Verano 2016. En busca del fresquito perdido ;)

Como dice un amigo mío, en Madrid tenemos 9 meses de invierno y 3 de infierno.  Menos el año pasado, que recuerdo el día de Navidad en mangas de camisa y con un sol de justicia y me entran sarpullidos solo de pensar en lo que se nos avecina (que es octubre y aún no he subido al trastero las camisetas de verano).

A lo que iba… Que en Madrid, o te pelas de frío en invierno (ya me gustaría, ya…), o te achicharras. Así que el verano pasado decidimos, una vez más, buscar el fresquito durante nuestras vacaciones. Y aunque nos salió el tiro un poco por la culata, al menos dejamos de sudar la almohada por las noches. Solo por eso mereció la pena 🙂

El primer destino de nuestro viaje fue Burgos, ciudad que nos conocemos ya bastante bien: este es el tercer verano que pisamos las tierras que antaño recorriera el Cid. Si es que…, cuando algo te gusta, para qué cambiar. 😉

De Burgos merecen la pena muchas cosas, pero yo recomendaría visitar el Museo de la Evolución Humana, con excursión a los yacimientos de Atapuerca incluida, el casco antiguo (aunque no entres a la Catedral, el exterior es precioso), la Plaza Mayor y pasear a orillas del río Arlanza, entre árboles y músicos que te alegrarán la tarde.

Paseando por Burgos. Diario de una mami.

Paseando a orillas del río Arlanza, en Burgos.

Catedral de Burgos. Diario de una mami.

Torres de la Catedral de Burgos, al fondo

¿Y para comer? El restaurante del Fórum del Complejo de la Evolución Humana fue un graaan descubrimiento, con parque de bolas para los peques. Porque viajar con niños es lo que tiene: ya vas buscando otras cosas 😉

Unas jornadas después de nuestra estancia en Burgos, rehicimos maletas, cargamos nuestra tonelada de equipaje y pusimos rumbo a Pirineos. 4 horas y pico de viaje, más paradas y alguna vomitona (por el amor de Dios, ¡menudas curvas!), nos separaban de lo que era nuestro siguiente destino: Oto, en Huesca, en pleno valle de Ordesa. Una pequeña aldea con casas de piedra y vistas a las montañas al lado de un pueblecito del que seguro que muchas de vosotras habéis oído hablar o oiréis en los años venideros: Broto.

Broto, Huesca. Diario de una mami

El río Ara a su paso por Broto, en Huesca.

Cascada de El Sorrosal, Broto, Huesca. Diario de una mami

Cascada de El Sorrosal, en Broto, a un minuto del casco urbano.

Iglesia de Oto, Huesca. Diario de una mami

Aquí la iglesia de nuestro pueblito, Oto.

Vistas desde Oto, Huesca. Diario de una mami

Excelentes vistas desde Oto.

Durante nuestra estancia aragonesa visitamos Torla, pueblo de entrada (y por eso excesivamente turístico para mi gusto) al Parque Nacional de Ordesa, hicimos alguna pequeña excursión por el campo y también degustamos, y bien, la gastronomía de la zona. Y de la no zona… Porque si pasáis por Broto, no podéis marcharos de allí sin entrar no una, sino muchas veces, en la pizzería La Tea.

En resumen: no nos pusimos ni un solo pantalón largo, ni una chaqueta, ni mucho menos los abrigos. Pillamos un verano demasiado cálido en la frontera con Francia. Pero lo pasamos bien. Y el río Ara sosegó nuestras almas…

Río Ara, Broto, Huesca. Diario de una mami

El río Ara, en Broto, de camino a Sarvisé.

