¡Al rico helado!

Twister Choc

Aún recuerdo su insuperable sabor, mezcla de delicioso chocolate, vainilla y nata.

Me considero una fan de los helados. Me encantan. Tanto es así que uno de los sabores de mi infancia que recuerdo más vivamente es el de un conocido helado de Frigo llamado Twister Choc y que desapareció un buen día del mercado. ¿Por qué cometerían esa aberración mercantilista y prefirieron dejar a su hermano gemelo, el polo de hielo de sabor lima-sandía-melón-limón o como quiera Dios que supiera eso? Misterios de la vida…

Claro que, por aquel entonces, yo no leía las etiquetas, ni falta que hacía. Lo mismo me zampaba un Mua Mua, que un Frigopie, un Patapalo, un Drácula o una Pantera Rosa (delicioso, por cierto. Era un sabor a fresa especial lo que echaban ahí). Así que me comía alegremente un montón de grasa de palma, colorantes, aromas y un largo etcétera.

Pegotito ha debido heredar mi paladar heladero, viendo cómo se lanza diciendo “lado” hacia una heladería que tenemos cerca de casa, cuando pasamos por allí. Y cualquiera le dice que no. Así que me toca comprarme un cucurucho de chocolate y darle. Sacrificios de madre. 😉

Pero claro, ahora ya no me conformo con cualquier cosa, ni para ella ni para mí. Como soy consciente de todos los añadidos que llevan los helados y no quiero que ella los coma, este verano he decidido:

 ¡Comprar una heladera!

Llevaba ya un tiempo con la mosca detrás de la oreja. ¿Qué hago? ¿La compro, no la compro, la compro, no la compro?, como si estuviera deshojando una margarita. Y al final un día, sin comerlo ni beberlo, entramos a una tienda de electrodomésticos del barrio a mirar oras cosas y pedí que me enseñaran la única que tenían allí, marca Tristar. Tras interrogar al pobre tendero sobre las heladeras sin compresor (para que os hagáis una idea: las baratas, pequeñas y livianas) e incluso meter la cubeta en el congelador de un frigorífico para ver si cabría en el mío, dije: “¡Me la quedo!”

¿Que si estoy contenta con el resultado? Sí. Obviamente mi heladera no va a elaborar un helado como el de la heladería, básicamente porque me costó menos de 30€, pero a mí me sirve. Y a Pegotito ni os cuento.

De momento solo me he lanzado con el de yogur y chocolate, aunque tengo por delante un largo otoño e invierno para practicar y deleitarme con un montón de recetas que he encontrado por el Interné.

Heladera. Diario de una mami

La heladera en pleno funcionamiento

Helado casero de yogur y chocolate. Diario de una mami

¡Delicioso helado de yogur y chocolate listo para comer!

Mi consejo para las que decidan iniciarse en el arte heladero: después de obtener el helado, recomiendo que lo echéis en algún recipiente y lo metáis una hora o dos en el congelador. Así quedará un poco más duro. Aunque, como en todo, depende de los gustos. 😉

P.D. Este no es un post patrocinado. Tristar no me ha pagado un duro por hablar de su heladera aunque, oye, ¡no me vendría nada mal! Ahí les dejo la indirecta directa por si encuentran este post. 😉

¿Os gustan los helados? ¿Cuál es vuestro preferido?