Los imprescindibles para la “Operación Pañal”

Elementos imprescindibles para la operación pañal

Soy una persona impulsiva. Me muevo por señales, por intuición, por corazonadas, en la mayoría de los aspectos de mi vida. Si siento que debo hacer algo lo hago y punto.

Así me ocurrió un día del pasado mes de febrero, en el que ante la atónita mirada del papá de Pegotito, le dije: “Ha llegado el momento de quitarle el pañal. Está preparada”.

Y pusimos en marcha el operativo, que pasó por proveernos de 5 cosas imprescindibles:

Paciencia en grandes dosis

Amigas, amigos, si vais a comenzar a retirar el pañal a vuestros hijos o estáis inmersos en plena operación y andáis buscando información por Internet como locos (todos lo hemos hecho, lo confieso), lo primero de todo es que, ante un escape (de aguas menores o mayores) os evadáis y penséis que estáis en medio de una playa del Caribe en la que nada importa. Eso os dará fuerzas para no gritar y esbozar una sonrisa de oreja a oreja cuando sea la quinta vez que cogéis la fregona en un día o contempléis la montaña de ropa sucia que se acumula en el cesto de la lavadora. Para que luego digan que los padres no somos polifacéticos, si sabemos hasta de arte dramático. 😉

Porque, aunque tu cuñada o tu mejor amiga te digan que tienen unos prodigios de hijos que ni se mearon ni se cagaron encima ni una vez (cosa que pongo en duda), lo cierto es que los accidentes ocurren. Porque, a veces, la mejor forma de aprender es conocer cuáles son las consecuencias. 😉

Comprensión

Por norma general el pañal se suele quitar en torno a los 2 años, meses arriba, meses abajo, en función del ritmo de cada pequeñín. Eso significa que un niño ha estado haciendo sus necesidades durante unos 730 días a su libre albedrío: en cualquier postura, situación y lugar. Y ahora, de buenas a primeras, pretendemos que lo haga cuando y donde nosotros queramos. Sí, amigas, con ese pensamiento ya os digo que se masca la tragedia… 😉

Ropa de cambio a mansalva

Es igual la fecha que elijas para librarte del pañal (en mi opinión de madre, no de experta en psicología infantil, debe ser el niño el que decida, bien porque lo pida o porque dé muestras suficientes de independencia y autonomía). Si no quieres estar lavando todos los días, tendrás que hacer acopio de tanta ropa interior y pantalones como quepan en tus cajones (pareado al canto). 😉 Súmale también un par de zapatillas de estar en casa y de zapatos de recambio, porque quizá los necesites.

Orinal o reductor de wc

Compra los 2, porque si solo tienes una cosa, seguro que quiere la otra (tanta prisa en hacernos con un orinal, como os contaba hace tiempo en mi post Los 3 usos (alternativos) de un orinal y al final ha acabado en una bolsa en el trastero). La Ley de Murphy en toda regla. Lo más cómodo, sin duda, el reductor de wc. Así todo lo que sale cae dentro y se va a golpe de cisterna.

Tapones para los oídos

Deberían ir incluidos en las canastillas que nos entrega la matrona o en las que nos encontramos en la habitación de los hospitales al dar a luz. Ni cremas, ni chupetes. Lo mejor, lo más práctico, unos tapones para los oídos. Para no escuchar la sarta de estupideces y comentarios que llegará a tus orejas tras cada decisión que tomas a lo largo de tu maternidad, incluida la operación retirada del pañal, del tipo:

– ¡Pero hombre! ¡Si el pañal se quita en verano!

– ¿Y si se moja la criatura? ¡No la cambiarás en plena calle!

– ¿Se lo habéis quitado de golpe? ¡Qué barbaridad!

¿Qué os parece mi listado de imprescindibles para la operación pañal? ¿Qué más añadiríais?

 

 

 

 

 

Los 3 usos (alternativos) de un orinal

Hace un par de meses Pegotito comenzó a llamar a las cosas por su nombre: al pis pis y a la caca, pues caca. O “tata”, como dice ella. Así que yo, happy de la vida, decidí que debía hacerme con un orinal sí o sí, ya mismo, ese día justamente (parecía que me iba la vida en ello), porque comenzaríamos a intentar la llamada “Operación pañal“.

Orinal. Operación pañal. Diario de una mami

Aquí el orinal que compré, con su tapa y todo.

A día de hoy, la verdad es que poco hemos avanzado, lo confieso. Tuvimos varias intentonas, pero se echaba a llorar cual magdalena cuando la dejaba con el culillo al aire por casa y se hacía pis en el suelo, así que reculé. Total, ya habrá tiempo 😉

Además, lo cierto es que ella no estaba muy por la labor. Sobre todo porque ha descubierto que el orinal tiene otros usos, mucho más divertidos que la función escatológica a la que está reservado.

