringados, los curritos, los pobres. Con un Euromillón, las cosas rozarían más la perfección. 😉

Ventajas y desventajas de trabajar por cuenta propia

Para mí, sin duda alguna, la principal ventaja de ser autónoma es el poder gestionar tu tiempo de trabajo como quieras, compaginándolo con el cuidado de tus hijos y seres queridos. Que tu hijo está malito, te quedas junto a él en la cama o en el sofá y aprovechas para trabajar cuando se echa la siesta o se queda dormido por las noches. Que quiere ir al parque, ídem. Pero claro, esto de ser autónoma implica 3 cosas:

  • Trabajarás cuando el resto del mundo descansa: sobre todo si desempeñas una labor que no exige un horario fijo, como era mi caso: noches y fines de semana. Y claro, a veces, deberás renunciar a hacer ciertas cosas en familia. E incluso a dormir, uno de los mayores placeres de la vida cuando te conviertes en madre.
  • El ordenador será tu nuevo mejor amigo. Tanto, que irá contigo en la maleta allá donde vayas y rezarás para que no se rompa y para encontrar una red wifi en todo hotel, casa rural o apartamento en el que te alojes.
  • Lucharás como gato panza arriba contra todo virus que ose entrar en tu casa. Porque, si no, eso implicará quedarte tirada en el sofá sudando la gota gorda. Y tus clientes se hartarán y se irán a buscar a otro freelance que cumpla con sus plazos. ¡Y cualquiera pierde uno!

Y ya puestos a criticar el sistema, luego está la cuota que tienes que pagar mensualmente a la Seguridad Social: 50€  durante los 6 primeros meses si puedes acogerte a la reducción o tarifa plana para trabajadores autónomos o 200 y pico € que te calzarán mensualmente en caso contrario. Una traba tras otra, desde luego. Porque claro, tendrás que contar con una gestoría de confianza para que te eche una mano con impuestos y declaraciones trimestrales del IVA, o echarle horas y horas para enterarte bien de cómo funciona el sistema y que Hacienda no te cruja. Vamos, que pierdes pasta a raudales. Las ovejas que entran por las que salen, como se suele decir.

Pero bueno, no todo iban a ser problemas, claro está. Piensa que, de esta forma, te ahorras la guardería y puedes tener a tu hijo en el trabajo, rollo Bescansa, que no es otro que tu propia casa. Eso suena bien, ¿no? Conciliación 100% real.

Ventajas y desventajas de trabajar por cuenta ajena

Valorando voy, valorando vengo, cuando me ofrecieron una oportunidad muy interesante hace unas semanas, que implicaba firmar un contrato por cuenta ajena, pensé, y mucho, cómo cambiaría mi vida a partir de entonces.

Iba a pasar a tener un horario fijo (y bastante flexible, para lo que se estila en este país) que implicaría, eso sí, tener que llevar a mi hija a la guardería y delegar en otras personas su cuidado (abuelos incluidos). Pero las tardes y los fines de semana serían enteros para ella. 🙂

Tendría libertad de movimientos para desplazarme con mi pequeña familia a lugares recónditos de las montañas sin preocuparme del wifi o de la wifa (se nota que soy madre, ¿no?). Ya sabéis que me quedé enamorada de la zona de Las Médulas, en León, tal y como os conté en mi serie de posts Visitando Las Médulas, y que quiero volver a encontrar la paz que necesito y que me brindó la antigua mina de oro romana.

Y un sueldo fijo a final de mes, no vayamos a negar lo evidente. Porque aquí todo quisqui trabaja por dinero, dejando a un lado llamadas divinas o vocaciones. Y, siendo autónoma, no sabes a ciencia cierta cómo se van a desarrollar los acontecimientos.

Así que, aunque con ciertas reservas, acepté. Y he de decir que, hasta la fecha, no nos ha ido mal. ¡Si hasta he vuelto a leer en mis desplazamientos diarios en transporte público!

Que ahora paso menos tiempo con mi hija, pues sí, no lo voy a negar. Pero prefiero mirarlo de una forma cualitativa en vez de cuantitativa. En casa necesitamos 2 sueldos para poder llevar la vida de lujo y desenfreno que nos caracteriza (modo ironía on) y con uno solo no nos alcanza para la gasolina del Ferrari. 😉 (modo ironía off)

¿Trabajáis? ¿Por cuenta propia o ajena? ¿Qué ventajas e inconvenientes veis a ambas formas de buscarse la vida?

