Diferencias entre el primer y el segundo embarazo

Cada persona es un mundo, ya se sabe. Y cada embarazo de cada mujer lo es mucho más. Porque no es lo mismo estar embarazada y disponer de todo tu tiempo libre para seguir a pies juntillas las recomendaciones médicas en cuanto a la gestación (caminar, descansar, comer legumbre y pescado 5 veces al día, modo ironía activado…) que tener que atender a una personita de 3 años con una barriga de 27 semanas y aún así, que las cosas, milagrosamente, marchen bien. 😉

Así pues, nuestro pequeño garbancito está pasando por su vida intrauterina sin pena ni gloria, para ser sincera. Las semanas y los meses van transcurriendo y no me queda tiempo para preocuparme ni para buscar en Internet si es normal ese quemazón que noto debajo de las costillas. Acudo a las citas médicas con puntualidad y punto pelota.

Lo de andar, que tan rigurosamente cumplía cuando llevaba a Pegotito en mi interior, confieso no llevarlo tan a rajatabla en este segundo embarazo. No hay tiempo entre semana, ni muchas ganas después del trabajo, para salir a dar paseos. ¿Cómo, si no, podemos cumplir nuestros horarios y tener la cena preparada a la 8 p.m. para que nuestra peque pueda irse a dormir a las 9 p.m.? No me salen las cuentas 😉 Así que camino cuando puedo, qué le vamos a hacer. Menos mal que soy una abanderada del transporte público y lo utilizo en mis desplazamientos diarios al trabajo. Así que, menos da una piedra.

Descansa, túmbate cuando lo necesites, escucha a tu cuerpo”, me recomendó la matrona en mi última visita. Me encantaría, claro que sí, pero en cuanto pego el culo al sofá me reclaman una partida al dominó o la lectura de un cuento. Y…, ¿cómo resistirse a esos ojillos que te piden que juegues? ¡No puedo negarme!

Luego están las tareas domésticas. Que sí, que vale, que no me voy a poner a limpiar el horno (aunque debería) ni a subirme a la escalera para hacer el cambio de armario (porque no me lo permiten, que si no…). Pero no puedo dejar que mi santo esposo se encargue de todo. Porque ya se ocupa de muchas cosas y tampoco es plan de que se sature.

¿Y qué me decís de la crema hidratante? Solo recurro a ella cuando me pica la piel a rabiar y tengo que calmarla. Ala, así os lo suelto. Soy carne de cañón de estrías. O no, quién sabe. 😉 Pero después de ducharme, con Pegotito, por aquello de ahorrar tiempo, tengo que preparar la cena. Y luego, cuando se acuesta, es mi momento para, por fin, sentarme en el sofá y disfrutar de mi momento de series. ¿Quién se acuerda de la crema entonces? 😉

Por no hablar de las clases de preparación al parto, que en esta ocasión ni las voy a pisar. 😦 Y no porque no me parezcan interesantes, sino porque no se ajustan demasiado bien a nuestros horarios, así que tendré que recurrir a mi memoria y a mi libreta para saber qué meto en la bolsa del hospital o cómo respirar cuando llegue el momento “P”, de parto. 😉

Y doy gracias al cielo de que, hasta el momento, las cosas van bien. Porque, hasta ahora, no planea sobre mí la amenaza del reposo, y rezo para que así sea. Claro que, el tiempo va pasando y el cansancio comienza a hacer mella en mí.

En fin,  crucemos los dedos y confiemos en que todo irá bien. 🙂

¿Cómo llevasteis vuestros embarazos? ¿Alguna diferencia?

 

Una embarazada en el Parque de Atracciones

Aquel día solo tenía un objetivo en mente: volver a la adolescencia y pasárselo de miedo en el Parque de Atracciones. Así que, cuando llegó al lugar de la quedada general y entraron al recinto, una emoción recorrió cada centímetro de su cuerpo, notando cómo las culebrillas se arremolinaban en su estómago, esperando a expandirse en el preciso instante en el que hicieran cola para subir en la primera montaña rusa.

Nada le hacía sospechar de ese pantalón que, misteriosamente, parecía haber encogido. O de esa sensación extraña que experimentaba desde hacía días. De estarlo, pensó, aún sería demasiado temprano para hacerse el test, pues no había pasado suficiente tiempo desde la fecha de la última regla. Aunque, pensándolo bien, no recordaba qué día del mes anterior había marcado con un círculo rojo en el calendario, por aquello de llevar los cálculos.

Así que había ido a divertirse, y así lo hizo. 😉 Disfrutó como una quinceañera subiendo en las atracciones, desgañitándose como si no hubiera un mañana y riéndose a carcajadas mientras comentaba la experiencia con sus amigas.

Unos días después, cuando miró de reojo su pequeño calendario, en el que apuntaba las fechas de sus menstruaciones, echó cálculos y decidió hacerse un test de embarazo.

Dio positivo. Tenía un pequeño embrión en su interior que, afortunadamente, había sobrevivido a Tarántula (¿¿cómo se me ocurrió montar ahí??). Eso significaba que Pegotito, si todo iba bien, se convertiría en hermana mayor. Y que ella repetiría la experiencia de ser madre.

Hoy, unas 19 semanas después de aquel test, se siente estupendamente y luce su tripa de embarazada con orgullo y emoción. Porque en unos meses serán uno más en su pequeña gran familia.

Firmado: la prota de esta historia. 😉

Embarazo

No es mi barriga, pero por ahí debe de andar 😉

 

El embarazo… Ese estado maravilloso

El embarazo es, para mí, como el nacimiento de Cristo para fechar los acontecimientos importantes. Ya no digo, por ejemplo, que la última vez que fui al cine fue hace dos años, sino que fue antes de mi embarazo (A.E). O que estos pantalones me los compré el verano pasado, sino que son de después de mi embarazo (D.E).

Hace unos años era de las que no quería tener hijos. Me encantaba entrar y salir cuando me daba la gana, echarme una mochila al hombro y lanzarme a recorrer Europa en tren y pensar en parir me producía terror, dada mi trayectoria de mareos en el dentista o en el centro de salud, cuando acudía a hacerme una analítica. Por no hablar de la lactancia. ¡Con lo que duele eso! ¡Si mi prima tuvo una mastitis y lo pasó fatal! Rotundamente no: no tendría hijos y si los tenía, no dejaría que se alimentaran de mi pecho.

Ahora no puedo imaginar la vida sin mi hija. Cuando decidimos ponernos manos a la obra y concebir a nuestro Pegotito, no era aún consciente de lo maravilloso que iba a ser llevar a un pequeño ser en el vientre, sentir cómo se mueve, ver cómo crece y cómo reacciona a los estímulos que tú provocas: tus caricias, tu voz.

Durante la gestación superé el miedo a las agujas y la sangre y el parto lo aguanté bien, porque en esos momentos haces lo que sea para traer al mundo a tu hija. ¿Lactancia? Sí, por supuesto. A las dos nos encanta. Llevamos ya casi 17 meses, y subiendo.

¿Y por qué toda esta retahíla? Pues porque quiero enseñaros unos vídeos sobre el embarazo. A mí me emocionaron y acabé llorando en el tren, bajo la atenta mirada de mis (desconocidos) acompañantes. 🙂

Espero arrancaros unas lagrimillas y que recordemos que somos especiales porque podemos vivir este maravilloso estado.

¡Buen fin de semana!

P.D. Los vídeos son 3, uno por cada trimestre de embarazo. Están en orden.