¿Conocéis Burgos y Broto? ¿Os animáis? 😉

 

 

 

Camino Soria

Desde mis años mozos había tenido una idea en mente. Una idea normalita, no creáis. No voy a tirar por cosas del estilo:

Quiero dar la vuelta al mundo

Vivir en 8 países

Hacer la ruta Moscú-Vladivostok a bordo del Transiberiano

Mis pretensiones eran más de andar por casa, de quedarme en territorio patrio:

Quiero viajar a Soria mientras canturreo la canción de Gabinete Caligari 😉

Y en Semana Santa me llevé a mi esposo y a Pegotito a pasar unos días a la que llaman la provincia más fría de España, de lo que doy fe. 😉

En esta ocasión escogimos como cuartel general un pequeño pueblo llamado Molinos de Duero. Una población tranquila donde poder echarnos siestas de 2 horas, con edificios color sepia y ese sabor a brasero y chocolate calentito que recorre todas y cada una de sus calles adoquinadas. Y con un parque, por supuesto, que nos recibió el primer día de nuestra estancia.

Parque Molinos de Duero, Soria. Diario de una mami

Panorámica de Molinos de Duero, Soria. Diario de una mami

Panorámica de Molinos de Duero, Soria.

Callejeando por Molinos de Duero, Soria. Diario de una mami

Callejeando por Molinos de Duero.

En Soria, Pegotito pudo ver y tocar la nieve por primera vez. En el Punto de Nieve de Santa Inés descubrió lo fría que está y lo divertido que es tirar bolas a mamá (cría cuervos…). Pero, sin duda, lo que más le gustó y de lo que se sigue acordando (me lo dice cada día), es de las magdalenas que nos comimos en el restaurante de la estación de esquí, donde nos metimos para tomar algo calentito y protegernos de la nevada que comenzó a caer y que, afortunadamente, no duró demasiado.

Punto de nieve Santa Inés, Soria. Diario de una mami

¡Qué maravilla de paisaje!

También fuimos a la playa. En la zona de veraneo conocida como Playa Pita (o Embalse de la Cuerda del Pozo) pudimos dar un agradable paseo y saltar en los charcos para aprovechar las botas de agua que metimos en la maleta. Teníamos la zona para nosotros solitos, así que estábamos en la gloria, con el único pero de que no pudimos practicar piragüismo ni tomar algo en el bar. En fin, no se puede tener todo… 😉

Playa Pita, Soria. Diario de una mami

Aún recuerdo el olor a pino…

Playa Pita, Soria. Diario de una mami

Un estupendo lugar para practicar la meditación.

Y tuvimos nuestro ratito de montaña, of course. La Laguna Negra nos llamó y acudimos en su busca, atraídos por sus leyendas y el paisaje que la rodea. Pero una carretera cortada por la nieve y un Pegotito que no quiso recorrer subida en su Manduca los 7 kilómetros que nos separaban de ella nos hizo darnos la vuelta a la mitad del camino, no sin antes contemplar, maravillados, el espectáculo que se presentaba ante nuestros ojos.

Camino a la Laguna Negra, Soria. Diario de una mami

Camino a la Laguna Negra, Soria. Diario de una mami

Claro que, no nos íbamos a dejar vencer por el destino. Y un rato después nos encontramos, calentitos, en un restaurante de la vecina Vinuesa, fijando las pupilas en el crepitar del fuego de la chimenea.

Y, por supuesto, no podíamos perdernos Soria, ciudad de poetas y poesías a la orilla del Duero, mientras recorríamos el sublime paseo que nos llevaría hasta la ermita de San Saturio.

En la ribera del Duero, Soria. Diario de una mami

Paseando por la ribera del Duero, Soria.

Paseando por la ribera del Duero, Soria. Diario de una mami

Ermita de San saturio, Soria. Diario de una mami

Y he aquí la ermita de San Saturio, en Soria.

Porque, a veces, es posible disfrutar del mal tiempo. Solo hay que mirar con el cristal adecuado y ver cómo las cosas que se presentan grises, tornan de color. 😉

¿Conocéis Soria?

