Larga vida al rock

En nuestros viajes en coche no nos acompañan Los Cantajuegos. Sencillamente porque al papá de Pegotito no le gustan. Dice que son unos tristes (espero que nunca lean esto o me pondrán en su lista negra). Así que en nuestros desplazamientos conectamos el mp3 a la radio (aún no nos hemos modernizado automovilísticamemente hablando, y esperamos no tener que hacerlo hasta dentro de un tiempo) y nos movemos al ritmo de Queen, U2, ACDC, Metallica, REM, Aerosmith y Extremoduro. Claro que, como la banda sonora de nuestra vida y nuestra hija es cosa de dos, intercalamos también canciones de Sabina, Revólver, Hombres G y Mecano. Hasta, alguna vez, suena el Nessun Dorma de Pavarotti, un placer al que no podemos renunciar.

Y a Pegotito le gusta, claro que sí. Los peques se acostumbran a todo, y más cuando es lo que han mamado desde la cuna. Quién sabe si no estaremos criando a una futura Joaquina Luqui… 😉

Así que el pasado Carnaval no tuvimos que pensar mucho cuando unas semanas antes nos anunciaron en la guardería que el viernes 5 de febrero iban a hacer una fiesta. Y como queríamos hacer un disfraz casero y lowcost a Pegotito, me bastó abrir el cajón de las camisetas y encontrarme una negra de ACDC, talla 2 años, que nos habían regalado unos muy buenos amigos y que estaba sin estrenar (no me gusta vestirla de negro). ¡La disfrazaríamos de rockera! ¡Yeah!

Claro que, una rockera necesita una guitarra, y Pegotito la tuvo. ¡Y qué guitarra, oigan! Made in house, hecha con cartón, cartulina e hilo, ideada por su mamá y ejecutada por su papá. No me digáis que no mola…

Guitarra de cartón para disfraz de Carnaval. Diario de una mami

La guitarra de Pegotito. Acabó un poco perjudicada, pero aún perdura, como los buenos temas. 😉

Completó el look unas mallas azul oscuro casi negro y unas cintas de lazo negro alrededor de las muñecas.

Intentamos enseñarle a hacer el saludo heavy, el de los cuernos, pero no hubo suerte. Seguiremos intentándolo. 😉

¿Cuál es la banda sonora de vuestra casa? 🙂

¿¿Peerdoonaaa?? De mentiras y chantajes

Sé que Alma de mami esbozará una sonrisilla de felicidad cuando vea el título de mi post. Y es que, por si no conocéis la iniciativa  ¿¿Peerdoonaaa??, os diré que fue idea de la mamá de Pichí que, harta de tener que escuchar ciertos comentarios memorables por parte de amigos y conocidos en relación a su forma de crianza, decidió comenzar a desahogarse con su comunidad blogueril. Porque, ¿quién no ha sentido ganas de decir eso de ¿¿Peerdoonaaa?? en determinadas situaciones? Desde luego, es lo menos grosero que se me ocurre, ¿o no? 😉

El caso es que ya estaba tardando yo en contribuir a la causa, con la sarta de tontunas que se escuchan cada día en cuanto te conviertes en madre. Y hoy me lanzo, aunque los sucesos a los que haré referencia se remontan a un par de semanas atrás. Pero es lo que tiene la indignación, que dura y dura, como las pilas Duracell. 😉

Os pongo en situación…

Lugar: mi casa.

Acontecimiento: merienda informal con familiares.

Fecha: no la recuerdo exactamente, pero era Navidad. Lo sé porque nuestro árbol estaba perfectamente colocado.

El suceso aconteció tal y como sigue…

Aprovechando la coyuntura y el tumulto que puede haber en un pequeño salón con siete personas, dos de ellas de dos años de edad, Pegotito se dirige hacia el árbol de Navidad y comienza a intentar quitar varias bolas, mientras me mira por el rabillo del ojo:

– Pegotito, ya sabes que no puedes tocar las bolas del árbol porque, si no, se pone triste.

Y, de repente, una voz acompañada de una cara del tipo “qué-pena-me-da-lo-que-acabas-de-decir-me-pareces-la-peor-madre-del-mundo”, me espeta en riguroso directo y delante de todo el mundo:

– ¿Sabes? No me gusta mentir a mi hija. No me parece bien. ¿Por qué no le explicas que no puede tocar las bolas porque el árbol se puede caer? ¿Qué opinas?

A continuación siguió un silencio sepulcral…

¿¿Perdonaaa? Comentarios sobre crianza

¿¿Peerdoonaaa??

Esto…, ¿qué? ¿Ein? ¿Me hablas a mí? Ay, amiga, con lo bien que nos llevamos, no me toques las narices…

Y pasado ese silencio, que aproveché para recomponerme, esgrimí mis razones:

1. Pegotito es un torbellino, como cualquier otra niña de 2 años. Lo toca todo, desafía los límites y, por eso, pasa completamente de todo lo que le digo. De hecho, si le explico que el árbol puede caerse por tocarle las bolas, seguramente quiera experimentar la situación. Y, sencillamente, no quiero que se le caiga encima. Además, en esta casa nos tomamos muy en serio la inteligencia emocional y los sentimientos van a misa.