¿¿Peerdoonaaa?? De mentiras y chantajes

Sé que Alma de mami esbozará una sonrisilla de felicidad cuando vea el título de mi post. Y es que, por si no conocéis la iniciativa  ¿¿Peerdoonaaa??, os diré que fue idea de la mamá de Pichí que, harta de tener que escuchar ciertos comentarios memorables por parte de amigos y conocidos en relación a su forma de crianza, decidió comenzar a desahogarse con su comunidad blogueril. Porque, ¿quién no ha sentido ganas de decir eso de ¿¿Peerdoonaaa?? en determinadas situaciones? Desde luego, es lo menos grosero que se me ocurre, ¿o no? 😉

El caso es que ya estaba tardando yo en contribuir a la causa, con la sarta de tontunas que se escuchan cada día en cuanto te conviertes en madre. Y hoy me lanzo, aunque los sucesos a los que haré referencia se remontan a un par de semanas atrás. Pero es lo que tiene la indignación, que dura y dura, como las pilas Duracell. 😉

Os pongo en situación…

Lugar: mi casa.

Acontecimiento: merienda informal con familiares.

Fecha: no la recuerdo exactamente, pero era Navidad. Lo sé porque nuestro árbol estaba perfectamente colocado.

El suceso aconteció tal y como sigue…

Aprovechando la coyuntura y el tumulto que puede haber en un pequeño salón con siete personas, dos de ellas de dos años de edad, Pegotito se dirige hacia el árbol de Navidad y comienza a intentar quitar varias bolas, mientras me mira por el rabillo del ojo:

– Pegotito, ya sabes que no puedes tocar las bolas del árbol porque, si no, se pone triste.

Y, de repente, una voz acompañada de una cara del tipo “qué-pena-me-da-lo-que-acabas-de-decir-me-pareces-la-peor-madre-del-mundo”, me espeta en riguroso directo y delante de todo el mundo:

– ¿Sabes? No me gusta mentir a mi hija. No me parece bien. ¿Por qué no le explicas que no puede tocar las bolas porque el árbol se puede caer? ¿Qué opinas?

A continuación siguió un silencio sepulcral…

¿¿Perdonaaa? Comentarios sobre crianza

¿¿Peerdoonaaa??

Esto…, ¿qué? ¿Ein? ¿Me hablas a mí? Ay, amiga, con lo bien que nos llevamos, no me toques las narices…

Y pasado ese silencio, que aproveché para recomponerme, esgrimí mis razones:

1. Pegotito es un torbellino, como cualquier otra niña de 2 años. Lo toca todo, desafía los límites y, por eso, pasa completamente de todo lo que le digo. De hecho, si le explico que el árbol puede caerse por tocarle las bolas, seguramente quiera experimentar la situación. Y, sencillamente, no quiero que se le caiga encima. Además, en esta casa nos tomamos muy en serio la inteligencia emocional y los sentimientos van a misa.

2. Sí, la miento, si quieres denominar así a las pequeñas mentirijillas que le suelto de vez en cuando para que su existencia sea un poquito más feliz. ¿O no vino Papá Noel a tu casa a traer juguetes a tu hija? 😉

3. También la chantajeo. ¡Uuuuuuhhh, soy una mala madre! Le digo que si no merienda no vamos a la calle o que si quiere cenar tiene que ayudarnos a poner la mesa. Y no creo que le esté causando un trauma.

4. Y, por supuesto, chillo, grito y hasta me tiro al suelo y pataleo. Porque mi paciencia tiene un límite y las rabietas me superan. Sí, las madres somos humanas. 😉

Después del encontronazo, la relación con mi cuñada (lo confieso), no se ha visto para nada resentida, aunque me suelte estas perlitas. Quizá en algún momento a mí se me haya escapado algo con alguna persona, no lo sé. Pero de lo que sí estoy segura es de que me cuido, y mucho, de expresar mi opinión delante de una madre, a no ser que me la pida. Porque la forma en la que crías a un hijo es personal e intransferible. ¿O no?

Venga, ¿os animáis a contar vuestros ¿¿Peerdoonaaa?? A mí me ha encantado, así que repetiré. 😉

 

 

Lo bueno se hace esperar: ¡cine!

Inside Out (Del revés)

Dos años después hemos vuelto al cine. Y dos años después hemos elegido una peli de dibujos. En efecto, fuimos a ver Inside Out (Del revés), el nuevo éxito de Pixar.