 

Visitando Las Médulas (III)

No podía cerrar esta serie de posts sobre nuestra luna de miel en Las Médulas (si te has perdido los dos primeros, los tienes aquí y aquí) sin hablar del lugar en el que nos hospedamos durante esa estupenda semana. Porque, sin duda, tiene parte de culpa (y mucha) de lo bien que lo pasamos.:)

El destino quiso que encontráramos el Complejo Rural Agoga de casualidad, buscando información sobre Las Médulas y lugares donde dormir. Y de nuevo la providencia nos dio la oportunidad de alojarnos en la Casa Rural Agoga que, afortunadamente, no era el apartamento del citado complejo que habíamos previsto en un principio. A veces las cosas pasan por algo. 😉

Casa Rural Agoga Las Médulas

Esta fue la casa donde nos quedamos. Increíble, ¿verdad? Fuente: http://www.ruralagoga.com/

Al principio no me gustó nada la idea de estar rodeada de pavos, gallinas y gallos (soy ornitofóbica), lo reconozco. A Pegotito, en cambio, le volvía loca salir a la puerta de la calle e ir a saludarlos, además de a los perros, los faisanes y los peces. Pero, poco a poco, me fui acostumbrando. Aunque eso sí, pasaba rauda y veloz por los aledaños cuando andaban pululando, por si las moscas. 😉

Casa Rura Agoga Las Médulas

Gallo y gallinas en el Complejo Rural Agoga

Pedro y Fina, los responsables de toda esta maravilla, nos recibieron con los brazos abiertos, a pesar de los duros momentos que tuvieron que vivir esos días de septiembre. “Pico de oro”, como llamaban a Pegotito, no paraba de saludarles siempre que les veía, regalándonos momentos preciosos a la luz de las estrellas. Son de esas personas que escasean en el mundo. 😉

Restaurante Casa Rural Agoga Las Médulas

Sin duda, comer en la terraza del restaurante del complejo es una experiencia increíble. ¡Y deliciosa! 🙂

Allí encontré la paz que llevaba tanto tiempo buscando. Aislados de todo y de todos, a los pies de unas montañas con ecos del pasado y rodeada de animales, me sentía una niña pasando los meses de verano en un pueblo al que ya poco volveré, por circunstancias puñeteras de la vida. 😦

Por eso, cuando llegó el día de la despedida y ya en el coche nos incorporamos a la A6, kilómetro 400, dirección Madrid, dejando atrás esas carreteras que me alejaban de Las Médulas, los ojos se me llenaron de lágrimas. Y recordé esa sensación que tienes cuando te alejas de algo o alguien a quien quieres y no sabes cuándo volverás a ver.

Hasta pronto, Médulas…

Visitando Las Médulas (II)

Después de una breve introducción histórica sobre Las Médulas y los romanos, hoy me detendré en los encantos de este acogedor pueblo y sus alrededores.

¿Qué hacer en el pueblo de Las Médulas?

Aula Arqueológica

Lo primero que te encuentras al llegar por carretera a Las Médulas es un aparcamiento lleno de coches y autocares y, justo al lado, el Aula Arqueológica. Si has decidido visitar la zona es porque te interesa la historia de la mina de oro, así que tu viaje comienza aquí. En el Aula te explicarán con todo detalle el por qué, el cómo, el cuánto, el quién y el cuándo. Si sales de ahí con dudas es porque quieres.

Ruta de La Cuevona y La Encantada

Súper recomendable esta ruta de senderismo que te conducirá hasta los impresionantes restos de dos de las galerías excavadas por los romanos para hacer explotar la montaña. Si quieres, podrás hacerla en grupo. Las visitas guiadas parten del centro de recepción de visitantes y, aunque nosotros somos mucho de ir por libres, la hicimos y nos encantó.

La-Cuevona.Las Médulas.Diario de una mami

Aquí La Cuevona. Impresionante, ¿verdad?

El camino te llevará, durante una hora aproximadamente, entre castaños centenarios, piedras cubiertas de musgo, zarzamoras donde engañar un poco al estómago y unos paisajes de impresión a los pies de las montañas rojizas tan características de la zona.

