Ventajas y desventajas de trabajar por cuenta propia y por cuenta ajena

Trabajar por cuenta propia. Ser autónomo

Esto no es mi escritorio, lo confieso. No tengo un Mac, ni tampoco una libreta tan estupenda como la de la imagen. Yo soy más de cuadernos y papeles por doquier. 😉

Desde que en junio de 2014 me echaran a la calle en mi último trabajo por cuenta ajena, ha llovido mucho. Tanto que, Pegotito, por aquel entonces un bebé de 8 meses recién cumplidos, ahora es una chica mayor de 27 (para los no padres: 2 años y 3 meses), charlatana, pizpireta y que da grandes muestras de autonomía a la hora de comer, pelar las mandarinas, ponerse el abrigo y el gorro para salir o llevar su mochila por la calle. De hecho, la frase “¡Yo sola!”, parece ser su preferida, a tenor de las veces que la usa a lo largo del día.

Tanto ha llovido, que me ha dado tiempo de experimentar en mis propias carnes aquello que llaman trabajar por cuenta propia. O, en cristiano, ser autónoma. ¡Y encima haciéndolo desde casa! 😉

Una condición laboral con muchas ventajas en cuanto a la conciliación (poder cuidar de tus churumbeles y de tu familia sin que nadie pueda reprocharte nada), pero también con múltiples inconvenientes. Porque la perfección no existe, al menos para la gente normal y corriente, el ciudadano de a pie, los pringados, los curritos, los pobres. Con un Euromillón, las cosas rozarían más la perfección. 😉

Ventajas y desventajas de trabajar por cuenta propia

Para mí, sin duda alguna, la principal ventaja de ser autónoma es el poder gestionar tu tiempo de trabajo como quieras, compaginándolo con el cuidado de tus hijos y seres queridos. Que tu hijo está malito, te quedas junto a él en la cama o en el sofá y aprovechas para trabajar cuando se echa la siesta o se queda dormido por las noches. Que quiere ir al parque, ídem. Pero claro, esto de ser autónoma implica 3 cosas:

  • Trabajarás cuando el resto del mundo descansa: sobre todo si desempeñas una labor que no exige un horario fijo, como era mi caso: noches y fines de semana. Y claro, a veces, deberás renunciar a hacer ciertas cosas en familia. E incluso a dormir, uno de los mayores placeres de la vida cuando te conviertes en madre.
  • El ordenador será tu nuevo mejor amigo. Tanto, que irá contigo en la maleta allá donde vayas y rezarás para que no se rompa y para encontrar una red wifi en todo hotel, casa rural o apartamento en el que te alojes.
  • Lucharás como gato panza arriba contra todo virus que ose entrar en tu casa. Porque, si no, eso implicará quedarte tirada en el sofá sudando la gota gorda. Y tus clientes se hartarán y se irán a buscar a otro freelance que cumpla con sus plazos. ¡Y cualquiera pierde uno!

Y ya puestos a criticar el sistema, luego está la cuota que tienes que pagar mensualmente a la Seguridad Social: 50€  durante los 6 primeros meses si puedes acogerte a la reducción o tarifa plana para trabajadores autónomos o 200 y pico € que te calzarán mensualmente en caso contrario. Una traba tras otra, desde luego. Porque claro, tendrás que contar con una gestoría de confianza para que te eche una mano con impuestos y declaraciones trimestrales del IVA, o echarle horas y horas para enterarte bien de cómo funciona el sistema y que Hacienda no te cruja. Vamos, que pierdes pasta a raudales. Las ovejas que entran por las que salen, como se suele decir.

Pero bueno, no todo iban a ser problemas, claro está. Piensa que, de esta forma, te ahorras la guardería y puedes tener a tu hijo en el trabajo, rollo Bescansa, que no es otro que tu propia casa. Eso suena bien, ¿no? Conciliación 100% real.

Ventajas y desventajas de trabajar por cuenta ajena

Valorando voy, valorando vengo, cuando me ofrecieron una oportunidad muy interesante hace unas semanas, que implicaba firmar un contrato por cuenta ajena, pensé, y mucho, cómo cambiaría mi vida a partir de entonces.

