La sombra de la duda

Hace unos días llevamos a Pegotito al pediatra. Nada importante: flemas, mocos…, lo de siempre, vaya. Vamos de vez en cuando para controlar que todo está en su sitio, que los mocos continúan en las vías altas. Total, como no tenemos nada que hacer… 😉

Ya estábamos vistiéndola cuando tuvo lugar esta lamentable conversación entre ambos, es decir, él y yo…

– ¿Le das alguna otra leche aparte de la tuya?

– No.

– (Sonrisilla irónica por su parte). Pero hombre, porque le des otra tampoco pasa nada…

Yo ahí me quedé callada, ojiplática, le veía venir…

– ¿No le das cereales?, dice.

– No, no le doy cereales de caja, no le hago papillas de cereales. Ella toma cereales a diario: come pan, arroz, avena…

– ¿Pero come pan o juega con él?

– No, come pan. Y mucho. Se pasa el día comiendo pan.

– Pero es que en niños con bajo peso (¡ya estamos con los dichosos percentiles, leches!), es recomendable un aporte extra de energía.

– Es que no creo que sea necesario darle cereales en papilla si ella ya los toma de forma sólida.

– Hombre, ella tiene mucha fuerza, se ve, pero un aporte extra para que coja más peso no vendría mal.

Y ahí se quedó la conversación.

Yo que estaba más feliz que una perdiz porque en la última revisión de peso (ya sabéis que pesamos a Pegoti cada mes porque fue prematura) había ganado casi 400 gramos, se me bajó toda la euforia de golpe. Porque no es la primera vez que me aconseja darle leche de fórmula o me insiste con los cereales. A ver, no tengo nada con la leche de fórmula. De hecho Pegoti la tomó durante el primer mes de vida, porque no se agarraba bien al pecho. Pero si ella sigue mamando, ¿por qué tengo que darle leche de fórmula? Que alguien me lo explique, que no lo entiendo.

Sobre los cereales, cuando tenía 6 y 7 meses los estuvo tomando cuando iba a la guarde. Le echaban unos cacitos en la leche que yo me extraía y que llevaba a diario. Tomaba los de Holle, ecológicos y sin añadidos (sin azúcar, sin aromas…). Pero cuando me despidieron y volvimos a estar juntas todo el día, pasé de los cereales y aposté más por la lactancia materna. Además, ella ya comía pan y arroz. No veía la necesidad de darle papillas.

¿Qué pasa? ¿Que hay que dar cereales a los niños para engordarlos y comerlos por Navidad? Pegotito es una niña sana, activa, que no para quieta. Es menudita, vale, ¡pero es que nació prematura y ha ido encandenando gastroenteritis, bronquiolitis, resfriados varios, virus de garganta…! Además, según los percentiles elaborados por la OMS, basados en datos de bebés alimentados con leche materna, estaría en el percentil 3, no fuera de percentil, como lo está en las curvas que maneja el pediatra. Me los voy a imprimir y el próximo día se los llevo, porque me tiene frita. 😦

¿Y sabéis qué es lo peor? Que me planteo si lo estoy haciendo bien, cuando sé que sí. Le doy de comer de todo, en puré y sin puré. Le encanta compartir la mesa con nosotros, comer lo que comemos, alimentarse con sus propias manitas y con su tenedor (se le cae todo a la pobre, jeje), se pone morada de pan (si no les das un trozo de pan dice que no come) y de leche materna… Y aún así, las visitas al pediatra me generan sentimientos de culpa, que es el sentimiento más destructivo que existe, y la sombra de la duda se cierne de nuevo sobre mí…

¿Vuestro pediatra también os tiene fritas y fritos por este tema? ¡Unámonos y luchemos contra ellos! 😛

Desinformación sobre la lactancia

Lactancia materna

Fuente de la imagen: https://www.flickr.com/photos/sanutri/4276551958/. Sin modificaciones

Ayer en mi clase de pilates asistí a una muestra de la desinformación que impera en lo referente la lactancia. Me sentí sola, impotente de no poder decirle a mis compañeras que estaban equivocadas. Pero no es fácil hacer ver a mujeres y madres todas ellas que quizá las cosas no son como se las contaron hace tiempo.

No sé muy bien como surgió el tema, ya que además de ejercicios y risas, también charlamos, si te quedan fuerzas entre estiramiento y estiramiento. 😉 El caso es que la profe comentó que en algunas clínicas y hospitales privados analizan la leche de las mamás recién paridas (digo yo que se referirá al calostro, porque la leche como tal no se empieza a producir hasta unos días después) para determinar si es buena o mala. Ahí yo me debí poner azul, me lo noté. 😉

Después hubo quien afirmó que “si tu leche es mala lo sabes enseguida, porque el bebé no para de llorar”. O también que “es mala si tienes que volver a darle de mamar una hora después, ya que no es normal”.

No me sorprendió escuchar estos comentarios de mujeres de mediana edad (50-60 años), ya que se los he escuchado a mi madre multitud de veces, hasta que me enfadé muchísimo con ella por su falta de apoyo (ya se me pasó y ahora disfrutamos mucho las dos jugando con Pegotito). Hace 20, 30 años, se sabía muy poco de lactancia, y mi madre y estas mujeres alimentaron a sus hijos lo mejor que sabían, según lo que les recomendaron en el hospital: 10 minutos en cada teta cada 3 horas. ¡Normal que los bebés se quedaran con hambre! Si eras espabilado, te ventilabas la leche de un pecho en 10 minutos, pero como te deleitaras con el calorcito y el olor de mamá y se te pasara el tiempo… ¡Ah, se siente! No podrás comer nada hasta dentro de 3 horas. 😦

Lo que realmente me sorprendió fue que algunos de estos comentarios venían de una chica joven, más que yo, con un bebé de poco más de un año. Cuesta creer que hoy en día, con toda la información de la que disponemos (Internet, libros…), con los grupos de lactancia a los que puedes acudir y que te proporcionan un apoyo fundamental (así fue en nuestro caso), se puedan seguir transmitiendo de generación en generación estas opiniones tan poco fundamentadas. Porque esta madre inculcará a su hija (creo que tiene un hijo, pero bueno, da igual) o a las hijas de sus hermanas o primas, que la lactancia es cuestión de suerte: puede que tu leche sea buena, pero también que tengas muy mala leche.

Pegotito y yo tuvimos la suerte de contar con la ayuda de mi matrona y del grupo de lactancia que ella coordina. La verdad es que no sé qué hubiéramos hecho sin ella y sin el resto de mamis con las que nos reuníamos cada jueves. Allí tiramos al suelo cientos de mitos sobre la lactancia y hablamos sin tapujos de porteo, colecho, BLW

La decisión de dar el pecho o no debería ser personal, y en muchos casos no lo es. Así que si por casualidad llegas a este blog, a esta entrada, decide lo que quieres escuchar, haz oídos sordos a lo demás y confía en ti misma. 😉