Las Médulas. Diario de una mami

Si vas con niños, mejor en una mochila portabebés. Algunos tramos tienen bastantes piedras y no me imagino empujando el carrito o la silla por ahí. 😉

Senda del Lago Somido

Un paseo cortito (unos 15-20 minutos) y fácil, apto para todos los públicos, te llevará desde el centro del pueblo hasta el lago Somido. Como apunte histórico cabe resaltar que el lago ocupa uno de los canales de lavado o agogas que los romanos emplearon en su trabajo de separación del oro y el resto de materiales (los llamados estériles). De nuevo, las moras servirán de merienda a los peques, si vais en temporada, claro está. 😉

Recoger moras

No puedo saber a ciencia cierta las moras que nos habremos comido, pero cada vez que íbamos de paseo por los alrededores del pueblo nos poníamos finos. A Pegotito le volvían loca. Se metía varias en la boca de una vez, como si se la fueran a arrebatar de las manos. Menos mal que el KH7 quita todas las manchas, porque si no habríamos tenido que tirar unas cuantas camisetas…

Comer tarta de castañas

Como comentaba, la zona está llena de castaños. De hecho las castañas representan, para muchas familias, una fuente importante de ingresos. Así que no puedes irte de Las Médulas sin probar la tarta de castañas. O sí. Así tendrás la excusa perfecta para volver.

Y embutidos de El Bierzo 😛

Salivando estoy al recordar el sabor de la cecina, el jamón, el queso, el chorizo, el salchichón… Sin palabras. he debido engordar dos kilos al menos. Pero, sinceramente, a quién le importa, que diría Alaska. 😉

¿Y en los alrededores?

Mirador de Orellán

El espectáculo al que asistes desde el Mirador de Orellán no se puede describir con palabras. Para llegar hasta aquí podrás hacerlo andando, tomando alguno de los caminos que parten de Las Médulas o, si tu forma física no es muy buena o vas con niños pequeños, mejor en coche, atravesando el pueblo de Orellán y continuando por la carretera debidamente señalizada. Eso sí, nada ni nadie te evitará tener que recorrer a pie, una vez dejas el coche en el aparcamiento, el tramo final de unos 700 metros con una pendiente bastante pronunciada. Pero las vistas merecen la pena, ¿o no?

Mirador de Orellán. Las Médula. Diario de una mami

Mirador de Orellán, Las Médulas. Diario de una mami

Dicen que el mejor momento para subir es la puesta de sol. No puedo dar fe de ello. A nosotros nos tocó un día nublado pero, ¿qué más da cuando lo que contemplan tus ojos es tan sublime?

En la base del mirador se encuentra la entrada a una parte de las galerías. Si os apetece adentraros en las profundidades de la montaña, ¡adelante! Nosotros no entramos. Llegamos cuando estaban cerrando y, además, nos daba cosa entrar con Pegotito.

Carucedo

A 4 km de Las Médulas se encuentra el pueblo de Carucedo. Interesante porque en su panadería podéis comer un pan de los de quitarse el sombrero.

También porque podréis visitar una réplica de una casa romana, una domus itálica y comprar avituallamiento en su “Autoservicio González” , que os sacará de más de un apuro. 😉

Lago de Carucedo

Carucedo resulta también recomendable por su lago, formado por la acumulación de materiales estériles de la mina.

Lago de Carucedo. Diario de una mami

Cuenta con un chiringhito y una zona de césped estupenda para que los peques puedan correr a sus anchas. Y para los amantes de las piraguas y las canoas también es perfecto, pues puedes alquilar una y adentrarte en sus aguas.

Villafranca de El Bierzo

Casi rozando con mis queridas terras galegas se encuentra Villafranca de El Bierzo, la pequeña Compostela,  lugar de paso de peregrinos camino de Santiago y, también, fin del periplo para muchos. No en vano, en esta localidad los impedidos pueden alcanzar el Jubileo si acreditan que no pueden continuar su viaje. Eso sí, tendrán que atravesar para ello la Puerta del Perdón de la Iglesia de Santiago que, lamentablemente, solo se abre en Año Santo (hasta el 31 de diciembre de 2020 todo peregrino deberá llegar hasta la Catedral de Santiago para que le otorguen la “Compostela”.).