2. Sí, la miento, si quieres denominar así a las pequeñas mentirijillas que le suelto de vez en cuando para que su existencia sea un poquito más feliz. ¿O no vino Papá Noel a tu casa a traer juguetes a tu hija? 😉

3. También la chantajeo. ¡Uuuuuuhhh, soy una mala madre! Le digo que si no merienda no vamos a la calle o que si quiere cenar tiene que ayudarnos a poner la mesa. Y no creo que le esté causando un trauma.

4. Y, por supuesto, chillo, grito y hasta me tiro al suelo y pataleo. Porque mi paciencia tiene un límite y las rabietas me superan. Sí, las madres somos humanas. 😉

Después del encontronazo, la relación con mi cuñada (lo confieso), no se ha visto para nada resentida, aunque me suelte estas perlitas. Quizá en algún momento a mí se me haya escapado algo con alguna persona, no lo sé. Pero de lo que sí estoy segura es de que me cuido, y mucho, de expresar mi opinión delante de una madre, a no ser que me la pida. Porque la forma en la que crías a un hijo es personal e intransferible. ¿O no?

Venga, ¿os animáis a contar vuestros ¿¿Peerdoonaaa?? A mí me ha encantado, así que repetiré. 😉

 

 

Decisiones difíciles

Cuando te conviertes en madre tienes que tomar muchas decisiones que van a influir, y mucho, en la vida de tu pequeño.

Para mí, una de las que me genera más ansiedad, preocupación y tristeza es la relacionada con mi futuro laboral.

Ya os he contado que me quedé sin trabajo cuando mi Pegotito tenía 7 meses más o menos, de buenas a primeras, después de haber dado a mi antigua empresa todo lo mejor de mí. Pero bueno, es lo que tiene que tu jefe pegue el pelotazo y la venda a otra compañía extranjera. 😉 Reconozco que, aunque tenía cosas muy mejorables (en todos sitios cuecen habas), se había convertido en un trabajo que sabía hacer muy bien y, lo más importante, disfrutaba de jornada reducida, de 9 a 15, lo que me permitía estar con mi hija toooda la tarde.

En las últimas semanas, quizá meses, reina en mí el desánimo. He comenzado a buscar trabajo, pero en mi sector lo de la media jornada no se estila. La mayoría de las ofertas te exigen presencia en la oficina hasta las 18 o 19.

Al final creo que el sistema nos obliga a elegir: desarrollarte y crecer en un trabajo que te gusta o, por el contrario, ser madre, cuidar de tus hijos, que, para mí, es el trabajo más bonito del mundo. No nos dan opción de poder hacer las 2 cosas a la vez. Me refiero a hacerlas bien, al 100%. ¿Conciliación? ¿Conci-qué? Por favor, si hay alguna mujer a la que permitan conciliar en condiciones, admiro su suerte por tener un trabajo con un horario adecuado para pasar tiempo con sus hijos, que pueda quedarse en casa cuando están malitos, que no sea relegada a un segundo plano por ser madre, que no tenga que llegar sudando y sofocada porque le ponen mala cara si se retrasa 5 minutos…

Tengo una licenciatura, un título de postgrado, cursos varios, hablo inglés y cuento con bastante experiencia laboral. No es que mi currículum sea brillante, ni mucho menos, pero tampoco está tan mal. Y, sin embargo, comienzo a plantearme si no será mejor que busque trabajos muy poco cualificados, de solo unas horas al día, en los que no tengas que llevarte documentos a casa y me permitan cuidar de mi Pegotito cuando más lo necesita, que son sus primeros años de vida.

Hoy la he dejado en la guardería con lágrimas en los ojos y he seguido llorando cuando me he subido en el tren. Mi Pegotito tiene tos, mucha, que no le deja dormir bien por las noches. Ahora puedo permitirme quedarme en casa alguno de estos días, aunque no muchos, porque el curso me exige bastante asistencia. Pero…, ¿y luego? Ella tiene el derecho de que su mamá la cuide cuando no se sienta bien,  como lo hacía mi madre, y quizá también las vuestras.

Quizá algún día la sociedad se dé cuenta de que, sin mujeres que se queden embarazadas, el mundo se va el garete. No creo que yo pueda contemplarlo, pero ojalá mi Pegoti, cuando sea madre, pueda cuidar de su hija los días en los que la necesite.

Porque, en primer lugar, somos madres y padres ;)

Esta semana tengo el blog un poco abandonado. Me había propuesto escribir al menos tres veces en semana, pero he estado liada con un proyecto para el curso que estoy haciendo y el tiempo libre que he tenido lo he dedicado a esto. Hoy lo tengo ya un poco avanzado y puedo retomar mi actividad bloguera. ¡Bien!

Como he comentado, estoy metida en esto de las redes sociales, el marketing y la publi y os quiero enseñar un vídeo de una marca de alimentación infantil, Similac. En él se muestran algunos de los estereotipos que conviven en el mundo maternal y paternal (según el vídeo, no hay matices. O blanco o negro) que no dudan en aunar sus fuerzas para salvar a un carrito con bebé dentro que se precipita por una cuesta.

Porque, a pesar de nuestras convicciones, no debemos olvidar que, en primer lugar, somos madres y padres, y que cada uno hace lo que cree que es mejor para sus hijos, en función de sus circunstancias y sus posibilidades.

¡Espero que os guste! 😉

¡Desde luego el bebetín que iba en el carro se lo ha debido de pasar teta! 🙂