Mi experiencia como donante de leche materna

Siempre veía el cartel cuando acudía a las reuniones del grupo de lactancia en el centro de salud. Ya os conté que Pegotito había sido prematura (tardía, pero prematura), y quería ayudar a otros bebés que por uno u otros motivos tenían que pasar unos días en la unidad de neonatos. Pero claro, cuando tienes un bebé de pocos meses te falta tiempo como para andar pensando en extraerte leche, a no ser que necesites hacerlo para él. Y luego cuando te incorporas al trabajo, bastante tienes con extraerte para tu hija. Porque, reconozcámoslo abiertamente: sacarse leche es un rollo.

Pero cuando me quedé en paro y ya no tenía que ordeñarme diariamente sí o sí, mañana tarde y noche para cubrir la demanda láctea de Pegotito, decidí que había llegado el momento de ser la vaquita de otros bebes. Y una mañana de junio me fui al Hospital 12 de octubre.

Allí me recibieron con los brazos abiertos. ¡Bieeen! ¡Otra mamá donante! 🙂 Rellené unos papeles, me explicaron cómo funcionaba el Banco de Leche, cómo hacer la donación (ahora os lo explico), me entregaron todo el material necesario, me hicieron un análisis de sangre y…., me enseñaron la Unidad de Neonatología del hospital. Fue emocionante. No os podéis imaginar (o sí) lo que sentí al entrar en esas salas silenciosas llenas de bebés chiquitines y mamás y papás con lagrimillas en los ojos mientras estaban con sus pequeños. Me vinieron a la mente imágenes de cuando estábamos con Pegoti en una unidad similar pero de otro hospital, donde nos pasábamos el día entero, de sol a sol, con el único pretexto de abrazarla, besarla, alimentarla y susurrarle “te queremos”. Me estoy emocionando mientras lo escribo, no os digo más. ¡No puedo ver ni el teclado! Ains, qué sensible soy, madreeee…

Bueno, y entonces, ¿cómo funciona lo del Banco de Leche?

1. En primer lugar os diré que es un acto voluntario: tú puedes dejar de donar cuando quieras. Nadie te presiona para que sigas.

2. El día que acudes a hacerte donante te dan todo lo que necesitas: botecitos de cristal esterilizados y envasados, pegatinas con tu nombre y número de donante para identificarlos, una nevera portátil con un acumulador de frío, una mascarilla y un gorro para recogerte el pelo (no olvidemos que se trata de bebés prematuros o enfermos y hay que cuidar mucho la higiene) y…, creo que no me dejo nada. Bueno, una chapa chulísima para ir presumiendo por ahí y una mochililla de tela para lo mismo. 😉  ¡Ah! Incluso te dejan un sacaleches si no tienes y no te apañas extrayéndote la leche con tus propias manos (cuando aprendes a hacerlo es la bomba, ¡doy fe!).

3. Así que cuando estás tranquilamente en casa te extraes, coges una pegatina, le pones la fecha, se la pegas al botecito y directo al congelador. No importa la cantidad que consigas sacarte. Si son 100 ml, perfecto. Si son 60 ml, maravilloso. Y si son 20 ml, estupendo también. La leche materna es oro líquido, y para estos bebés es también su medicina.

4. Cuando tienes bastantes botecitos en el congelador, y siempre que no hayan pasado más de 3 semanas desde la fecha de congelación, tienes que acercarte al hospital a llevar la leche. Puedes ir a cualquier hora y cualquier día de la semana. El Banco de Leche tiene un horario, pero si vas fuera de él puedes dejar la leche en la Unidad de Neonatos. Es recomendable que llames el día de antes para que te preparen más botecitos, pegatinas y cualquier otra cosa que necesites. ¡Ah! Si vas en horario del banco puedes avisarles cuando estés en la rampa de entrada del edificio de maternidad y ellos salen a buscar la neverita con los botes. Y si no, te facilitan una tarjeta para el parking. Por eso es mejor llamarles con un poco de antelación.

Si estáis pensando en haceros donantes, os dejo el enlace a la web del Banco de Leche, donde podréis encontrar toda la info.

No, yo de momento he dejado de donar. Ahora ando un poco más escasa de tiempo para mis extracciones. Hace unos días recibí una llamada del banco, un poco sorprendidos porque hacía bastante tiempo que no llevaba leche (¡tenía temporadas de ir cada semana!). Les expliqué que me era un poco complicado continuar con las donaciones, pero que no descartaba volver. Me emocionaron las palabras de Mª Ángeles (es enfermera del Banco de Leche): “No te preocupes, ya sabes que esto es voluntario. Has donado 3 litros y pico y se han beneficiado muchos bebés”. Casi lloro, os lo prometo.

