Verano 2016. En busca del fresquito perdido ;)

Como dice un amigo mío, en Madrid tenemos 9 meses de invierno y 3 de infierno.  Menos el año pasado, que recuerdo el día de Navidad en mangas de camisa y con un sol de justicia y me entran sarpullidos solo de pensar en lo que se nos avecina (que es octubre y aún no he subido al trastero las camisetas de verano).

A lo que iba… Que en Madrid, o te pelas de frío en invierno (ya me gustaría, ya…), o te achicharras. Así que el verano pasado decidimos, una vez más, buscar el fresquito durante nuestras vacaciones. Y aunque nos salió el tiro un poco por la culata, al menos dejamos de sudar la almohada por las noches. Solo por eso mereció la pena 🙂

El primer destino de nuestro viaje fue Burgos, ciudad que nos conocemos ya bastante bien: este es el tercer verano que pisamos las tierras que antaño recorriera el Cid. Si es que…, cuando algo te gusta, para qué cambiar. 😉

De Burgos merecen la pena muchas cosas, pero yo recomendaría visitar el Museo de la Evolución Humana, con excursión a los yacimientos de Atapuerca incluida, el casco antiguo (aunque no entres a la Catedral, el exterior es precioso), la Plaza Mayor y pasear a orillas del río Arlanza, entre árboles y músicos que te alegrarán la tarde.

Paseando por Burgos. Diario de una mami.

Paseando a orillas del río Arlanza, en Burgos.

Catedral de Burgos. Diario de una mami.

Torres de la Catedral de Burgos, al fondo

¿Y para comer? El restaurante del Fórum del Complejo de la Evolución Humana fue un graaan descubrimiento, con parque de bolas para los peques. Porque viajar con niños es lo que tiene: ya vas buscando otras cosas 😉

Unas jornadas después de nuestra estancia en Burgos, rehicimos maletas, cargamos nuestra tonelada de equipaje y pusimos rumbo a Pirineos. 4 horas y pico de viaje, más paradas y alguna vomitona (por el amor de Dios, ¡menudas curvas!), nos separaban de lo que era nuestro siguiente destino: Oto, en Huesca, en pleno valle de Ordesa. Una pequeña aldea con casas de piedra y vistas a las montañas al lado de un pueblecito del que seguro que muchas de vosotras habéis oído hablar o oiréis en los años venideros: Broto.

Broto, Huesca. Diario de una mami

El río Ara a su paso por Broto, en Huesca.

Cascada de El Sorrosal, Broto, Huesca. Diario de una mami

Cascada de El Sorrosal, en Broto, a un minuto del casco urbano.

Iglesia de Oto, Huesca. Diario de una mami

Aquí la iglesia de nuestro pueblito, Oto.

Vistas desde Oto, Huesca. Diario de una mami

Excelentes vistas desde Oto.

Durante nuestra estancia aragonesa visitamos Torla, pueblo de entrada (y por eso excesivamente turístico para mi gusto) al Parque Nacional de Ordesa, hicimos alguna pequeña excursión por el campo y también degustamos, y bien, la gastronomía de la zona. Y de la no zona… Porque si pasáis por Broto, no podéis marcharos de allí sin entrar no una, sino muchas veces, en la pizzería La Tea.

En resumen: no nos pusimos ni un solo pantalón largo, ni una chaqueta, ni mucho menos los abrigos. Pillamos un verano demasiado cálido en la frontera con Francia. Pero lo pasamos bien. Y el río Ara sosegó nuestras almas…

Río Ara, Broto, Huesca. Diario de una mami

El río Ara, en Broto, de camino a Sarvisé.

¿Conocéis Burgos y Broto? ¿Os animáis? 😉

 

 

 

5 consejos para cortar el pelo a tus hijos

Hace un tiempo os contaba cómo fue el primer corte de pelo de Pegotito. Para la ocasión, decidimos llevarla a una peluquería infantil de lo más, Fashion Kids, en la que todo está pensado para que los peques se sientan a gustito y estén entretenidos durante su momento “cambio de look“. Pero visto el pollo que montó mi primogénita, tras esa primera vez decidí que había que buscar una alternativa. Y fue entonces que, un día, me levanté de la silla en la que estaba sentada y dije en voz alta:

¡Eureka! De ahora en adelante le cortaremos el pelo en casa.

