Si es que…, ¡esto es la leche! Blogueras por la Lactancia ;)

Llego tarde, súper tarde. Pero es que el calor me mata  y cada vez ando más desconectada de móviles y demás inventos que no hacen sino reducir las ganas que tengo de comunicarme con el resto del mundo a la mínima expresión.

Pero me uní a un grupo, que me recibió con los brazos abiertos, de mamás blogueras comprometidas con una iniciativa de Acción contra el Hambre para promover la lactancia materna en países donde la desnutrición y la muerte infantil por este motivo están a la orden del día. Así que, Mamá BocaChancla, capitana de #EstoEsLaLeche, aquí dejo mi granito de arena para la causa. Y desde ya mis sinceras disculpas por no dar más de sí. 😉

#EstoEsLaLeche #BloguerasXLaLactancia

Nuestro logo, by Mamá Boca Chancla 😉

Pero, ¿qué es exactamente esto de Blogueras por la Lactancia?

Como os decía, #BloguerasXLaLactancia es una iniciativa de la ONG Acción contra el Hambre que cuenta con el apoyo de Madresfera. Su objetivo es recaudar fondos que sirvan para poner en marcha proyectos destinados al fomento de la lactancia materna en aquellos lugares del mundo en los que las situaciones que viven los más pequeños no son las más idóneas para su desarrollo. En concreto, el dinero que se consiga se destinará a la región africana del Sahel, que para quien no tenga ni idea (entre los ignorantes me encontraba yo hasta hace 5 minutos, momento en el que acudí a la entrada sobre el Sahel en Wikipedia), es la zona constituida, a modo de franja horizontal, entre el Océano Atlántico y el Mar Rojo, en África, que atraviesa países como Senegal, Mauritania, Argelia, Chad y Sudán, entre otros.

#BloguerasXLactancia. Acción contra el Hambre

Porque, como afirma Acción contra el Hambre en su web…

La lactancia materna es, de lejos, la forma más eficaz de lucha contra la desnutrición infantil

¿Quieres sumarte al sarao?

Pues solo te hace falta una cosa… ¡Encontrar a tu equipo! O dejar que ellas te encuentren a ti, como prefieras. 😉

El mío se llama #EstoEslaLeche, y se lo están currando un montón, haciendo sorteos y difundiendo la iniciativa por todos lados. ¡Ah! Y estas son las integrantes (si me he dejado a alguna que me avise y modifico el post echando leches, nunca mejor dicho):

Principesa de Preslav

Madre no hay más que dos

Mamá joven y por qué no

Mami reciente cuenta

My baby manual

Misión: Mama Ninja

Diario de una madre superada

Aniwiki

Ma Petite Puce

Amar es el motor

La cocina de las ideas

Mamá y maestra en tierra de nadie

Mamá en el Siglo XXI

Mamá Cuchufleta

Una última cosa…

Solo quería pediros una última cosa: que nos donéis unos eurillos. No hacen falta grandes cantidades, porque sabemos todas lo achuchada que está la vida. Lo que podáis. Con vuestra ayuda estaremos más cerca de acabar con la desnutrición infantil. Ojalá algún día sea posible.

Para hacer efectivo el donativo a #EstoEsLaLeche solo tenéis que pinchar este enlace.

Gracias… Por donar, por leerme o por difundir este post en tus redes sociales. Sea lo que sea, gracias. 🙂

 

Mamá, no te escondas

En ocasiones me sorprende, y mucho, el comportamiento humano. Casi diariamente vemos en las noticias imágenes de personas fallecidas en atentados o tiroteos y no nos escandalizamos. O emiten una película porno y no nos hacemos cruces diciendo: “¡Oh, Dios mío!”. Bueno, o quizá sí, pero otros motivos, jajajaja…

Sin embargo, hace unos días, leyendo un post de Así piensa una mamá titulado “#mamanoteescondas“, parece que hay cierto tipo de personas (?) a las que ver en la calle o en un lugar público algo tan natural como una madre amamantando a su hijo hace que se les caigan los palos del sombrajo, como se suele decir. Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿Por el hecho de ver una teta, quizá? ¿Acaso no vemos tetas a diario en la misma tele? ¡Ah, claro! Las tetas de la tele son perfectas, estupendas, redonditas y respingonas, la antítesis de las tetas de la calle, las de las mujeres reales.

¿O será porque esos o esas que lanzan miradas reprobatorias a una mujer y su hijo, que disfrutan en ese momento de la lactancia, son robots con apariencia humana, a lo Terminator, y no comen? Sí, os prometo que hay gente que puede tirarse hasta nueve horas sentada en una silla sin probar bocado. Lo sé porque he coincidido con muchas en mi vida laboral. 😉

O, sencillamente, no tienen corazón, no son humanos. Si no, ¿cómo te explicas que una persona pueda mirar con desprecio a un bebé que mama del pecho de su madre? ¿Acaso hay algo más bonito que esa conexión entre madre e hijo, ya sea con una teta de por medio, una mirada, un abrazo, un beso, una sonrisa?