En unos días recibiré un libro del banco titulado “Hermanos de leche“, para que cuando Pegotito sea mayor, sepa que tiene otros hermanos por ahí. ¿No es precioso?

Y ya para terminar, porque esto me está quedando muy largo, me gustaría enviar un saludo a todos los trabajadores del Banco de Leche del Hospital 12 de octubre y a su Unidad de Neonatología. Muchas gracias por la labor que realizáis, por el cariño con el que tratáis a las mamás donantes y por cuidar tan bien, y siempre con una sonrisa, de esos bebés que necesitan todo el cariño del mundo.

La sombra de la duda

Hace unos días llevamos a Pegotito al pediatra. Nada importante: flemas, mocos…, lo de siempre, vaya. Vamos de vez en cuando para controlar que todo está en su sitio, que los mocos continúan en las vías altas. Total, como no tenemos nada que hacer… 😉

Ya estábamos vistiéndola cuando tuvo lugar esta lamentable conversación entre ambos, es decir, él y yo…

– ¿Le das alguna otra leche aparte de la tuya?

– No.

– (Sonrisilla irónica por su parte). Pero hombre, porque le des otra tampoco pasa nada…

Yo ahí me quedé callada, ojiplática, le veía venir…

– ¿No le das cereales?, dice.

– No, no le doy cereales de caja, no le hago papillas de cereales. Ella toma cereales a diario: come pan, arroz, avena…

– ¿Pero come pan o juega con él?

– No, come pan. Y mucho. Se pasa el día comiendo pan.

– Pero es que en niños con bajo peso (¡ya estamos con los dichosos percentiles, leches!), es recomendable un aporte extra de energía.

– Es que no creo que sea necesario darle cereales en papilla si ella ya los toma de forma sólida.

– Hombre, ella tiene mucha fuerza, se ve, pero un aporte extra para que coja más peso no vendría mal.

Y ahí se quedó la conversación.

Yo que estaba más feliz que una perdiz porque en la última revisión de peso (ya sabéis que pesamos a Pegoti cada mes porque fue prematura) había ganado casi 400 gramos, se me bajó toda la euforia de golpe. Porque no es la primera vez que me aconseja darle leche de fórmula o me insiste con los cereales. A ver, no tengo nada con la leche de fórmula. De hecho Pegoti la tomó durante el primer mes de vida, porque no se agarraba bien al pecho. Pero si ella sigue mamando, ¿por qué tengo que darle leche de fórmula? Que alguien me lo explique, que no lo entiendo.

Sobre los cereales, cuando tenía 6 y 7 meses los estuvo tomando cuando iba a la guarde. Le echaban unos cacitos en la leche que yo me extraía y que llevaba a diario. Tomaba los de Holle, ecológicos y sin añadidos (sin azúcar, sin aromas…). Pero cuando me despidieron y volvimos a estar juntas todo el día, pasé de los cereales y aposté más por la lactancia materna. Además, ella ya comía pan y arroz. No veía la necesidad de darle papillas.

¿Qué pasa? ¿Que hay que dar cereales a los niños para engordarlos y comerlos por Navidad? Pegotito es una niña sana, activa, que no para quieta. Es menudita, vale, ¡pero es que nació prematura y ha ido encandenando gastroenteritis, bronquiolitis, resfriados varios, virus de garganta…! Además, según los percentiles elaborados por la OMS, basados en datos de bebés alimentados con leche materna, estaría en el percentil 3, no fuera de percentil, como lo está en las curvas que maneja el pediatra. Me los voy a imprimir y el próximo día se los llevo, porque me tiene frita. 😦

¿Y sabéis qué es lo peor? Que me planteo si lo estoy haciendo bien, cuando sé que sí. Le doy de comer de todo, en puré y sin puré. Le encanta compartir la mesa con nosotros, comer lo que comemos, alimentarse con sus propias manitas y con su tenedor (se le cae todo a la pobre, jeje), se pone morada de pan (si no les das un trozo de pan dice que no come) y de leche materna… Y aún así, las visitas al pediatra me generan sentimientos de culpa, que es el sentimiento más destructivo que existe, y la sombra de la duda se cierne de nuevo sobre mí…

¿Vuestro pediatra también os tiene fritas y fritos por este tema? ¡Unámonos y luchemos contra ellos! 😛