-¿Ah, sí?, preguntó mi señor esposo con cara de sorpresa.

Sorprendido

Y tanto que sí. Ya llevo un año y pico transformándome en “Rupert, te necesito”, pero versión madre. De esta forma, no solo nos evitamos la cita previa, el desplazamiento, la espera, el sofoco y el gasto, sino que como se suele decir: “Como en casa, en ningún sitio”.

Así, una vez al mes aproximadamente, nos ponemos manos a la obra. 😉 De momento lo más cómodo para todos es que ella lleve el pelo cortito (no rapado, ojo, que le encanta que le hagamos coletas en plan antenas y le pongamos horquillas), tanto en verano (¡viva el frescor!) como en invierno (en casa no somos amigos del secador. De hecho, ni tenemos). Porque cuando quiera comenzar a dejarse melena, no tendré más remedio que llevarla a la peluquería y pasarme allí las horas muertas…

Ahora bien, si estáis pensando en cortar el pelo a vuestros hijos en casa, tened en cuenta estos 5 consejillos que os vendrán muy bien. ¡Y a por las tijeras! 😉

Cortar el pelo a los niños

Cuando tenga estas melenas, no me atreveré. Pero de momento… Let’s go!

5 consejos para cortar el pelo a vuestros hijos

1. Lo primero de todo, lo más importante: encontrad un sitio o silla donde se estén quietos. Y lo tenéis más fácil de lo que os imagináis… ¡La trona, amigas! 🙂 De ahí no se mueven. Porque no pueden, claro.

2. Sobre todo no se menean si tienen una fuente de entretenimiento delante, tipo Peppa Pig, La patrulla cansina canina o cualquier otra variante de animación. Y si es a la carta, mucho mejor… ¡Viva YouTube!

3. Elegid el momento idóneo para el corte de pelo. ¿Y cuál es? Antes de bañarles, claro está. Tenéis la excusa perfecta para que se quieran meter en la ducha. No hay nada como los picores. 😉

4. Observad a los profesionales. No sé vosotras, pero yo cuando voy a la peluquería me quedo hipnotizada viendo cómo mi peluquera corta el pelo al personal. Me parece que tienen una maestría envidiable para no cortarse. Confieso que ya me he hecho más cortecitos desempeñando mi rol de peluquera que en toda mi vida de pupas y heridas.

5. Y en último lugar, repetid este mantra: oveja trasquilada, a los 15 días igualada. ¿O no? 😉 Porque el pelo de los niños crece súper rápido y a no ser que sean muy escandalosos, los trasquilones no se notan tanto.

¿Cortáis el pelo en casa a vuestros hijos? ¿Qué tal la experiencia? 🙂

 

 

 

Sonrisas y lágrimas

Vuelta al cole

Septiembre huele a cuadernos, a estuches, a pinturas, a mochila. Tiene ese olor a colecciones de objetos sorprendentes e insospechados que te dicen que las vacaciones se acabaron y que toca volver a la rutina.

Sobre todo este año, en el que Pegotito acaba de estrenarse en el mundo escolar, con más pena que gloria, todo hay que decirlo.

Porque de nada nos ha servido ir preparando el comienzo del cole desde hace varios meses con libros al respecto, yendo a comprar su mochila, su cojín e incluso tramando con unos amigos para que fueran ellos los que le regalaran el vaso para beber en su aula. Tampoco que fuera a la guardería, por más que sea un mantra repetido hasta la saciedad por algunas mentes privilegiadas.  O que te diga mirándote a los ojos:

“Hoy no voy a llorar, mamá”

El colegio es otra cosa. A los ojos de un niño de menos de 3 años, se trata de un lugar grande y desconocido en el que por muchos juguetes que haya, les falta lo más importante: una cara amiga. Y por más que les digas que volverás a buscarles en un rato muy, muy pequeño, sus lágrimas les impedirán entenderte y se aferrarán tanto a tus piernas que te darán ganas de salir corriendo llevándotelos en brazos. Porque las despedidas siempre son duras. Y más para una pequeña personita que no entiende eso de la importancia de recibir una buena educación.