Iba a pasar a tener un horario fijo (y bastante flexible, para lo que se estila en este país) que implicaría, eso sí, tener que llevar a mi hija a la guardería y delegar en otras personas su cuidado (abuelos incluidos). Pero las tardes y los fines de semana serían enteros para ella. 🙂

Tendría libertad de movimientos para desplazarme con mi pequeña familia a lugares recónditos de las montañas sin preocuparme del wifi o de la wifa (se nota que soy madre, ¿no?). Ya sabéis que me quedé enamorada de la zona de Las Médulas, en León, tal y como os conté en mi serie de posts Visitando Las Médulas, y que quiero volver a encontrar la paz que necesito y que me brindó la antigua mina de oro romana.

Y un sueldo fijo a final de mes, no vayamos a negar lo evidente. Porque aquí todo quisqui trabaja por dinero, dejando a un lado llamadas divinas o vocaciones. Y, siendo autónoma, no sabes a ciencia cierta cómo se van a desarrollar los acontecimientos.

Así que, aunque con ciertas reservas, acepté. Y he de decir que, hasta la fecha, no nos ha ido mal. ¡Si hasta he vuelto a leer en mis desplazamientos diarios en transporte público!

Que ahora paso menos tiempo con mi hija, pues sí, no lo voy a negar. Pero prefiero mirarlo de una forma cualitativa en vez de cuantitativa. En casa necesitamos 2 sueldos para poder llevar la vida de lujo y desenfreno que nos caracteriza (modo ironía on) y con uno solo no nos alcanza para la gasolina del Ferrari. 😉 (modo ironía off)

¿Trabajáis? ¿Por cuenta propia o ajena? ¿Qué ventajas e inconvenientes veis a ambas formas de buscarse la vida?

Nuevo año, nueva vida

 

Feliz 2016

Me encanta la Nochevieja. Me emociono cuando se terminan las 12 campanadas y me encuentro sonriendo con 9 uvas en la boca (solo consigo comerme 3 al compás del reloj de la Puerta del Sol. Si dijera lo contrario, mentiría), rodeada de mi familia, que me abrazan, descorchan las botellas y gritan al unísono aquello de…

¡Feliz Año!

Porque es el momento en el que a todos se nos pasan por la cabeza pensamientos sobre lo que queremos que nos depare el próximo año.

Esta vez despido el 2015 con mucha incertidumbre, pero también llena de ganas por afrontar un nuevo reto profesional que se ha puesto en mi camino. Diario de una mami pasará a ser de nuevo una mamá trabajadora, por cuenta ajena (de las ventajas y desventajas de ser autónoma puedo dar fe también). En unos días comenzaré un nuevo proyecto que, más bien que mal, me permitirá en parte conciliar para cuidar de lo que más quiero en este mundo: mi hija.

Sé que a todos nos costará. Habremos de esforzarnos los 3 al máximo para poder vivir un poquito mejor. Sin grandes lujos, nunca los tuvimos.

Pero espero que podamos conseguirlo. Y, sobre todo, continuar disfrutando juntos de esos momentos que nos dan la vida.

Desde mi humilde blog, quiero desearos un Feliz 2016 lleno de risas, de lágrimas que salgan de carcajadas, de besos y caricias que procedan de unas manos pequeñas y suaves, de momentos de parque, de cuentos antes de acostarse, de ojos abiertos ante una sorpresa inesperada, de reencuentros con personas importantes… Y, en definitiva, de buenos momentos con lo que soportar los malos tiempos.

Espero que paséis una noche emocionante y que os acordéis de pelar y de quitar los pipos a las uvas. Porque, si no, ¿quién puede comerse las 12 uvas siguiendo el ritmo? ¡Que alguien ralentice ese reloj! 😉

Conciliación, ese cuento chino que nos creímos.

Concilia13F. Diario de una mami

Porque los niños son el futuro de este país.