Hacia Santiago. Villafranca de El Bierzo. Diario de una mami

Villafranca alberga muchos tesoros, que solo descubrirás si recorres sus calles adoquinadas que desprenden, todavia, un olor a épocas pasadas, con notas a palacios, oficios, armaduras, doncellas, caballos…

Villafranca de El Bierzo, Diario de una mami

Calle del Agua, en Villafranca.

Recomendable visitar su castillo, al menos por fuera (es de titularidad privada), la Plaza Mayor, detenerse unos minutos en su puente medieval sobre el río Burbia y respirar ese ambiente reservado solo a lugares especiales.

Ponferrada

Lo nuestro tiene delito, poco, pero lo tiene. Nos acercamos a Ponferrada en dos ocasiones, pero no pasamos del Carrefour. ¿Nos mola el Carrefour más que a un tonto un lápiz? Pues no, pero era el lugar que nos pillaba más a mano para comprar avituallamiento. 😉 Lo malo de pasar unos días en un pueblecito tan pequeño como Las Médulas es que tienes que desplazarte en coche a poblaciones más grandes para comprar cualquier cosa. Y, al final, acabas harto de tanta carretera y tanto desplazamiento, así que prefieres otros planes.

En definitiva, que nos perdimos su castillo templario. ¡Con lo que me gustan a mí estas fortificaciones! 😦

Aunque, mirándolo por otro lado, tenemos la excusa perfecta para otro viajecito. Porque el invierno es muy largo y nos regalará días de sol que hay que aprovechar. 😉

Visitando Las Médulas (I)

Como os contaba en mi post anterior, hace cerca de un mes (¡un mes ya!) decidimos darnos el “sí, quiero”, o el “sí, consiento”, pues la nuestra fue una boda civil.

Tuvimos luna de miel, aunque un poco distinta a lo que suele ser lo habitual. Nos fuimos los 3 de viaje y a un destino no muy exótico pero que para nosotros, pareja amante del monte y del norte, resultaba perfecto y teníamos muchas ganas de conocer: Las Médulas, en León, comarca de El Bierzo. Jesús Calleja estaría orgulloso de nosotros. 😉

Así que unos días después del casamiento, pusimos rumbo a tierras leonesas. Llegamos al pueblo de Las Médulas en mitad de una ciclogénesis que barrió la Península Ibérica durante un par de jornadas y que nos hizo estar metidos en casa durante casi 48 horas. Era poner un pie fuera y empezar a jarrear como si no hubiera un mañana. Parecía que estuviéramos viviendo el diluvio universal. Y eso, unido a la niebla que casi no dejaba ver las montañas, nos hacia preguntarnos: “¿Qué leches estamos haciendo aquí”? Menos mal que después de la tormenta siempre llega la calma. Y entonces comenzamos de verdad a saborear el viaje. Un viaje que nos supo a moras, castañas, embutidos y con un gran regustillo a historia, mucha historia. 😉

Además de ser un pueblo tranquilo y acogedor, aunque a veces alborotado por un montón de turistas que se acercan a recorrerlo y perderse por sus parajes entre montañas, Las Médulas, declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1997 por la UNESCO, son los restos de la mayor mina de oro a cielo abierto de la que se tiene constancia explotada por los romanos durante doscientos años, entre los siglos I y III.

Y digo restos porque lo que vieron nuestros ojos y pueden contemplar ahora los vuestros son los testigos de la montaña maciza que había y que fue reventada empleando la técnica de la ruina montium, consistente en deshacerla mediante la excavación de galerías internas por las que hacían discurrir gran cantidad de agua a gran velocidad.