Qué sensación tan rara ir los dos solos en el coche, yo sentada en el asiento del copiloto, sin amenazas de vómitos ni llevando el bolso cargado con la botella del agua, trozos de pan, clínex y toallitas. Extraño fue también estar de nuevo en una sala de cine sin tener a Pegotito al lado. ¡Caray, no recordaba yo lo alto que está el volumen en el cine! ¿Será que me he vuelto una anticuada? No será porque no grito en casa a veces, cuando Pegotito está haciendo alguna de las suyas. O grito para llamarle la atención o tenemos leche contra el suelo, así que prefiero gritar.

¿Que cómo estuvo la peli? Si eres de los pocos que aún no ha tenido la oportunidad de ver Inside Out (Del revés), compra ahora mismo tus entradas. La película es una pasada. ¡Si es que lo hacen muy bien estos de Pixar! Me quito el sombrero con cada una de sus producciones.

Te ganan desde el primer minuto. ¿O no me digáis que no te toca la fibra el gorrito con el que aparece Riley al principio, ese gorrito de rayas azules y rosas que más de uno de vuestros bebés ha llevado en el hospital donde nació? 😉

Inside Out (Del revés) Riley bebé

¡Lo tengo guardado como oro en paño!

Ya estaba yo ahí echando la lagrimilla, recordando el nacimiento de Pegotito. Porque sí, reconozco que lloré en un par de ocasiones, como algunos de los niños que estaban en la sala. Desde luego, lo de Bing Bong no tiene nombre. Y no digo más para no spoilear.

Bing Bong Inside Out

Es una película que te hace reflexionar mucho. Aunque parezca una cinta banal y sin contenido (¡Bah, es de dibujos!), tiene un fondo de lo más interesante. Comprendes por qué la tristeza es a menudo tan necesaria y cómo los recuerdos (esenciales o no) van configurando nuestra personalidad hasta definirnos completamente. También que no todo puede ser de color de rosa (o dorado). Pero, sobre todo, aprendes que una sonrisa que consigues dibujar en la cara de tu hijo vale más que todo el oro del mundo.

¿Y qué me decís del corto antes de la peli? ¡Sí, el de Lava!

Solo os diré que me estoy aprendiendo la canción para cantársela a Pegotito. Ya tengo el estribillo dominado y le encanta.

Por cierto, el vídeo es el mejor que he podido encontrar. Bueno, a decir verdad el mejor es en inglés, donde la letra rima de verdad y juegan con lo de “I Lava you“. Si tenéis un ratito, merece la pena verlo. 😉

¿Que si no eché de menos a Pegotito? Sí, claro. Pero lo pasé bien. Y ella ni os cuento. Cuando llegamos estaba en el parque con sus abuelitos y pasó de nosotros completamente. Ya se sabe: cría cuervos… 😉

¿Habéis visto Inside Out? ¿Qué os pareció?

10 mitos sobre los bebés que siempre nos contaron

Falsos mitos sobre los bebés

No falla: es tener un hijo y que todo el mundo comience a contarte cosas sobre los bebés. Y cuando digo todo el mundo quiero decir todo el mundo. Comenzando por tu madre, obviamente (gracias mamá por ayudarme, aunque no sabes que este blog existe), hasta el charcutero, el frutero o tu vecina del quinto, la que vive en el ático y a la que odias admiras por su simpatía 😉

Cosas que, en muchos de los casos no son más que mitos. Y es que, amigas (y algún amigo que sé que está al otro lado de la pantalla), el mundo materno-infantil tiene su propia mitología.

Así que hoy me he propuesto hacer una recopilación de…

10 mitos sobre los bebés que siempre nos contaron

Se pasan el día durmiendo. ¿Quién no ha escuchado alguna vez la frase “dormir como un bebé“? Pues el que la formuló no tenía ni idea de la perla que estaba lanzando por su boca. Porque eso de que duermen cual marmotas, depende. Depende de cómo te salga el churumbel, mayormente. Porque hay niños que sí, que duermen como benditos en cualquier circunstancia y situación. Pero otros que con sus microsiestas de 15 minutos de día y de noche tienen bastante, para desesperación de sus padres.

