Vuelta de vacaciones y primera visita a la bebeteca

Se acabaron las vacaciones, snif, snif… ¡Ay, qué poco dura lo bueno! 😦 Hemos pasado unos días estupendos en tierras cántabras y ya estamos de nuevo por aquí. 😉

Como al papá de Pegotito aún le quedan unos días libres, recientemente hemos hecho una visita a una bebeteca. ¿Ein? Sí, fuimos a una biblioteca donde tienen un espacio reservado para los más pequeños dentro de la sección de títulos infantiles. Y cuando digo los más pequeños me refiero a eso mismo: los bebés a partir de 0 meses son bienvenidos allí.

Bebeteca.-Diario-de-una-mami.

Nos encontramos un lugar diáfano, con sillitas, asientos en forma de pelota gigante y cajas llenas de un montón de libros, agrupados y marcados por temáticas: sentimientos, colores, aprender, descubrir, jugar… ¡Y menos mal! Porque Pegotito se volvió loca y debió sacar unos 50, que si no hubiera sido por las pegatinas que tenían en la portada que indicaban dónde iba cada uno, no nos dejarían volver el próximo día. 😉

Bebeteca.-Diario-de-una-mamiFue muy gratificante ver cómo se subía a las sillas y se ponía a hojear cada uno de los cuentos. O nos pedía que se los enseñáramos. Me parece importante comenzar a inculcarle el gusto por la lectura, a pesar de que a mí no me vea nunca con un libro en la mano. Y no porque no me guste, que me encanta y nuestra casa está llena, sino porque no tengo apenas tiempo. 😦

Supongo que volveremos más veces. Me parece un plan estupendo para una tarde de lluvia o un día de frío invernal en el que, o sales de casa, o te haces el harakiri.

¿Conocíais de la existencia de las bebetecas? ¿Hay alguna en alguna biblioteca que os pille cerca?

No soy mujer de piscina

Todos los años igual. Llega el odioso, horrible, pegajoso, asqueroso (¿sigo?) calor y comienzan las invitaciones piscineras:

– A ver si quedamos algún día. ¿Os venís a la piscina?

– Venid a la piscina cuando queráis, ¿eh? (no, si el problema es que nunca quiero)

– ¿Por qué no os pasáis una tarde por nuestra piscina?

– Podíais venir un día a la piscina. ¡Se está genial!

Iría, claro que iría, si no fuera por un pequeño detalle…

¡No me gustan las piscinas!

No me gustan las piscinas

Ahora que Pegotito está en el mundo, me machacan hasta la enésima potencia:

– ¿Por qué no la lleváis a la piscina?

– Podíais venir una tarde, sobre las 5. En nuestra urbanización hay piscina de niños y se lo pasan genial. Da el solecito (¿cómorrrrr? ¿Ponerme bajo el sol de la Toscana, digo Madrid, un mes de julio a las 5 de la tarde?).

– ¡Dile a tu madre que te lleve a la piscina! (esto se lo espetó un ser que no conocemos de nada a Pegotito un día por la calle).

– Es que no le das verano a la niña… (frases que llegan al alma y la acuchillan. Como si el verano fuera sinónimo de piscina y de nada más. Ni de playa, ni de montaña, ni de río, ni de pasar más tiempo en la calle, ni de cenar en terrazas, ni de hacer excursiones…).

¿No hay otra cosa que hacer en verano? Es como si en invierno me pongo a invitar a todo quisqui a una sopa:

– ¿Por qué no quedamos en mi casa y os preparo una sopa?

– Podíais traer a vuestro hijo a comer sopa mañana por la tarde.

– Cuando queráis venid a casa y comemos lo típico que se come en invierno y que me da igual si te gusta o no porque te lo pienso poner en el plato y te lo meto por vena si hace falta.

Llamadme rara, aburrida, anticuada, bla, bla… Pero no me gustan y punto. No me gusta el cloro, odio que se tiren a boooomba y me salpiquen, me repatea que vaya el típico buceador y arremeta contra ti y, por supuesto, huyo del sol.

¿Y la playa? La playa sí, pero solo un ratito. A la hora de estar allí me aburro como una ostra. Y que sean cántabras, por favor. O las del Atlántico también me valen. Playas donde no tengas que madrugar para poner la sombrilla y donde dispongas de espacio suficiente para tender la toalla y no comerte el codo del tipo que está a tu lado.