Porque no es justo que te obliguen a elegir entre tu hijo o tu carrera profesional.

Porque no quiero responder a ciertas preguntas en una entrevista de trabajo.

Porque quedarse embarazada no debería ser un motivo de despido o de malas miradas en la oficina.

Porque no deberíamos ocultar nuestro embarazo para evitar ser relegadas a un segundo plano.

Porque además de ser mujer y madre, soy una profesional en lo mío.

Porque si yo estoy aquí es gracias a mi madre, que me cuidó todo lo bien que supo hacerlo.

Porque mi padre trabajaba 15 horas al día para poder comer.

Porque quiero recoger a mi hija del colegio.

Y sentarme a hacer los deberes con ella.

Porque quiero cuidarla los días que esté malita.

Porque quiero que la palabra conciliar adquiera un nuevo significado.

Porque revindicar no es quejarse. O sí. Qué más da.

Porque si Pegotito no existiera, yo tampoco.

#Concilia13F 

Club de MalasMadres

Decisiones difíciles

Cuando te conviertes en madre tienes que tomar muchas decisiones que van a influir, y mucho, en la vida de tu pequeño.

Para mí, una de las que me genera más ansiedad, preocupación y tristeza es la relacionada con mi futuro laboral.

Ya os he contado que me quedé sin trabajo cuando mi Pegotito tenía 7 meses más o menos, de buenas a primeras, después de haber dado a mi antigua empresa todo lo mejor de mí. Pero bueno, es lo que tiene que tu jefe pegue el pelotazo y la venda a otra compañía extranjera. 😉 Reconozco que, aunque tenía cosas muy mejorables (en todos sitios cuecen habas), se había convertido en un trabajo que sabía hacer muy bien y, lo más importante, disfrutaba de jornada reducida, de 9 a 15, lo que me permitía estar con mi hija toooda la tarde.

En las últimas semanas, quizá meses, reina en mí el desánimo. He comenzado a buscar trabajo, pero en mi sector lo de la media jornada no se estila. La mayoría de las ofertas te exigen presencia en la oficina hasta las 18 o 19.

Al final creo que el sistema nos obliga a elegir: desarrollarte y crecer en un trabajo que te gusta o, por el contrario, ser madre, cuidar de tus hijos, que, para mí, es el trabajo más bonito del mundo. No nos dan opción de poder hacer las 2 cosas a la vez. Me refiero a hacerlas bien, al 100%. ¿Conciliación? ¿Conci-qué? Por favor, si hay alguna mujer a la que permitan conciliar en condiciones, admiro su suerte por tener un trabajo con un horario adecuado para pasar tiempo con sus hijos, que pueda quedarse en casa cuando están malitos, que no sea relegada a un segundo plano por ser madre, que no tenga que llegar sudando y sofocada porque le ponen mala cara si se retrasa 5 minutos…

Tengo una licenciatura, un título de postgrado, cursos varios, hablo inglés y cuento con bastante experiencia laboral. No es que mi currículum sea brillante, ni mucho menos, pero tampoco está tan mal. Y, sin embargo, comienzo a plantearme si no será mejor que busque trabajos muy poco cualificados, de solo unas horas al día, en los que no tengas que llevarte documentos a casa y me permitan cuidar de mi Pegotito cuando más lo necesita, que son sus primeros años de vida.

Hoy la he dejado en la guardería con lágrimas en los ojos y he seguido llorando cuando me he subido en el tren. Mi Pegotito tiene tos, mucha, que no le deja dormir bien por las noches. Ahora puedo permitirme quedarme en casa alguno de estos días, aunque no muchos, porque el curso me exige bastante asistencia. Pero…, ¿y luego? Ella tiene el derecho de que su mamá la cuide cuando no se sienta bien,  como lo hacía mi madre, y quizá también las vuestras.

Quizá algún día la sociedad se dé cuenta de que, sin mujeres que se queden embarazadas, el mundo se va el garete. No creo que yo pueda contemplarlo, pero ojalá mi Pegoti, cuando sea madre, pueda cuidar de su hija los días en los que la necesite.