Crónica de un retiro anunciado

Lo veía venir, me lo pedía el cuerpo. ¿Cómo seguir si no tenía tiempo ni para mí misma?

Necesitaba parar una temporada, fluir, hacer lo que de verdad me apeteciera. Y así ha sido cómo he estado desaparecida del mundo blogueril durante estas 4 últimas semanas, aprovechando para echarme la siesta los fines de semana junto a mi pequeña saltamontes o ver series por las noches con mi santo esposo (estamos súper enganchados a Sons of Anarchy).

Me ha venido bien, lo reconozco. Pero también echo de menos escribir, leeros y comentar. Por eso no he podido resistir la tentación y…

He vuelto. Terminator. Descanso blog

Pero eso sí, mis apariciones estelares se dilatarán en el tiempo. Porque qué queréis que os diga, a mí la siesta me puede, y mucho. Y en ocasiones hay que elegir, máxime cuando tus ratos de asueto se reducen a la mínima expresión. Porque soy de esas mujeres y madres incapaces de sacar una hora al día para ellas mismas. En fin, no soy perfecta. 😉

Estaré por aquí, aunque quizás un poco más en la penumbra. Si me necesitáis, tan solo silbadme y ya voy. 🙂

Con cariño,

Diario de una mami

Los imprescindibles para la “Operación Pañal”

Elementos imprescindibles para la operación pañal

Soy una persona impulsiva. Me muevo por señales, por intuición, por corazonadas, en la mayoría de los aspectos de mi vida. Si siento que debo hacer algo lo hago y punto.

Así me ocurrió un día del pasado mes de febrero, en el que ante la atónita mirada del papá de Pegotito, le dije: “Ha llegado el momento de quitarle el pañal. Está preparada”.

Y pusimos en marcha el operativo, que pasó por proveernos de 5 cosas imprescindibles:

Paciencia en grandes dosis

Amigas, amigos, si vais a comenzar a retirar el pañal a vuestros hijos o estáis inmersos en plena operación y andáis buscando información por Internet como locos (todos lo hemos hecho, lo confieso), lo primero de todo es que, ante un escape (de aguas menores o mayores) os evadáis y penséis que estáis en medio de una playa del Caribe en la que nada importa. Eso os dará fuerzas para no gritar y esbozar una sonrisa de oreja a oreja cuando sea la quinta vez que cogéis la fregona en un día o contempléis la montaña de ropa sucia que se acumula en el cesto de la lavadora. Para que luego digan que los padres no somos polifacéticos, si sabemos hasta de arte dramático. 😉

Porque, aunque tu cuñada o tu mejor amiga te digan que tienen unos prodigios de hijos que ni se mearon ni se cagaron encima ni una vez (cosa que pongo en duda), lo cierto es que los accidentes ocurren. Porque, a veces, la mejor forma de aprender es conocer cuáles son las consecuencias. 😉

Comprensión

Por norma general el pañal se suele quitar en torno a los 2 años, meses arriba, meses abajo, en función del ritmo de cada pequeñín. Eso significa que un niño ha estado haciendo sus necesidades durante unos 730 días a su libre albedrío: en cualquier postura, situación y lugar. Y ahora, de buenas a primeras, pretendemos que lo haga cuando y donde nosotros queramos. Sí, amigas, con ese pensamiento ya os digo que se masca la tragedia… 😉

Ropa de cambio a mansalva

Es igual la fecha que elijas para librarte del pañal (en mi opinión de madre, no de experta en psicología infantil, debe ser el niño el que decida, bien porque lo pida o porque dé muestras suficientes de independencia y autonomía). Si no quieres estar lavando todos los días, tendrás que hacer acopio de tanta ropa interior y pantalones como quepan en tus cajones (pareado al canto). 😉 Súmale también un par de zapatillas de estar en casa y de zapatos de recambio, porque quizá los necesites.

Orinal o reductor de wc

Compra los 2, porque si solo tienes una cosa, seguro que quiere la otra (tanta prisa en hacernos con un orinal, como os contaba hace tiempo en mi post Los 3 usos (alternativos) de un orinal y al final ha acabado en una bolsa en el trastero). La Ley de Murphy en toda regla. Lo más cómodo, sin duda, el reductor de wc. Así todo lo que sale cae dentro y se va a golpe de cisterna.