Sí, Pegotito ha ido a la piscina este verano por primera vez y le encanta. Pero eso sí, mucho más tarde de las 5 y con sombra asegurada. Se lo pasa pipa con su padre en el agua. Porque yo prefiero verles desde el césped, sin que me salpiquen. ¿Llegará el día en el que tenga que meterme? Quizá. Pero de momento, veo los toros desde la barrera. 😉

El primer corte de pelo

Siempre me ha parecido un mito eso de “si te cortas el pelo, crece más fuerte“. Por eso, estos 19 meses desde que nació Pegotito he estado haciendo oídos sordos a comentarios del tipo: “¿Cuándo vas a cortarle el pelo?“, “¿No le vais a cortar el pelo? Nosotros se lo hemos cortado a Fulanita y mira qué fuerte le está creciendo“.

O el remate de los tomates:

La enfermera nos ha dicho que le cortemos el pelo ya, que lo que tiene es pelusilla y le tiene que salir ya el pelo definitivo“.

¿Cómoooooo? No doy crédito, como los bancos. 😉

Las razones por las que decidimos esperar a cortarle el pelo a Pegotito fueron básicamente 3:

  1. No tenía mucho pelo, ¿para qué cortarle algo casi inexistente?
  2. ¿Para qué quiero que le crezca más fuerte? A ver si se me va a convertir en Sansón, así, de un día para otro.
  3. ¿Quién es el valiente que le mete unas tijeras a una personita que no para de moverse? En la mayoría de peluquerías no les gusta nada que entres con un niño tan pequeño con intención de hacerle un cambio de look. Y yo, como madre, hubiera sufrido de lo lindo.

Pero la cosa se estaba poniendo ya un poco asalvajada y mi pobre hija parecía un pollito recién salido del huevo, con una especie de pelos desbocados por la parte de atrás de la cabeza que se enredaban formando rastas. Era un Melendi en potencia. Necesitábamos una peluquería urgentemente.

Varias personas, entre ellas una buena amiga, nos habían hablado bien de una cadena de peluquerías infantiles, Fashion Kids. Así que, allá que nos fuimos, previa cita. Esto es importante. Si no coges cita vía teléfono, olvídate.

El sitio está muy bien: todo pensado para los peques. Pueden esperar su turno en un rinconcito lleno de juguetes y libros; las sillas donde se sientan para cortarse el pelo son aviones o coches; tienen a su disposición una tele donde ver sus dibujos preferidos para que se estén quietecitos… Y, lo más importante, el personal cuenta con experiencia en esto de cortar el pelo a niños, que es lo más importante.

Ni qué decir tiene que a Pegotito de nada le sirvieron las sillas coche avión o La Casa de Mickey Mouse que se proyectaba en su tele. Montó un cisco de campeonato cuando la subimos a su silla y tratamos de ponerle su “camisa para los pelos”. El sufrimiento duró solo diez minutos, afortunadamente. Y el resultado, perfecto. Menuda maestría (y paciencia) tuvo la peluquera. 😉

¿Y el precio?, os preguntaréis… ¿Os han clavado? Bueno, ni fu ni fa. Es cierto que 12,50€ en 10 minutos nos sale a 1,25€ el minuto. El minuto de oro, podríamos llamarle. Pero dado que no voy a cortarle el pelo todos los meses y que el resultado y la experiencia de la peluquera fueron realmente buenos, no me parece demasiado caro.

Además, nos hicimos del Club Fashion Kids, para optar a descuentos en cortes de pelo. Así que, la apuntamos como la pelu de Pegotito. 😉

¿A qué edad les cortasteis el pelo a vuestros peques? ¿Qué tal la experiencia?

Nuestra primera vez en Faunia

Últimamente tengo como una especie de ansia de hacer planes en familia. Llega el fin de semana y empiezo a pensar en actividades que podamos hacer los 3 para que Pegotito se lo pase pipa y piense que tiene unos padres divertidos y maravillosos. A veces se me olvida que solo tiene 19 meses (¡19 meses ya!) y que seguro que ya lo piensa, a juzgar por las carcajadas diarias que le provocamos. Menos mal que mi parte contratante me para un poco los pies. Porque si no, no sé muy bien dónde hubiéramos acabado…

Así que aprovechando el calor infernal buen tiempo que está haciendo últimamente, típico del mes en el que estamos, julio, digo mayo, nos liamos la manta a la cabeza y el pasado finde nos fuimos a pasar el día a Faunia. ¡Bah, menuda aventura!, pensarán algunos con desdén. Sí, tal vez. Tampoco es que nos hayamos embarcado en una expedición por el Amazonas o recorrido el Sáhara en 4×4, pero ¿cómo definiríais ir a una especie de zoo chiquitito cargados como mulas, rodeados de niños, carritos y demás fauna (nunca mejor dicho), con un terremotito que se escapa a todos lados y un calor de narices? Esto es aventura. Y no el programa de Jesús Calleja. 😉

Si no habéis estado nunca en Faunia, os diré que es tipo el zoo de Madrid, pero más pequeño, en el que los animales están distribuidos por zonas temáticas y ecosistemas, algunos de ellos organizados dentro de una especie de pabellones. Por ejemplo, el ecosistema polar es un recinto cerrado y techado donde puedes ver a los pingüinos y a otros animales de altas latitudes sobreviviendo en su interior. Y digo sobreviviendo porque a veces me paro a pensar en las condiciones en las que están y me da un poco de pena. Que no digo yo que no los cuiden bien, ni mucho menos, pero me da cosilla. Será que estoy sensible.