Hoy una buena amiga, la del vaso, compartió en un grupo de WhatsApp un enlace a un post del gran Carles Capdevila titulado La hora del adiós. Solo os diré que, si estáis inmersas en pleno período de adaptación, agarréis un par de pañuelos y os desahoguéis hasta que llegue la hora de recoger a vuestros peques con una gran sonrisa en la cara. 😉

¿Cómo llevaron vuestros hijos la adaptación al cole?

 

 

 

Adiós, guardería, adiós

Adiós guardería

El pasado viernes fue el último día de guardería de Pegotito. De este curso y de su vida. Porque en septiembre empezará el colegio y ya no volverá a ese lugar que yo consideraba el peor lugar del mundo cuando tuve que empezar a dejarla con 5 meses. ¿Y sabéis qué? Que me da pena, mucha pena…

Porque ya no volverá a ver a sus amiguitos, aquellos de los que me contaba cosas cada día. Cada uno irá a un colegio y, aunque todos vivimos por el mismo barrio, será complicado encontrarnos. Y cuando lo hagamos, el paso del tiempo quizá vaya borrando las caras de su memoria.

Porque tampoco me cantará las canciones que le enseñaron sus profes, aunque ahora lo haga sin parar con una sonrisa dibujada en su rostro.

Porque aquellas personas que en un primer momento consideraba extrañas me fueron infundiendo confianza y me demostraron que podían darle amor a Pegotito cuando su madre no podía estar con ella.

Porque no es posible que se hayan pasado casi 3 años sin darme cuenta.

Ahora sé que no nos equivocamos al elegir aquella guardería. No nos importó que las instalaciones no fueran muy modernas o que no tuviera patio. Lo que de verdad primó, y volvería a primar por encima de cualquier cosa, si volvemos a necesitar un centro de educación infantil, es el respeto a nuestras decisiones que nos transmitieron sus educadoras y el trato amable y cariñoso con el que han recibido a nuestra hija cada día.

Comienza ahora una nueva etapa para todos, con sus cosas buenas y sus cosas menos buenas. Pero, sin duda, un nuevo camino que recorrer juntos… Después del verano 😉

Aprovecho para desearos unas estupendas vacaciones en familia. Yo, por mi parte, intentaré que así sean. 🙂

 

 

 

Bye, bye, siesta

Siesta

La siesta: uno de los mayores placeres de la vida…, para casi todo ser viviente 😉

Si tuviera que decir cuál es el, para mí, el mayor placer de la vida diría, sin el menor atisbo de duda, la siesta. Echarme la siesta es lo mejor del fin de semana, para qué mentir. Además, no puedo controlarlo. Después de comer me entra tal estupor y tal malestar que poco más y me caigo redonda al suelo.

Así que estoy jodida, hablando en plata. Porque desde hace una semana Pegotito, con sus casi 3 primaveras, ha decidido que pasa de dormir la siesta. Como lo oís. Lo ha declarado manifiestamente con frases del estilo:

Hoy no voy a dormir

No quiero dormir

No voy a echarme la siesta

Y actos como saltar en la cama, bajarse, comenzar a correr por toda la casa y otras variantes típicas de haberse tomado un café doble con cinco azucarillos. ¡Por Dios, no puede quedarse quieta pintando! ¡Que pinte las paredes, pero en silencio!

Y yo que pensaba que se trataba de un estado de enajenación transitoria derivado del hecho de estar con los abuelos entre semana, el pasado finde lo sufrí en mis propias carnes, confirmando mis sospechas.