Tapones para los oídos

Deberían ir incluidos en las canastillas que nos entrega la matrona o en las que nos encontramos en la habitación de los hospitales al dar a luz. Ni cremas, ni chupetes. Lo mejor, lo más práctico, unos tapones para los oídos. Para no escuchar la sarta de estupideces y comentarios que llegará a tus orejas tras cada decisión que tomas a lo largo de tu maternidad, incluida la operación retirada del pañal, del tipo:

– ¡Pero hombre! ¡Si el pañal se quita en verano!

– ¿Y si se moja la criatura? ¡No la cambiarás en plena calle!

– ¿Se lo habéis quitado de golpe? ¡Qué barbaridad!

¿Qué os parece mi listado de imprescindibles para la operación pañal? ¿Qué más añadiríais?

 

 

 

 

 

10 criterios personales a la hora de elegir colegio

Criterios para elegir colegio

Y con personales quiero decir eso: personales. Porque, como dijo Ortega y Gasset, “Yo soy yo y mi circunstancia”, que pueden ser (y serán) completamente distintas a las vuestras. O no, quién sabe… 😉

10 criterios personales a la hora de elegir colegio

1. En el primer puesto, la cercanía (de hecho creo que, para nosotros, es el más importante). Somos de la opinión de que al colegio hay que ir andando. Así es como íbamos nosotros y, por ende, así queremos que vaya Pegotito. Nada de recurrir al coche, salvo diluvios universales o ventoleras que amenacen nuestra integridad fisica. 😉

2. En segundo lugar, tema escatológico donde los haya, no quiero que mi hija, que acaba de dejar el pañal (¡Operación pañal casi completada! Os lo contaré otro día), se pase las horas con la ropa mojada porque tenga un escape y nadie del centro albergue el más mínimo atisbo de humanidad para cambiarla. Porque no es lo mismo nacer en enero y ser completamente autónomo a la hora de acudir al wc que haber tenido la poca fortuna (como lo consideran algunos) de ser de finales de año y andar más apuradillo en lo que al control de esfínteres se refiere.

Hay coles en los que hay una persona del AMPA que se ocupa de estos menesteres o en los que los propios profesores echan una mano (o dos) si llega el caso. Y otros en los que no se las manchan para limpiar las mierdas de los demás.

3. Ahora nos ponemos reivindicativos 😉 Escuela pública: de todos para todos. Preferimos que, en la medida de lo posible, nuestra hija vaya a un colegio público, con sus cosas malas y sus cosas buenas, representativo de la diversidad que se va a encontrar en la vida.

4. Llevar a Pegotito a un cole con una trayectoria consolidada a lo largo de más de una, dos o tres décadas, nos da confianza. Sobre todo si se trata de un centro en el que han estudiado familiares y vecinos de toda la vida, gente honrada, trabajadora y buenas personas, para nosotros lo más importante.

5. En cuanto al modelo educativo, nos gusta la educación por proyectos, mucho más creativa que lo que se estilaba en mi época: con el libro de texto y las fichas todo el día a cuestas. Nos parece mucho más enriquecedor y motivador para todos, padres incluidos. Porque nos tocará aportar nuestro granito de arena y eso, amigas, nos gusta. ¡Nos encantará que nos hagan partícipes de la vida colegial de Pegotito! 🙂

6. ¡Hombre, el bilingüismo! Con él hemos topado… Nos parece importante, y mucho, que comience a familiarizarse con el inglés desde ya mismo (en casa hacemos lo que podemos). Pero claro, el modelo típico de aproximación al idioma anglosajón que se trata de imponer desde la Comunidad de Madrid no nos convence nada de nada. Así que no es nuestro requisito más relevante a la hora de elegir colegio. Lo sitúo en sexto lugar por no ponerle en el décimo, por el qué dirán… 😉

7. El horario ampliado. Supongo que tendremos que recurrir a él en algún momento. Porque teniendo en cuenta que la mayoría de los colegios no abren sus puertas hasta las 9 o 9:30 h y hay que llegar al trabajo después, a ver qué hacemos  con nuestra criatura…

8. La comida del comedor. En principio serán los abuelos de Pegotito los que se ocupen de recogerla a mediodía y darle de comer, pero nunca se sabe lo que puede ocurrir en un futuro. Y dado que prácticamente todos los colegios cuentan con comedor escolar, lo que más nos preocupa es la comida: que se prepare allí cada día y la procedencia de los alimentos, así como que el menú sea equilibrado y no se recurra a los fritos a diario son temas que, como padres, nos traen de cabeza.