Hoy quiero sumarme a la iniciativa #mamánotescondas, creada y promovida por los blogs Misión: Mamá NinjaUn papá como Darth Vader, #papanoara: papá de seis y La parejita de golpe. Si quieres apoyarla, puedes escribir tu propio post y/o difundir el hashtag en las redes.

Porque cada mujer tiene el derecho de amamantar a su hijo donde le dé la gana, sin que nadie pueda dedicarle ni una mirada, ni una palabra. Mamá, no te escondas.

¿Sabéis qué es lo mejor de escribir este post? Que he repetido tanto la palabra teta que me van a llover las visitas, ¡jajaja!. Aunque creo que mi blog no va a poder satisfacer esas búsquedas 😉

El embarazo… Ese estado maravilloso

El embarazo es, para mí, como el nacimiento de Cristo para fechar los acontecimientos importantes. Ya no digo, por ejemplo, que la última vez que fui al cine fue hace dos años, sino que fue antes de mi embarazo (A.E). O que estos pantalones me los compré el verano pasado, sino que son de después de mi embarazo (D.E).

Hace unos años era de las que no quería tener hijos. Me encantaba entrar y salir cuando me daba la gana, echarme una mochila al hombro y lanzarme a recorrer Europa en tren y pensar en parir me producía terror, dada mi trayectoria de mareos en el dentista o en el centro de salud, cuando acudía a hacerme una analítica. Por no hablar de la lactancia. ¡Con lo que duele eso! ¡Si mi prima tuvo una mastitis y lo pasó fatal! Rotundamente no: no tendría hijos y si los tenía, no dejaría que se alimentaran de mi pecho.

Ahora no puedo imaginar la vida sin mi hija. Cuando decidimos ponernos manos a la obra y concebir a nuestro Pegotito, no era aún consciente de lo maravilloso que iba a ser llevar a un pequeño ser en el vientre, sentir cómo se mueve, ver cómo crece y cómo reacciona a los estímulos que tú provocas: tus caricias, tu voz.

Durante la gestación superé el miedo a las agujas y la sangre y el parto lo aguanté bien, porque en esos momentos haces lo que sea para traer al mundo a tu hija. ¿Lactancia? Sí, por supuesto. A las dos nos encanta. Llevamos ya casi 17 meses, y subiendo.

¿Y por qué toda esta retahíla? Pues porque quiero enseñaros unos vídeos sobre el embarazo. A mí me emocionaron y acabé llorando en el tren, bajo la atenta mirada de mis (desconocidos) acompañantes. 🙂

Espero arrancaros unas lagrimillas y que recordemos que somos especiales porque podemos vivir este maravilloso estado.

¡Buen fin de semana!

P.D. Los vídeos son 3, uno por cada trimestre de embarazo. Están en orden.

La sombra de la duda

Hace unos días llevamos a Pegotito al pediatra. Nada importante: flemas, mocos…, lo de siempre, vaya. Vamos de vez en cuando para controlar que todo está en su sitio, que los mocos continúan en las vías altas. Total, como no tenemos nada que hacer… 😉

Ya estábamos vistiéndola cuando tuvo lugar esta lamentable conversación entre ambos, es decir, él y yo…

– ¿Le das alguna otra leche aparte de la tuya?

– No.

– (Sonrisilla irónica por su parte). Pero hombre, porque le des otra tampoco pasa nada…

Yo ahí me quedé callada, ojiplática, le veía venir…

– ¿No le das cereales?, dice.

– No, no le doy cereales de caja, no le hago papillas de cereales. Ella toma cereales a diario: come pan, arroz, avena…

– ¿Pero come pan o juega con él?

– No, come pan. Y mucho. Se pasa el día comiendo pan.

– Pero es que en niños con bajo peso (¡ya estamos con los dichosos percentiles, leches!), es recomendable un aporte extra de energía.

– Es que no creo que sea necesario darle cereales en papilla si ella ya los toma de forma sólida.

– Hombre, ella tiene mucha fuerza, se ve, pero un aporte extra para que coja más peso no vendría mal.

Y ahí se quedó la conversación.

Yo que estaba más feliz que una perdiz porque en la última revisión de peso (ya sabéis que pesamos a Pegoti cada mes porque fue prematura) había ganado casi 400 gramos, se me bajó toda la euforia de golpe. Porque no es la primera vez que me aconseja darle leche de fórmula o me insiste con los cereales. A ver, no tengo nada con la leche de fórmula. De hecho Pegoti la tomó durante el primer mes de vida, porque no se agarraba bien al pecho. Pero si ella sigue mamando, ¿por qué tengo que darle leche de fórmula? Que alguien me lo explique, que no lo entiendo.