Claro que, disponemos de un arma súper potente, destinada a casos extremos. Y sí, llamadme mala madre, pero benditos dibujos animados. Que viva el Clan, el Boing (con su programación casi en exclusiva dedicada a Doraemón) y el Disney Channel. Porque si conseguimos que se tumbe en el sofá mirando atentamente la pantalla, cae ipso facto. Cualquier día pruebo con el Tour y continúo las tradiciones familiares: la de siestas que me habré cascado viendo como sufría Indurain subiendo el Tourmalet. 😉

Porque qué queréis que os diga: con casi cuarenta grados en Madrid, donde mejor se está una tarde de sábado, entre las 15 y las 17 horas, es babeando la almohada. ¿O no? 😉

Y vuestros hijos, ¿se siguen echando la siesta? ¿A qué edad abandonaron el bendito hábito? 😉

 

Si es que…, ¡esto es la leche! Blogueras por la Lactancia ;)

Llego tarde, súper tarde. Pero es que el calor me mata  y cada vez ando más desconectada de móviles y demás inventos que no hacen sino reducir las ganas que tengo de comunicarme con el resto del mundo a la mínima expresión.

Pero me uní a un grupo, que me recibió con los brazos abiertos, de mamás blogueras comprometidas con una iniciativa de Acción contra el Hambre para promover la lactancia materna en países donde la desnutrición y la muerte infantil por este motivo están a la orden del día. Así que, Mamá BocaChancla, capitana de #EstoEsLaLeche, aquí dejo mi granito de arena para la causa. Y desde ya mis sinceras disculpas por no dar más de sí. 😉

#EstoEsLaLeche #BloguerasXLaLactancia

Nuestro logo, by Mamá Boca Chancla 😉

Pero, ¿qué es exactamente esto de Blogueras por la Lactancia?

Como os decía, #BloguerasXLaLactancia es una iniciativa de la ONG Acción contra el Hambre que cuenta con el apoyo de Madresfera. Su objetivo es recaudar fondos que sirvan para poner en marcha proyectos destinados al fomento de la lactancia materna en aquellos lugares del mundo en los que las situaciones que viven los más pequeños no son las más idóneas para su desarrollo. En concreto, el dinero que se consiga se destinará a la región africana del Sahel, que para quien no tenga ni idea (entre los ignorantes me encontraba yo hasta hace 5 minutos, momento en el que acudí a la entrada sobre el Sahel en Wikipedia), es la zona constituida, a modo de franja horizontal, entre el Océano Atlántico y el Mar Rojo, en África, que atraviesa países como Senegal, Mauritania, Argelia, Chad y Sudán, entre otros.

#BloguerasXLactancia. Acción contra el Hambre

Porque, como afirma Acción contra el Hambre en su web…

La lactancia materna es, de lejos, la forma más eficaz de lucha contra la desnutrición infantil

¿Quieres sumarte al sarao?

Pues solo te hace falta una cosa… ¡Encontrar a tu equipo! O dejar que ellas te encuentren a ti, como prefieras. 😉

El mío se llama #EstoEslaLeche, y se lo están currando un montón, haciendo sorteos y difundiendo la iniciativa por todos lados. ¡Ah! Y estas son las integrantes (si me he dejado a alguna que me avise y modifico el post echando leches, nunca mejor dicho):

Principesa de Preslav

Madre no hay más que dos

Mamá joven y por qué no

Mami reciente cuenta

My baby manual

Misión: Mama Ninja

Diario de una madre superada

Aniwiki

Ma Petite Puce

Amar es el motor

La cocina de las ideas

Mamá y maestra en tierra de nadie

Mamá en el Siglo XXI

Mamá Cuchufleta

Una última cosa…

Solo quería pediros una última cosa: que nos donéis unos eurillos. No hacen falta grandes cantidades, porque sabemos todas lo achuchada que está la vida. Lo que podáis. Con vuestra ayuda estaremos más cerca de acabar con la desnutrición infantil. Ojalá algún día sea posible.

Para hacer efectivo el donativo a #EstoEsLaLeche solo tenéis que pinchar este enlace.