9. Las clases extraescolares. No somos partidarios de apuntar a Pegotito cada día a una actividad. Y menos al principio, con 3 años. Creemos que a ciertas edades lo que tienen que hacer es jugar en el parque, con sus padres y amigos. Pero, sinceramente, necesitamos contar con una oferta de actividades extraescolares variada, divertida y económica para, llegado el momento, poder elegir y que ella también manifieste sus preferencias.

10. El horario escolar. Conocemos muy pocos colegios, por no decir uno o ninguno, en los que la jornada sea continua y los peques no tengan que volver a las clases por las tardes (lo que, como madre, me parece regular. Vale que es muy complicado conciliar vida laboral y familiar, pero con 3 años son muy pequeños para dejar de dormir siesta). Así que, como esto es más una imposición que una opción, situamos este criterio en décimo y último lugar. 😉

¿Qué otros criterios son importantes para vosotras a la hora de elegir colegio?

¿Elegir colegio?

Elegir colegio

Sé que es un tópico de los grandes pero… ¡Qué rápido pasa el tiempo! Tanto, que no puedo creer que hace nada estuviera cogiendo a Pegotito en brazos por primera vez, tan pequeña y tan frágil, y hoy estemos preparando los papeles para solicitar plaza en el que será su cole durante los próximos 12 años.

Somos una de esas familias de clase media que, como cada primavera, se enfrenta a una de las decisiones más importantes que influirán en la vida de su hijo: la elección del colegio. Y he de confesar que siento algo parecido al miedo, miedo a lo desconocido. Porque no sé si estaremos eligiendo bien, porque temo que a lo largo de su etapa escolar se encuentre con sujetos impresentables que dejen una huella imborrable en su personalidad, porque no quiero que le transmitan ideas contrarias a lo que tratamos de inculcarle en casa. Porque crece, porque ya no es un bebé.

Y sobretodo siento miedo porque, tras mucho ir y venir, visitar colegios en sus llamadas jornadas de puertas abiertas, que yo denomino “en horarios no aptos para padres trabajadores fuera de casa” e informarnos sobre modelos educativos, instalaciones, ventajas o no de lo que se ha dado en llamar bilingüismo aquí en Madrid y un largo etcétera, nuestra decisión no será tenida en cuenta. Mi hija terminará yendo al colegio que le asigne una comisión en función de una puntuación que no nos beneficia lo más mínimo: no tiene más hermanos dentro del centro (ni fuera), ni contamos con una minusvalía y no nos falta que comer a diario, afortunadamente. Eso, unido a que la oferta y la demanda casi nunca van de la mano (hay pocos coles para muchos niños), al final todos elegimos los mismos  y el empate se resuelve por un estricto sorteo que, como los penaltis, son injustos para unos y hacen tocar el cielo a otros.

¿Tendremos suerte y entraremos en uno de los 3 colegios de nuestra lista? ¿O deberemos resignarnos a llevar cada día a Pegotito a un centro que no nos gusta, lejos de casa y con un método, unos valores o unas circunstancias que se alejan mucho de las que queremos que imperen en su educación?

En fin, queridas familias, alea jacta est, como dijo una vez Julio César al pasar el Rubicon, la suerte está echada. Que la Fuerza nos acompañe. 😉

¿Cómo lleváis la eleccción de cole? ¿Muchos candidatos? ¿Está complicado que os asignen el que queréis o no suele haber problema?