Las Médulas. Diario de una mami

Las Médulas. Diario de una mami

El agua era transportada hasta el lugar a través de canales construidos ad profeso por los trabajadores de la mina (esclavos o no, ahí está el dilema) y almacenada en depósitos para, después, proceder a penetrar por el interior de la montaña dispuesta a hacerla estallar en pedazos.

Las Médulas. Diario de una mami.

¡Mirad! Un resto de una de las galerías excavadas para reventar la montaña.

Los cantos grandes se desechaban en montones llamados murias, que aún hoy pueden encontrarse, cubiertos de musgo, si se realiza alguna de las rutas de senderismo por la zona (muy recomendables las de La Cuevona y La Encantada para contemplar las montañas rojizas, perderse entre castaños centenarios y comer moras). El resto de materiales se lavaban en canales de madera denominados agogas y se filtraban utilizando ramas de brezo para retener las preciadas pepitas y así mantener el sistema monetario creado por el emperador Augusto. Porque parece ser que esta fue la razón de ser de la mina, una mina enorme pero poco rentable.

Castaño en Las Médulas. Diario de una mam

Mirad qué castaño tan hermoso. Si vais por allí, no dudéis en pedir tarta de castañas en algún restaurante. 😉

Interesante, ¿verdad? 😉 No lo serán menos los siguientes posts, donde os contaré qué otros encantos descubrimos en el pueblo de Las Médulas, así como lugares próximos que merece mucho la pena visitar. Porque Las Médulas resultó ser un lugar estratégico para adentrarnos un poco más en El Bierzo. Y eso que solo fuimos una semana… Sin duda, Castilla y León es vida. 😉

Vacaciones de verano en tierras cántabras. O la primera vez que Pegotito vio el mar

Casi un mes después de volver me lanzo a contaros nuestras vacaciones de verano. Más vale tarde que nunca. 😉

Este año queríamos que Pegotito conociera el mar. Tiene tanta fijación con las piscinas (“agua gande” las llama), muy a mi pesar, que pensábamos que con el mar fliparía en colores.

Solo pusimos un requisito: escapar del insufrible calor que hemos padecido en Madrid durante los meses de junio, julio y parte de agosto, así que nos decantamos por el norte (como viene siendo habitual en nuestras escapadas veraniegas), en concreto Cantabria.

Así que el día 4 de agosto pusimos rumbo a Tagle, un pequeño pueblecito casi en la costa (y digo casi porque la playa está a unos 15 minutos andando o 2 en coche), pegado a Suances y muy próximo a Santillana del Mar.

Playa de Tagle

Aquí la playa de Tagle. Esta foto no es mía. Fuente: http://fotosdelamsfus.blogspot.com.es/2012/06/en-la-playa-de-tagle-todavia-es.html

El viaje fue un poco accidentado: entre que nos olvidamos los papeles del coche y tuvimos que regresar a por ellos cuando estábamos saliendo de Madrid y la vomitona de Pegotito con la que entramos triunfantes en Burgos, al estilo de El Cid, el periplo se alargó más de lo debido y acabamos comiendo casi a las 4 de la tarde, una vez desembarcamos en la casa que habíamos alquilado y sacamos los bártulos del coche. Pegotito encantada, oye. No me explico cómo puede estar alguien tan campante cuando ha echado los higadillos junto con todo el desayuno de las 11 de la mañana, con su zumo, sus galletas, su croissant… , tener el estómago medio vacío y aún sacar fuerzas para corretear por el jardín y decir “hola” a todo bicho que se encontraba por el camino, incluidos animales y seres inertes. Esto es más inexplicable que el hecho de que Bertín Osborne tenga su propio programa de entrevistas. Ahí es nada… 😉

Esa noche supimos lo que era dormir a pierna suelta, como no experimentábamos desde hacía semanas por las altas temperaturas. Desde luego, hacerlo con pijama de invierno y arropaditos con mantas nos dio la vida.