Gracias… Por donar, por leerme o por difundir este post en tus redes sociales. Sea lo que sea, gracias. 🙂

 

Camino Soria

Desde mis años mozos había tenido una idea en mente. Una idea normalita, no creáis. No voy a tirar por cosas del estilo:

Quiero dar la vuelta al mundo

Vivir en 8 países

Hacer la ruta Moscú-Vladivostok a bordo del Transiberiano

Mis pretensiones eran más de andar por casa, de quedarme en territorio patrio:

Quiero viajar a Soria mientras canturreo la canción de Gabinete Caligari 😉

Y en Semana Santa me llevé a mi esposo y a Pegotito a pasar unos días a la que llaman la provincia más fría de España, de lo que doy fe. 😉

En esta ocasión escogimos como cuartel general un pequeño pueblo llamado Molinos de Duero. Una población tranquila donde poder echarnos siestas de 2 horas, con edificios color sepia y ese sabor a brasero y chocolate calentito que recorre todas y cada una de sus calles adoquinadas. Y con un parque, por supuesto, que nos recibió el primer día de nuestra estancia.

Parque Molinos de Duero, Soria. Diario de una mami

Panorámica de Molinos de Duero, Soria. Diario de una mami

Panorámica de Molinos de Duero, Soria.

Callejeando por Molinos de Duero, Soria. Diario de una mami

Callejeando por Molinos de Duero.

En Soria, Pegotito pudo ver y tocar la nieve por primera vez. En el Punto de Nieve de Santa Inés descubrió lo fría que está y lo divertido que es tirar bolas a mamá (cría cuervos…). Pero, sin duda, lo que más le gustó y de lo que se sigue acordando (me lo dice cada día), es de las magdalenas que nos comimos en el restaurante de la estación de esquí, donde nos metimos para tomar algo calentito y protegernos de la nevada que comenzó a caer y que, afortunadamente, no duró demasiado.

Punto de nieve Santa Inés, Soria. Diario de una mami

¡Qué maravilla de paisaje!

También fuimos a la playa. En la zona de veraneo conocida como Playa Pita (o Embalse de la Cuerda del Pozo) pudimos dar un agradable paseo y saltar en los charcos para aprovechar las botas de agua que metimos en la maleta. Teníamos la zona para nosotros solitos, así que estábamos en la gloria, con el único pero de que no pudimos practicar piragüismo ni tomar algo en el bar. En fin, no se puede tener todo… 😉

Playa Pita, Soria. Diario de una mami

Aún recuerdo el olor a pino…

Playa Pita, Soria. Diario de una mami

Un estupendo lugar para practicar la meditación.

Y tuvimos nuestro ratito de montaña, of course. La Laguna Negra nos llamó y acudimos en su busca, atraídos por sus leyendas y el paisaje que la rodea. Pero una carretera cortada por la nieve y un Pegotito que no quiso recorrer subida en su Manduca los 7 kilómetros que nos separaban de ella nos hizo darnos la vuelta a la mitad del camino, no sin antes contemplar, maravillados, el espectáculo que se presentaba ante nuestros ojos.

Camino a la Laguna Negra, Soria. Diario de una mami

Camino a la Laguna Negra, Soria. Diario de una mami

Claro que, no nos íbamos a dejar vencer por el destino. Y un rato después nos encontramos, calentitos, en un restaurante de la vecina Vinuesa, fijando las pupilas en el crepitar del fuego de la chimenea.

Y, por supuesto, no podíamos perdernos Soria, ciudad de poetas y poesías a la orilla del Duero, mientras recorríamos el sublime paseo que nos llevaría hasta la ermita de San Saturio.

En la ribera del Duero, Soria. Diario de una mami

Paseando por la ribera del Duero, Soria.

Paseando por la ribera del Duero, Soria. Diario de una mami

Ermita de San saturio, Soria. Diario de una mami

Y he aquí la ermita de San Saturio, en Soria.

Porque, a veces, es posible disfrutar del mal tiempo. Solo hay que mirar con el cristal adecuado y ver cómo las cosas que se presentan grises, tornan de color. 😉

¿Conocéis Soria?