Operación “paso a su habitación y dormir en su cama” (II)

Colecho

(Nota: no sé por qué extraña razón WordPress no me deja añadir la url de la fuente de la imagen como pie de imagen, así que aquí va: http://bit.ly/1QE1LdV)

Lo hicimos. En las pasadas Navidades decidimos tirarnos a la piscina y emprender la operación “descolecho“. Y, aunque mis augurios eran bastante nefastos, tal y como os conté en mi post Operación “paso a su habitación y dormir en su cama”, a veces la realidad supera a la ficción y he de confesar que no fue nada mal.

Nuestras armas: libros, estrellas pegadas en el techo, una luz pequeñita (quitamiedos la llaman) y nada de llantos. A la mínima expresión de tristeza, al más pequeño atisbo de pucheros a la hora de dormir, servidora cogía a su pequeño saltamontes y emprendía el camino a la alcoba familiar. Hasta que un buen día, Pegotito se quedó sopa en cuestión de minutos, tras leerle su cuento favorito y apagar la luz. Y aunque hice un ruido espantoso pisando con la rodilla la tabla de la tarima que más suena de toda su habitación (¡maldición! ¡Lo de arrastrarme por el suelo me va a salir caro!), ni se inmutó. Así que mamá pudo respirar tranquila después de haber contenido la respiración durante quince largos segundos. ¡Yeah! 😉

Pero…, ¿¡qué sería del ser humano si no tropezara dos veces con la misma piedra!? 😉 Porque lo cierto es que, a día de hoy, puedo prometer y prometo que hemos vuelto a colechar los 3 en nuestra pequeña cama de 1,35…

WTF!

¿Cómoooorrr?

¿Pero esta mujer se ha vuelto loca?

¡Caray con la crianza con apego!

¡Menudo martitio!

¡Qué hippismos, por Dios!

 

Sí, sí, llamadme loca, hippie o lo que queráis. Pero yo estoy más feliz que una perdiz. 😉

Porque soy madre, pero es que también soy la “elegida” para acompañar a mi chicoleta hasta que se queda dormida. Y puedo aseguraros que en ocasiones tarda hasta 45 minutos en entregarse a los brazos de Morfeo: 45 minutazos que he de estar sentada en el suelo, con mi culo pegado a la tarima y a punto de caerme de extenuación (es lo que tiene levantarse a las 6 de la mañana, que a las 9:30 de la noche ya no te quedan ganas de nada). Por no hablar de que lo de jugar a ser un ninja y salir de puntillas de la habitación o arrastrarme cual marine en sesión de entrenamiento cuando presiento que se ha quedado dormida es divertido la primera vez. A la tercera ocasión que abre el ojo te dan ganas de hacerte el harakiri ahí mismo.

Así que, qué queréis que os diga… Viva el colecho, el bendito colecho. Porque me asegura que en diez minutos mi peque está sopa. Y, si hay suerte y he dejado todo preparado para el día siguiente, puede que incluso ya no me levante de la cama hasta que el despertador suene, como un resorte, puntual a las 6 a.m.  😉

De cómo se lo toma mi santo esposo y el miedo que tiene a que llegue el verano, que pronostican que será una sucesión de olas de calor, como el año pasado (¡horror!), hablaremos otro día…

¿Vuestros peques se duermen solos o necesitan que estéis con ellos hasta que cierran los ojillos?

Larga vida al rock

En nuestros viajes en coche no nos acompañan Los Cantajuegos. Sencillamente porque al papá de Pegotito no le gustan. Dice que son unos tristes (espero que nunca lean esto o me pondrán en su lista negra). Así que en nuestros desplazamientos conectamos el mp3 a la radio (aún no nos hemos modernizado automovilísticamemente hablando, y esperamos no tener que hacerlo hasta dentro de un tiempo) y nos movemos al ritmo de Queen, U2, ACDC, Metallica, REM, Aerosmith y Extremoduro. Claro que, como la banda sonora de nuestra vida y nuestra hija es cosa de dos, intercalamos también canciones de Sabina, Revólver, Hombres G y Mecano. Hasta, alguna vez, suena el Nessun Dorma de Pavarotti, un placer al que no podemos renunciar.