Esto me recuerda a un programa que echaban por la tele allá por los 90, No te rías que es peor. ¿Os acordáis? ¡Qué mítico! El señor Barragán, Pedro Reyes y Cía amenizaban mi tiempo de comida y sobremesa antes de volver al cole. 🙂

Me viene a la memoria, en concreto, una prueba de dicho programa, en el que los concursantes debían inventarse usos alternativos a ciertos objetos. Por ejemplo, si les daban un palo (¡un paloooooo!), podían decir que servía para rascarte la espalda, o para hacer cosquillas a tu hermano, o para… ¿Para qué sirve un palo realmente? 😉

Así que hoy, en mi propio No te rías que es peor, presento…

¿Usos de un orinal?

De correpasillos

Para Pegotito cualquier cosa susceptible de ser arrastrada es un correpasillos: banquetas, sillas, el típico escalón de Ikea que tienes en el baño o en la cocina para ayudarte a alcanzar lo que está en alto… Y con el orinal no iba a hacer la excepción, claro está.

De moto

Cuánto daño han hecho los creadores de estas motos de niños, con las ruedas grandes, que se ven en todos los parques… Pegotito se lanza rauda y veloz a cualquiera que tenga una para intentar arrebatársela. da igual que el dueño tenga cinco años y le saque tres cabezas, ¡bah! Lo gracioso es que tenemos una en el trastero, heredada de una de sus primas, y que sacamos en contadas ocasiones para que no se tire todo el rato arrastrándola (no le gusta subirse) en el parque y se olvide del resto del mundo.

Y el orinal le vino a huevo. Porque encima tiene agarraderas o, según ella, manillar. Si es que, todo depende del cristal con que se mira. 🙂

Como cuna para los muñecos

¿Que sus bebés y peluches no tienen cuna? No pasa nada, porque ella los mete en el orinal y tan feliz. Los tapa con una toalla o una funda de almohada de las que vienen en los juegos de sábanas para la cuna (nunca sabré con qué fin) y listo. Desde luego, no pienso comprarle una cuna de juguete porque estoy segura de que ni la mirará. Con el orinal y las cajas de zapatos nos apañamos en casa. Asín (admitido por la RAE. No doy crédito, como los bancos) somos nosotros.

De momento esperaremos a iniciar de nuevo la “Operación pañal”. Mientras, seguiremos jugando con el orinal. 🙂

¿Vuestros peques también le descubrieron usos alternativos a la bacinilla?

Harta de la operación pañal, sin haberla comenzado todavía

Operación pañal

En las últimas semanas no hay día que no vaya a casa de mi madre sin que se repita la siguiente conversación de besugos:

– Pronto tendrás que empezar a quitar el pañal a Pegotito, ¿no?

– Esto…, ¿no es a partir de los 2 años?

– Sí, pero ella los cumple pronto.

– Mamá, hasta octubre nada.

– Pero aprovecha ahora que es verano. Así si se hace las cosas encima, que se las hará, no pasa nada porque no hace frío.

– Pero es que me parece que aún es un poco pronto para ella.

– ¡Bah! ¡Si está niña está más que preparada! ¡Con lo lista que es! (amor de agüela lo llaman). Tienes que comprarle ya un orinal e ir poniéndola poco a poco.

Y así cada día, en un bucle infinito. 😉

A ver, que no digo yo que mi niña no sea lista, que será lo lista que son todos a sus casi dos años (¡por Dios! Los niños de ahora son unos espabilaos), pero reitero que quizá me parece un poco pronto. Es cierto que ella ya va diferenciando entre la caca y el pis. Hoy sin ir más lejos se tocaba el pañal cuando hizo caca y decía “ca-ca”, en su propio idioma. Y también que se parte de risa cada vez que entra conmigo en el baño (bye, bye, intimidad) y escucha cómo su mamá hace sus necesidades, momento que aprovecho para explicarle lo que ha ocurrido e intentar ella meter las manos dentro del inodoro (¡Aaaaggg, noooo!) Por no hablar de lo bien que se lo pasa oliendo el culo a sus muñecos y poniendo la cara de “aquí huele mal” que le he enseñado para, acto seguido, coger un clínex y limpiarles. Pero vamos, que no creo que pase nada por esperar un poco. Que no quiero forzar las cosas. ¡Un poco de relax!

Y, además, no sabéis la pereza que me da comenzar con la operación “P”, que significará una cosa: recoger material escatológico sí o sí. ¡Y bastante tengo ya con las migas y demás restos alimenticios! ¡Si parezco el camión de la basura! ¡Ay, soy una mala madre! 😦

Así que ahora mi máxima preocupación es elegir entre comprar un orinal, entre sus múltiples variedades (que si los normales de toda la vida o los retretes en miniatura. Al final me veo con uno de Peppa Pig, en color rosa palo, verás) o los reductores de wc. Al final tendré que hacerme con ambos. Porque al principio es más cómodo para ellos plantar el culo en algún sitio donde lleguen con facilidad. Obvio, ¿no? Imaginad a los pobres teniendo que subir un escalón cuando sientan la llamada de la naturaleza, con las prisas del momento.

Esto es inmimente: la operación pañal se va aproximando. ¡Noooo! 😉

¿Cuándo comenzasteis vosotras con la retirada del pañal? ¿Algún consejo?