A lo que íbamos…, la playa. ¿Que si le gustó a Pegotito? Pues sí y no a la vez (esto es como lo del Gato de Schrödinger. Llamadme friki si queréis). El mar le volvió loca. Pero la arena… Caminar descalza por esa materia marrón era como pisar las ascuas de una hoguera: “¡daño, mamá!”. Así que se pasaba el rato de playa (tampoco es que nos guste mucho tirarnos las horas muertas allí) sentada en la toalla jugando con el cubo y la pala y vigilando atentamente cualquier granito de arena que osaba pegarse a su delicada piel. Y eso ya sabéis que, en la playa, es misión imposible.

Hicimos alguna excursión por los alrededores. Como os decía, teníamos Suances a tiro de piedra, así que aparte de ir allí a comprar avituallamiento (en Tagle solo había un bar con una pequeña parte de tienda que se llamaba “Centro comercial”. ¡Nos partimos de risa cuando lo vimos!), aprovechamos para pasear y mojarnos un poco en la playa. Porque, contra todo pronóstico, hemos ido a la playa muchos días. El tiempo en el norte no es tan malo como dicen. Y si lo es, es igual. Coges los bártulos y a la calle. 😉

Si pasáis por allí, os recomiendo una panadería, pastelería y restaurante (lo tiene todo) llamada La Gallofa. Es, simplemente, IN-CRE-ÍBLE. El pan, delicioso; los bollitos, tartas y pasteles exquisitos. Y las pizzas… ¡Cómo describir el olor a pizza que impregnaba el local cuando entrabas a comprar el pan! Te daban ganas de comértelo todo y repetir hasta morir… Alguna tarde de estas de llueve-no llueve-llueve-no llueve acabamos allí merendando los tres, alrededor de una mesa de madera con vistas a la calle.

La-gallofa.-Diario-de-una-mami

También visitamos Santillana del Mar, mi sueño desde que iba al instituto y estudiábamos el arte prehistórico. Pues toma decepción, y por partida doble. El pueblo es precioso, por descontado, pero más masificado que la Gran Vía de Madrid en Navidad. Si os digo que había cola para entrar con el coche y que en vez de calles había riadas de gente os hacéis una idea. Y, para colmo, nos quedamos sin poder visitar el Museo de Altamira. ¡Cómo me iba a imaginar que había que reservar las entradas y que en taquilla no se podían adquirir para el día siguiente! ¡Si en Burgos no habíamos tenido problemas el año anterior para visitar el Museo de la Evolución Humana, yacimientos de Atapuerca incluidos! De hecho creo que nunca me he quedado sin entradas en ningún museo, ni en el Louvre, ni en la National Gallery, ni en el Museo Van Gogh de Ámsterdam, ni en el Prado. ¿De verdad es tan increíble la reproducción de la cueva original, la Neocueva, que hay que pedir cita con anterioridad? A ver si ponen más facilidades…

Lo que sí visitamos, y he de decir que fue una grata sorpresa, fue el Zoo de Santillana. ¡Qué bien lo pasamos viendo las distintas especies! ¡Y qué grande! Súper recomendable para ir con los peques para que puedan ver tigres, primates, leones, bisontes, cocodrilos, búhos, ciervos…

Zoo de santillana del Mar. Diario de una mami

El orangután de Sumatra más longevo del zoo de Santillana. Impresiona, ¿eh?

En definitiva, fueron unos días de no hacer nada, de jugar a todas horas, de vivir sin prisas. Pero, sobre todo, de disfrutar los tres de nuestra pequeña familia.

Y por fin pudimos decir que…

Playa.-Diario-de-una-mami

Aunque con un poco de retraso…, ¿qué tal vuestras vacaciones? 😉

Sigüenza, la ciudad del Doncel y de los parques

Hace siete días estábamos en Sigüenza. Decidimos que sería nuestro destino para esta Semana Santa y el día anterior preparamos el equipaje para un mes cuatro días. Ésta es la aplicación a la vida real de la archiconocida frase de madre: “Te da igual ocho que ochenta, ¿verdad?” Pues sí, lo cierto es que sí, pero cambiando la cifra, porque el maletero va igual de petado para tres días que para treinta. ¿Cómo es posible? ¡Si parece que estamos en plena operación de paso del Estrecho! Para que os hagáis una idea, no podemos llevarnos la cuna de viaje de Pegotito porque no nos cabe, así que es nuestro requisito sine qua non para viajar: “O me pones cuna de viaje o me voy a otro hotel”.