Y a Pegotito le gusta, claro que sí. Los peques se acostumbran a todo, y más cuando es lo que han mamado desde la cuna. Quién sabe si no estaremos criando a una futura Joaquina Luqui… 😉

Así que el pasado Carnaval no tuvimos que pensar mucho cuando unas semanas antes nos anunciaron en la guardería que el viernes 5 de febrero iban a hacer una fiesta. Y como queríamos hacer un disfraz casero y lowcost a Pegotito, me bastó abrir el cajón de las camisetas y encontrarme una negra de ACDC, talla 2 años, que nos habían regalado unos muy buenos amigos y que estaba sin estrenar (no me gusta vestirla de negro). ¡La disfrazaríamos de rockera! ¡Yeah!

Claro que, una rockera necesita una guitarra, y Pegotito la tuvo. ¡Y qué guitarra, oigan! Made in house, hecha con cartón, cartulina e hilo, ideada por su mamá y ejecutada por su papá. No me digáis que no mola…

Guitarra de cartón para disfraz de Carnaval. Diario de una mami

La guitarra de Pegotito. Acabó un poco perjudicada, pero aún perdura, como los buenos temas. 😉

Completó el look unas mallas azul oscuro casi negro y unas cintas de lazo negro alrededor de las muñecas.

Intentamos enseñarle a hacer el saludo heavy, el de los cuernos, pero no hubo suerte. Seguiremos intentándolo. 😉

¿Cuál es la banda sonora de vuestra casa? 🙂

Botellas de cristal aptas para niños

En casa le hemos declarado la guerra al plástico. En la medida de lo posible aquí lo usamos todo de cristal. Y digo en la medida de lo posible porque en la charcutería me ponen el jamón en uno de esos envases de plástico y no me voy a poner a dar patadas en plan rabieta para que cambien su política de envases y me den una alegría. Aunque, pensándolo bien, igual le puedo decir a Pegotito que se arranque en medio del mercado y se tire al suelo a patalear. Porque, total, con lo bien que se le dan esas situaciones, igual nos hacían caso. 😉

Volviendo al tema, que me voy… Como os iba diciendo, preferimos usar tuppers, vasos y platos de cristal y/o porcelana fina. El plástico al final acaba oliendo fatal, por no hablar de las peligrosas sustancias que parece que suelta con los cambios de temperatura.

Así que los 3 nos hemos pasado a esta nueva modalidad. Tanto, que cuando vamos por la calle Pegotito bebe agua de su pequeña botella de cristal, ante la atónita mirada del personal. O en casa, cuando hay visitas, me sueltan eso de “Uy, a ver si se le va a caer el vaso”, como si le dejara pasearlo por toda la casa mientras toma las curvas del pasillo a la velocidad de la luz… Esto me da para otro ¿¿Peerdoonaaa?? 😉

Por eso cuando hace unas semanas me pidieron en su guardería que lleváramos una botella de agua para que pudiera beber allí, no me lo pensé 2 veces y la llevé de cristal. Pero, consciente del peligro que supone, porque no soy tan mala madre como en ocasiones me hacen creer, opté por una botella de cristal anti-golpes y anti-roturas: las botellas Lifefactory.

Las conocía desde hace tiempo, desde la época en la que me extraía leche en el trabajo: las acoplaba en mi sacaleches (utilizaba el Swing de Medela) a la perfección. Claro que, yo las tenía en casa pero sin lo que las hace (casi) irrompibles ante golpes y caídas.

Así que me puse manos a la obra y el señor Google me facilitó una web donde poder adquirirlas a buen precio. Y así llegué a Cantabalarana, una tienda online especializada en artículos ecológicos y originales para bebés y niños.

En ella pude comprar la botella de cristal Lifefactory idónea para que Pegotito pudiera beber agua a diario en la guardería sin peligro de que se rompa si se cae. Porque lleva una funda de silicona para evitar daños en la persona que más quieres.

Botella de cristal irrompible Lifefactory

Fuente: Cantabalarana.es

Por cierto, la compra en esta web es súper recomendable. Los gastos de envío son muy pequeños y en dos días tienes lo tienes en casa. Seguro que repito. 😉

¿A que es chula? ¿Conocíais las botellas Lifefactory?