Los 3 usos (alternativos) de un orinal

Hace un par de meses Pegotito comenzó a llamar a las cosas por su nombre: al pis pis y a la caca, pues caca. O “tata”, como dice ella. Así que yo, happy de la vida, decidí que debía hacerme con un orinal sí o sí, ya mismo, ese día justamente (parecía que me iba la vida en ello), porque comenzaríamos a intentar la llamada “Operación pañal“.

Orinal. Operación pañal. Diario de una mami

Aquí el orinal que compré, con su tapa y todo.

A día de hoy, la verdad es que poco hemos avanzado, lo confieso. Tuvimos varias intentonas, pero se echaba a llorar cual magdalena cuando la dejaba con el culillo al aire por casa y se hacía pis en el suelo, así que reculé. Total, ya habrá tiempo 😉

Además, lo cierto es que ella no estaba muy por la labor. Sobre todo porque ha descubierto que el orinal tiene otros usos, mucho más divertidos que la función escatológica a la que está reservado.

Esto me recuerda a un programa que echaban por la tele allá por los 90, No te rías que es peor. ¿Os acordáis? ¡Qué mítico! El señor Barragán, Pedro Reyes y Cía amenizaban mi tiempo de comida y sobremesa antes de volver al cole. 🙂

Me viene a la memoria, en concreto, una prueba de dicho programa, en el que los concursantes debían inventarse usos alternativos a ciertos objetos. Por ejemplo, si les daban un palo (¡un paloooooo!), podían decir que servía para rascarte la espalda, o para hacer cosquillas a tu hermano, o para… ¿Para qué sirve un palo realmente? 😉

Así que hoy, en mi propio No te rías que es peor, presento…

¿Usos de un orinal?

De correpasillos

Para Pegotito cualquier cosa susceptible de ser arrastrada es un correpasillos: banquetas, sillas, el típico escalón de Ikea que tienes en el baño o en la cocina para ayudarte a alcanzar lo que está en alto… Y con el orinal no iba a hacer la excepción, claro está.

De moto

Cuánto daño han hecho los creadores de estas motos de niños, con las ruedas grandes, que se ven en todos los parques… Pegotito se lanza rauda y veloz a cualquiera que tenga una para intentar arrebatársela. da igual que el dueño tenga cinco años y le saque tres cabezas, ¡bah! Lo gracioso es que tenemos una en el trastero, heredada de una de sus primas, y que sacamos en contadas ocasiones para que no se tire todo el rato arrastrándola (no le gusta subirse) en el parque y se olvide del resto del mundo.

Y el orinal le vino a huevo. Porque encima tiene agarraderas o, según ella, manillar. Si es que, todo depende del cristal con que se mira. 🙂

Como cuna para los muñecos

¿Que sus bebés y peluches no tienen cuna? No pasa nada, porque ella los mete en el orinal y tan feliz. Los tapa con una toalla o una funda de almohada de las que vienen en los juegos de sábanas para la cuna (nunca sabré con qué fin) y listo. Desde luego, no pienso comprarle una cuna de juguete porque estoy segura de que ni la mirará. Con el orinal y las cajas de zapatos nos apañamos en casa. Asín (admitido por la RAE. No doy crédito, como los bancos) somos nosotros.

De momento esperaremos a iniciar de nuevo la “Operación pañal”. Mientras, seguiremos jugando con el orinal. 🙂

¿Vuestros peques también le descubrieron usos alternativos a la bacinilla?

Yo no quería un carro…

Cochecito muñecas

No quería que Pegotito tuviera un carrito de muñecas. ¿Por qué? ¿Solo por el hecho de ser una niña? Me resistía a empezar con los arquetipos en el tema juguetes.

Pero claro, no puedo luchar contra la sociedad. Y ella parece que ha elegido que sí le gustan. Por eso se lanza como pollo sin cabeza a por todo carrito, patinete o moto solitaria que se encuentra en el parque o por la calle, solo por el placer de arrastrarlo unos minutos, hasta que su dueño hace acto de presencia y se lo arrebata de las manos, causándole un berrinche de cuidado. ¡Ay, qué crueles son los niños! Incluso Pegotito, no creáis. 😉

Así que ayer me comí mis principios y le compré un carro. ¡Zas, en toda la boca! Y yo, que había puesto a Dios por testigo de que jamás sucumbiría a los estereotipos jugueteros, me encuentro con un carro en casa. Y en tonos rosas, para más inri (ya os he hablado de mi aversión a ese color).

¿Y qué me decís de los precios de los cochecitos de muñecas? Llegué a la juguetería advirtiendo de que mi presupuesto eran 30€ y la dependienta me puso cara de:

¿Tú que piensas encontrar por ese dinero? ¿El carro de Los Diminutos?

Los Diminutos

Dedicado a las madres de los 80 😉

Allí había carritos de hasta 80€, que venían con su capazo y su silla de paseo. ¡Un poco más y me compro el real! La gente que adquiere eso, ¿dónde lo mete después? Porque nosotros tenemos ya el trastero a reventar, a pesar de que hay muchas cosas que nos han dejado y que, afortunadamente, han vuelto ya a sus dueños.

Pero vamos, que yo salí de ahí con un carrito de menos de 30€. Porque ya me parece a mí que cinco mil pelas de las de antes es un precio asequible para un cochecito.

Y vosotras, ¿a qué habéis sucumbido en esto de las compras, ya sea de juguetes o no? 😉