39 de fiebre

Fiebre

No recuerdo cuándo fue la última vez que estuve mala. Digo mala, mala, de verdad, con fiebre alta y sin poder moverme de la cama. Quizá fuera hace años, porque no recordaba esa sensación que te deja la fiebre y no poder ni levantarte para preparar la cena o coger a tu hija en brazos.

Así he estado el pasado fin de semana. No sé si fue gripe o resfriado, porque la doctora que me atendió en urgencias me trató como si tuviera el ébola y apenas me reconoció, no se fuera a contagiar la pobre. Pero el caso es que he pasado unos días en un estado lamentable, batiendo el récord de jornadas sin ducharme (no os lo diré porque voy a quedar mal no, lo siguiente). Pero cualquiera se metía en la bañera, tal y como giraba el techo. 😉

Lo peor: tener a tu hija al lado, mirándote, queriendo jugar contigo y que la cojas en brazos y no ser capaz de mover un músculo. Menos mal que los abuelitos nos echaron una mano y papá se ocupó de todo en casa. Así yo solo tenía que preocuparme de descansar y dar de mamar a Pegotito cuando reclamaba su teta.

Aún no estoy bien del todo, no creáis. La fiebre ya ha desaparecido por completo, pero la tos hace de las suyas de vez en cuando y no puedo separarme de los clínex. Así que hemos vuelto (bueno, en realidad nunca lo dejamos) a las cebollas cortadas y el eucalipto por las noches. ¡Nuestra habitación huele a sofrito! 🙂

Lo bueno de todo esto es que pude hacer una pequeña cura de sueño y que Pegotito y papá no han enfermado, así que son un poquito más fuertes. Always look on the right side of life… 😉

¡Hasta pronto!

Mocos y fiebre para despedir el 2014 :(

Mi pegotito está malita. Hoy a media mañana, cuando se despertó de su siesta matutina, la noté un poco rara. No estaba excesivamente caliente, pero aún así la pusimos el termómetro. Marcó 37,9. Decidimos seguir controlando la temperatura antes de darle paracetamol para no administrarle medicamentos a lo loco. Le bajó a 37,5.

Comió un poco menos de lo habitual, pero no estuvo mal. Lo malo fue que justo antes de dormirla para su siesta, vomitó parte de la comida… ¡Otra vez a lavar nuestro edredón! En ese momento me empezaron a temblar las piernas. ¡Joder, que no sea gastroenteritis! Tuvo una a mediados de septiembre bastante horrible. Le duró una semana, primero con vómitos cada vez que ingería algo, ya fuese leche, agua, sólidos… Y luego con una diarrea de esas súper líquidas que gotean fuera del pañal. Te sentías súper impotente, porque ella quería comer o beber y tenías que dosificarle la cantidad que le dabas para que no lo echara. La dejaba mamar un minuto y tenía que meterle el meñique en la boca para que soltara el pezón… De pena.

Pues eso, que como me acojoné cogimos y nos fuimos al hospital. Fuimos andando para que no vomitara en el coche y de paso se echó una siestecita bajo el sol de la Toscana… 😉 ¡Ojalá lo de la Toscana!

Nos atendieron rápidamente y en principio es un resfriado, una infección de las vías altas, así que mucho lavado nasal (creo que tenemos el récord de cajas de suero compradas desde que nació de toda España), mucha hidratación y paracetamol si tiene más de 38. ¡Ya nos lo sabemos a pies juntillas! El vómito pudo ser causado por las flemas, aunque tenemos que esperar a ver cómo evoluciona.

Cuando llegamos a casa se quedó dormida mamando y se despertó a las 19:30. Tenía 38,1, según el termómetro más fiable de nuestra casa (tenemos 3. Un día escribiré sobre las discrepancias entre uno y otro, son de risa), así que le dimos su paracetamol. La fiebre le bajó al ratito, cenó un montón (hoy hicimos filetes rusos y ensalada. Ella comió tomate en trocitos en vez de la lechuga), con su currusco de pan incluido y su yogur y después estuvo caminando con su correpasillos y jugando. ¡Tenía que aprovechar lo que no había jugado durante el día!

Ahora duerme desde hace una hora más o menos. A ver qué tal pasamos la noche. Supongo que yo la pasaré casi en vela. Me cuesta dormir cuando ella está malita, ¡qué le voy a hacer! Me llevaré una bronca de mi chico y ya está: que si tienes que descansar, que si esto, que si lo otro… En fin, soy madre. 🙂

Espero que vosotros y vosotras descanséis, que mañana hay que despedir el año con mucha energía para atraer las cosas buenas del próximo. ¡Hasta pronto!