Si os animáis a ir algún día, os recomiendo que os hagáis con algún descuento, porque la entrada no es barata precisamente: las de adulto (a partir de 8 años) salen a 25€ por persona. Los menores de 3 años no pagan. Podéis comprarlas en su web de forma anticipada o el llamado Flexi Ticket, que todavía no me he enterado de cómo funciona: el precio fluctúa más que las mareas. O también, recurrir a los descuentos de Family Check o Urban Check. Ala, ahí os dejo algunas opciones. 😉 Eso sí, mejor comprar las entradas online para no tener que esperar cola.

Los que sí tuvimos que esperarla fuimos nosotros. Cada vez que hay que hacer cola, ya sea en el supermercado, para entrar a algún evento, en la taquilla del cine (cuando íbamos al cine), experimentamos en nuestras propias carnes la Ley de Murphy. Y entonces, no sabemos por qué, la fila donde estamos situados comienza a ralentizarse. Lo mejor es que empiezas a decir en voz alta frases del tipo “Pero por favor, ¿por qué tardan tanto? ¿Se han ido a fabricar el papel para imprimir la entrada?”. Y al final empatizas con los que están situados delante de ti. Algún día haremos amigos en las filas. 😉

Una vez alcanzados los 45 minutos de cola… ¡Bieeeeen! ¡Estamos dentro! ¡Pistoletazo de salida!

Vimos animales de granja:

Cerdos Faunia. Diario de una mami

Mariposas grandísimas:

Mariposa Faunia. Diario de una mami

Cocodrilos:

Cocodrilo Faunia. Diario de una mami

Pero lo que más le gustó a Pegotito fueron los pingüinos:

Pingüino Faunia. Diario de una mami

Pingüino nadando Faunia. Diario de una mami

¡Nadaban súper rápido!

Se creía que eran peces por aquello de que se tiraban al agua y nadaban, así que ella hacía el pez con su boquita.

Atención, aviso para padres: a la salida del ecosistema polar te topas con un parque infantil la mar de grande.

Nos dimos cuenta cuando Pegotito comenzó a gritar: “Taaaaa-teeeee”. Traducción simultánea: par-que. ¡Noooo! No nos hemos gastado un pastizal para acabar en un parque, así que ¡continuemos!

En resumen, lo pasamos bien. Acabamos agotados, eso sí, pero con una experiencia más en la mochila de nuestra vida en familia. 😉

¡A por la siguiente!

Nuestra primera vez en el parque de bolas

Parque de bolas

Fuente: Pixabay

La semana pasada llevé a Pegotito al parque de bolas. Fuimos con sus amiguitos del centro de salud (¡esta chica tiene mucha vida social!). Cuando era muy peque (a los 9 días de nacer, más o menos) empezamos a ir a un grupo de apoyo a la lactancia que organizaba mi matrona cada jueves, donde conocimos a otros bebes y sus mamis, con los que quedamos de vez en cuando. La verdad es que mola un montón verse a medida que el tiempo pasa. Ves cómo van creciendo los niños, a los que conoces casi desde que nacieron, y es muy especial. 🙂

Bueno, que me disperso… Que fuimos al parque de bolas y Pegoti se lo pasó genial. En cuanto llegó comenzó a abrir la boca poniendo cara de sorpresa y sonriendo de oreja a oreja.

En la zona de bebés pude estar con ella y con sus amigos y sus mamis jugando con las bolas y ayudándole a que se tirara por el tobogán. ¡Cómo disfrutaba! Yo me partía cuando se acercó a un amiguito suyo y comenzó a hablarle (en su idioma). ¡A saber lo que planeaban! 😉

Cuando regresamos a casa ella estaba súper feliz, así que volveremos pronto con papá, para que pueda ver cómo se lo pasa. La verdad es que son 3€ muy bien invertidos, ya que puedes estar todo el tiempo que quieras.

¿Sabéis lo que me hubiese gustado? Haberme metido dentro de la piscina de bolas, jeje. Es uno de mis sueños. 😉

¿A vuestros peques les gusta ir al parque de bolas?