Con tal panorama ante mis ojos antes de salir de casa, no sé cómo no me entró la pereza más absoluta. Bueno, he de reconocer que siempre me entran tentaciones de encerrarme en la habitación con siete candados y poner el cartelito de “No molestar”, pero es que si no, no iríamos a ningún sitio. Así que… ¡Carretera y manta!

El camino fue de maravilla. Pegotito se durmió a la media hora y abrió los ojos cuando llegamos, una hora más tarde. Ni vómitos ni amagos, así que ¡prueba superada! Otros día os contaré los shows que tengo que montar para que no ponga todo perdido cuando vamos en el coche…

Hicimos turismo por allí: la Catedral de Sigüenza, a la que entramos un montón de veces porque a Pegotito le gustaron mucho las vidrieras (y eso que no son demasiado vistosas porque son románicas), con su famosa escultura funeraria del Doncel; el castillo (¡me encantan!), hoy convertido en Parador Nacional; la casa de Martín Vázquez de Arce, el ya mencionado Doncel, el caballero guerrero de Sigüenza… Pero, sobre todo, callejeamos, caminamos, subimos y bajamos cuestas y… Tapeamos. Sigüenza es un lugar estupendo para saborear esas exquisiteces en miniatura y llenar el estómago… ¡Humm! Muy recomendable es la taberna Gurugú, especializada en tapas medievales.

También tuvimos nuestro momento bucólico campestre. A menos de 10 km se encuentra el pueblo de Pelegrina, desde el que acceder al barranco del río Dulce. Así que como nosotros somos más de campo que las amapolas, allá que nos fuimos, con Pegotito en su Mandu (Manduca, la mochila portabebés). Fijaos lo a gustito que iba por la Hoz de Pelegrina, escuchando el sonido del agua y el canto de los pajarillos, que se quedó sopa todo el rato que estuvimos caminando. Como nota curiosa diré que siguiendo esta ruta se llega al mirador de Félix. Sí, de Félix Rodríguez de la Fuente, creado en su honor porque frecuentaba estos parajes para filmar sus documentales.

Pelgrina, río Dulce. Diario de una mami

Pueblo de Pelegrina, con los retos de su castillo al fondo.

Pero si tengo que destacar una característica de Sigüenza, diré que lo que más me llamó la atención fue la cantidad de parques de los que dispone. Y lo mejor de todo…, ¡con columpios para bebés! Sí, de esos en los que puedes dejar a tu hijo con toda tranquilidad y empujarle lo que quieras porque no se va a salir. Estuvimos en tres: dos al principio y al final del Parque de la Alameda, un parque neoclásico precioso, y otro al lado del castillo. Para una población de 4712 habitantes, según la Wikipedia, no está nada mal. Vale, no tengo ni idea de cómo está la proporción en otras ciudades, pero a mí que hubiera columpios de bebés en todos los parques que pisamos, me pareció un acierto. 😉

Parque infantil en Sigüenza

Aquí una de las zonas infantiles del Parque de la Alameda. Fuente: http://bit.ly/1CzgXRF

Quizá el tema parques no sea la principal razón para ir a un sitio, ni mucho menos, pero ahora mismo para nosotros es un aliciente. Porque Pegotito es feliz jugando con la arena y montándose en los columpios y cualquiera le dice “hoy no hay parque”. Así que si os ha gustado el post y os apetece visitar la ciudad del Doncel con niños, ya sabéis que tenéis el éxito asegurado. 😉

¿Qué tal vuestra Semana Santa? ¿Habéis hecho alguna escapada?