Sobre los cereales, cuando tenía 6 y 7 meses los estuvo tomando cuando iba a la guarde. Le echaban unos cacitos en la leche que yo me extraía y que llevaba a diario. Tomaba los de Holle, ecológicos y sin añadidos (sin azúcar, sin aromas…). Pero cuando me despidieron y volvimos a estar juntas todo el día, pasé de los cereales y aposté más por la lactancia materna. Además, ella ya comía pan y arroz. No veía la necesidad de darle papillas.

¿Qué pasa? ¿Que hay que dar cereales a los niños para engordarlos y comerlos por Navidad? Pegotito es una niña sana, activa, que no para quieta. Es menudita, vale, ¡pero es que nació prematura y ha ido encandenando gastroenteritis, bronquiolitis, resfriados varios, virus de garganta…! Además, según los percentiles elaborados por la OMS, basados en datos de bebés alimentados con leche materna, estaría en el percentil 3, no fuera de percentil, como lo está en las curvas que maneja el pediatra. Me los voy a imprimir y el próximo día se los llevo, porque me tiene frita. 😦

¿Y sabéis qué es lo peor? Que me planteo si lo estoy haciendo bien, cuando sé que sí. Le doy de comer de todo, en puré y sin puré. Le encanta compartir la mesa con nosotros, comer lo que comemos, alimentarse con sus propias manitas y con su tenedor (se le cae todo a la pobre, jeje), se pone morada de pan (si no les das un trozo de pan dice que no come) y de leche materna… Y aún así, las visitas al pediatra me generan sentimientos de culpa, que es el sentimiento más destructivo que existe, y la sombra de la duda se cierne de nuevo sobre mí…

¿Vuestro pediatra también os tiene fritas y fritos por este tema? ¡Unámonos y luchemos contra ellos! 😛

Desinformación sobre la lactancia

Lactancia materna

Fuente de la imagen: https://www.flickr.com/photos/sanutri/4276551958/. Sin modificaciones

Ayer en mi clase de pilates asistí a una muestra de la desinformación que impera en lo referente la lactancia. Me sentí sola, impotente de no poder decirle a mis compañeras que estaban equivocadas. Pero no es fácil hacer ver a mujeres y madres todas ellas que quizá las cosas no son como se las contaron hace tiempo.

No sé muy bien como surgió el tema, ya que además de ejercicios y risas, también charlamos, si te quedan fuerzas entre estiramiento y estiramiento. 😉 El caso es que la profe comentó que en algunas clínicas y hospitales privados analizan la leche de las mamás recién paridas (digo yo que se referirá al calostro, porque la leche como tal no se empieza a producir hasta unos días después) para determinar si es buena o mala. Ahí yo me debí poner azul, me lo noté. 😉

Después hubo quien afirmó que “si tu leche es mala lo sabes enseguida, porque el bebé no para de llorar”. O también que “es mala si tienes que volver a darle de mamar una hora después, ya que no es normal”.

No me sorprendió escuchar estos comentarios de mujeres de mediana edad (50-60 años), ya que se los he escuchado a mi madre multitud de veces, hasta que me enfadé muchísimo con ella por su falta de apoyo (ya se me pasó y ahora disfrutamos mucho las dos jugando con Pegotito). Hace 20, 30 años, se sabía muy poco de lactancia, y mi madre y estas mujeres alimentaron a sus hijos lo mejor que sabían, según lo que les recomendaron en el hospital: 10 minutos en cada teta cada 3 horas. ¡Normal que los bebés se quedaran con hambre! Si eras espabilado, te ventilabas la leche de un pecho en 10 minutos, pero como te deleitaras con el calorcito y el olor de mamá y se te pasara el tiempo… ¡Ah, se siente! No podrás comer nada hasta dentro de 3 horas. 😦

Lo que realmente me sorprendió fue que algunos de estos comentarios venían de una chica joven, más que yo, con un bebé de poco más de un año. Cuesta creer que hoy en día, con toda la información de la que disponemos (Internet, libros…), con los grupos de lactancia a los que puedes acudir y que te proporcionan un apoyo fundamental (así fue en nuestro caso), se puedan seguir transmitiendo de generación en generación estas opiniones tan poco fundamentadas. Porque esta madre inculcará a su hija (creo que tiene un hijo, pero bueno, da igual) o a las hijas de sus hermanas o primas, que la lactancia es cuestión de suerte: puede que tu leche sea buena, pero también que tengas muy mala leche.

Pegotito y yo tuvimos la suerte de contar con la ayuda de mi matrona y del grupo de lactancia que ella coordina. La verdad es que no sé qué hubiéramos hecho sin ella y sin el resto de mamis con las que nos reuníamos cada jueves. Allí tiramos al suelo cientos de mitos sobre la lactancia y hablamos sin tapujos de porteo, colecho, BLW

La decisión de dar el pecho o no debería ser personal, y en muchos casos no lo es. Así que si por casualidad llegas a este blog, a esta entrada, decide lo que quieres escuchar, haz oídos sordos a lo demás y confía en ti misma. 😉