Les encanta dormir en la cuna. Esto…, por favor, que levante la mano la madre o el padre que no ha querido cortarse las venas cada vez que su hijo se quedaba dormido en brazos, le tumbaba en su cuna, minicuna, moisés o cochecito y ¡zas! El pequeño abría los ojos como platos como diciendo: “Ni se te ocurra soltarme ahí”. Bauticé el extraño fenómeno como “síndrome de la cuna de pinchos“, y resulta que hay quien lo llama así. ¡Qué cosas!

Lo probé todo. Llegué hasta a acostar a mi hija sobre una camiseta mía que deposité a modo de sábana bajera en su moisés para que reconociera mi olor. Y no había forma. Lo del Dou-Dou tampoco funcionó, por más que durmiera pegado a él para impregnarle mi olor y que ella no se sintiera sola cuando descansaba.

Por no hablar de las rejas de la cuna. ¿Te gustaría a ti dormir rodeado de barrotes, como en una cárcel? Pues a ellos parece que tampoco. 😉

Es mejor no cogerlos mucho porque se acostumbran pronto a los brazos. Yo más bien diría que nacen acostumbrados. 😉 Se han pasado cerca de 40 semanas en la tripa de mamá, durmiendo cuando ella se movía, despertándose por la noche a modo de protesta (¡quiero más movimiento!) cuando se tumbaba y es lógico que quieran estar en brazos.  ¿Por qué no cogerlos si reclaman cariño? Llegará el día en el que no quieran estar cerca de nosotros, así que…, ¡aprovechemos!

No le metas en tu cama o no podrás echarle. El colecho, el gran vilipendiado. 😉 ¿Te imaginas a una persona con 15 años durmiendo pegada a su madre? No, ¿verdad? Entonces, no tengas miedo de dormir con tu bebé si es necesario. En ocasiones es la única forma de que pueda descansar toda la familia. Y, además, no le vais a aplastar, lo que nos lleva al siguiente punto…

Cuidado si dormís con él, no le vayáis a aplastar. Doy fe de que no pasa. Cuando duermes con tu bebé desarrollas un sexto sentido que te impide moverte demasiado para no aplastarle. ¿Y el padre? Dicen que también, pero si tienes alguna duda, siempre podéis recurrir a que duerma a un lado tuyo en lugar de situarle entre ambos, poniendo una barrera de cama o una cuna de colecho para que él tenga su espacio aunque esté pegadito a ti. Porque como ya expliqué en este post, a veces colechar no es lo más cómodo del mundo. 😉

Cómprale un chupete para que duerma mejor. Que no digo yo que no funcione, pero a ver si ahora el chupete va a ser la solución a todos los males. Parece que los niños han usado chupete desde que el mundo es mundo y que es imposible dormir sin él. Nada más lejos de la realidad.

A los niños les encantan los masajes después del baño. Con mi hija resultaba misión imposible, dados los berrinches que se cogía. No lo hubiera conseguido ni el mismísimo Tom Cruise. Y mira que no me faltó intención, que hasta nos apuntamos a un taller de masaje shantala para bebés, pero no pude dárselo entero ningún día. Así que lo dividía en trozos: hoy te masajeo las piernas, mañana los brazos, pasado las orejas. En fin, cada niño es un mundo. 😉

También les encanta el baño. ¡Y les relaja! O les pone como una moto, oiga. Quizá del sofoco que se cogen porque no les gusta nada que les pongas a remojo diariamente. Así que optamos por hacerlo día sí, día no. Al fin y al cabo los bebés que aún no gatean tampoco es que se ensucien mucho. Y cuando lo hacen por motivos escatológicos, se les limpia a conciencia.

Los bebés no sudan. Abrígale bien. ¿No sudan? ¿Seguro? ¡Discrepo! Tenemos la costumbre de pensar que siempre tienen frío. Será por aquello de que no se quejan, pero lo cierto es que sienten las bajas y las altas temperaturas como nosotros.

Si coge gusto al biberón ya no querrá mamar. Siempre he escuchado que un bebé que mama de su madre y al que se le da un biberón rechaza el pecho porque para él el acto de succionar le cuesta mucho más esfuerzo. No digo que no pase, solo apostillo que no siempre. Mi hija es un ejemplo de ello: estuvimos con lactancia mixta durante su primer mes de vida y llegó un día en el que no quiso abrir la boca cuando le introducía la tetina del biberón que le dábamos como suplemento después de mamar: prefería la teta de mamá. 😉

Y hasta aquí mi esfuerzo para echar por tierra estos 10 mitos sobre los bebés. ¿Añadirías alguno más a la lista?