Primeras palabras. O cómo fuimos del “ajo” al “agua”

Según mi madre, Pegotito debería haber comenzado a hablar a los tres o cuatro meses: “¡Mirad! Yo creo que esta niña quiere hablar. ¿No veis los gestos que hace con la boca?”. Menos mal que mi hermano estaba al quite y siempre le respondía con un “Si empieza a hablar ahora mismo, sí que sería para preocuparse”. Por eso cuando comenzó a emitir sus primeros “ajos“, a esa edad más o menos, como el resto de bebés del mundo mundial, la abuela no paraba de decir a todas sus amigas y conocidas que Pegotito era una niña súper inteligente. ¡Caramba con el amor de abuela! 🙂

Pero lo cierto es que Pegotito no decía “ajo“, sino “ajo aji”. ¿No sería que esta niña quería comer unas papas al alioli? Desde luego, era la primera vez que escuchaba a un bebé decir esa combinación de palabras.

Después comenzamos con el “gugu tata“. Sí, parece como sacado de un libro: los perros españoles dicen “guau”, los ingleses “wow” y nuestros chiquitines “gugu tata”. Así que yo se lo decía a Pegotito y ella lo replicaba. Si es que, son como esponjas. 😉

Claro que, a mí lo que me sorprendió de veras fue el “hola” que le espetaba a todo quisqui que se cruzaba en su camino, mucho antes de cumplir su primer año. No os podéis imaginar la cara de la gente cuando un bebé chiquitín se dirigía a ellos y les saludaba con un “hola” perfectamente dicho, acompañado o no de un movimiento de brazo primero y mano después, cuando perfeccionó la técnica. Se quedaban ojipláticos, boquiabiertos. Ahora continúa diciendo “hola” a todo lo que se mueve y lo que no. Hay que comenzar el día saludando a las cortinas y a la ventana, la educación es lo primero.

A su “tatá” (papá) comenzó a llamarle pronto. Al principio creíamos que usaba esta palabra para referirse a cualquiera de nosotros, pero ahora claramente dice “tatá” cuando quiere ir con “tatá”. Las cosas claras y el chocolate espeso.

Sí, también dice “mamá“, aunque no de una forma tan seguida. Es decir, comienza a repetir muy rápido, mirándome a los ojos: “Ma-ma-ma-ma-ma-ma”. Y yo le miro y le dijo: “Sí, soy mamá”. En esos instantes me derrito y me la como a besos.

El “ta” es su debilidad. Y la mía, jeje. En casa somos muy paneros y nos pasamos el día comiendo “ta”, en cristiano pan. No es raro que estemos sentados comiendo o cenando, con Pegotito en su trona, y empiece a gritar: “¡Ta, ta, ta!” ¡Cualquiera hace oídos sordos!

También es de las que dice “Gua gua” a los perros cuando vamos por la calle. Bueno, a los perros y a cualquier animal que ve. Ahora estamos en la fase de conocer a los distintos animales del mundo y nos pasamos el día haciendo soniditos. Nuestra casa parece un zoo o una granja escuela, según se mire.

El parque no podía faltar en su vocabulario. Claro que, adaptado a su propio idioma. Cuando dice “ta-te” ya sé dónde quiere ir. ¡Nooooo!

Hace unas semanas me sorprendió de nuevo con otra palabra, que dice tímidamente y por sílabas: “a-gua“. Por lo menos ahora sé si tiene sed o no. Porque en verano me vuelvo un poco loca ofreciéndole agua a cada rato.

Lo cierto es que cuando empieza con sus charletas, no para. En ocasiones tengo que decirle: “Aggg, ¿puedes callarte un segundo para escuchar una cosa muy importante?”. Es solo para enterarme de las noticias, más que nada. Por saber lo que pasa en el mundo y tal. Pero me encanta escucharla y que ella se escuche y grite cada vez más alto, contenta y feliz por oír su voz. Total, últimamente las noticias son una combinación de desgracias y corrupción política, así que a veces es mejor vivir en la ignorancia.

¿Cómo van vuestros peques con sus palabras? ¿Qué es lo que repiten y repiten hasta cansarse o cansaros? 😉