Una embarazada en el Parque de Atracciones

Aquel día solo tenía un objetivo en mente: volver a la adolescencia y pasárselo de miedo en el Parque de Atracciones. Así que, cuando llegó al lugar de la quedada general y entraron al recinto, una emoción recorrió cada centímetro de su cuerpo, notando cómo las culebrillas se arremolinaban en su estómago, esperando a expandirse en el preciso instante en el que hicieran cola para subir en la primera montaña rusa.

Nada le hacía sospechar de ese pantalón que, misteriosamente, parecía haber encogido. O de esa sensación extraña que experimentaba desde hacía días. De estarlo, pensó, aún sería demasiado temprano para hacerse el test, pues no había pasado suficiente tiempo desde la fecha de la última regla. Aunque, pensándolo bien, no recordaba qué día del mes anterior había marcado con un círculo rojo en el calendario, por aquello de llevar los cálculos.

Así que había ido a divertirse, y así lo hizo. 😉 Disfrutó como una quinceañera subiendo en las atracciones, desgañitándose como si no hubiera un mañana y riéndose a carcajadas mientras comentaba la experiencia con sus amigas.

Unos días después, cuando miró de reojo su pequeño calendario, en el que apuntaba las fechas de sus menstruaciones, echó cálculos y decidió hacerse un test de embarazo.

Dio positivo. Tenía un pequeño embrión en su interior que, afortunadamente, había sobrevivido a Tarántula (¿¿cómo se me ocurrió montar ahí??). Eso significaba que Pegotito, si todo iba bien, se convertiría en hermana mayor. Y que ella repetiría la experiencia de ser madre.

Hoy, unas 19 semanas después de aquel test, se siente estupendamente y luce su tripa de embarazada con orgullo y emoción. Porque en unos meses serán uno más en su pequeña gran familia.

Firmado: la prota de esta historia. 😉

Embarazo

No es mi barriga, pero por ahí debe de andar 😉

 

Verano 2016. En busca del fresquito perdido ;)

Como dice un amigo mío, en Madrid tenemos 9 meses de invierno y 3 de infierno.  Menos el año pasado, que recuerdo el día de Navidad en mangas de camisa y con un sol de justicia y me entran sarpullidos solo de pensar en lo que se nos avecina (que es octubre y aún no he subido al trastero las camisetas de verano).

A lo que iba… Que en Madrid, o te pelas de frío en invierno (ya me gustaría, ya…), o te achicharras. Así que el verano pasado decidimos, una vez más, buscar el fresquito durante nuestras vacaciones. Y aunque nos salió el tiro un poco por la culata, al menos dejamos de sudar la almohada por las noches. Solo por eso mereció la pena 🙂

El primer destino de nuestro viaje fue Burgos, ciudad que nos conocemos ya bastante bien: este es el tercer verano que pisamos las tierras que antaño recorriera el Cid. Si es que…, cuando algo te gusta, para qué cambiar. 😉

De Burgos merecen la pena muchas cosas, pero yo recomendaría visitar el Museo de la Evolución Humana, con excursión a los yacimientos de Atapuerca incluida, el casco antiguo (aunque no entres a la Catedral, el exterior es precioso), la Plaza Mayor y pasear a orillas del río Arlanza, entre árboles y músicos que te alegrarán la tarde.

Paseando por Burgos. Diario de una mami.

Paseando a orillas del río Arlanza, en Burgos.

Catedral de Burgos. Diario de una mami.

Torres de la Catedral de Burgos, al fondo

¿Y para comer? El restaurante del Fórum del Complejo de la Evolución Humana fue un graaan descubrimiento, con parque de bolas para los peques. Porque viajar con niños es lo que tiene: ya vas buscando otras cosas 😉

Unas jornadas después de nuestra estancia en Burgos, rehicimos maletas, cargamos nuestra tonelada de equipaje y pusimos rumbo a Pirineos. 4 horas y pico de viaje, más paradas y alguna vomitona (por el amor de Dios, ¡menudas curvas!), nos separaban de lo que era nuestro siguiente destino: Oto, en Huesca, en pleno valle de Ordesa. Una pequeña aldea con casas de piedra y vistas a las montañas al lado de un pueblecito del que seguro que muchas de vosotras habéis oído hablar o oiréis en los años venideros: Broto.

Broto, Huesca. Diario de una mami

El río Ara a su paso por Broto, en Huesca.

Cascada de El Sorrosal, Broto, Huesca. Diario de una mami

Cascada de El Sorrosal, en Broto, a un minuto del casco urbano.

Iglesia de Oto, Huesca. Diario de una mami

Aquí la iglesia de nuestro pueblito, Oto.

Vistas desde Oto, Huesca. Diario de una mami

Excelentes vistas desde Oto.

Durante nuestra estancia aragonesa visitamos Torla, pueblo de entrada (y por eso excesivamente turístico para mi gusto) al Parque Nacional de Ordesa, hicimos alguna pequeña excursión por el campo y también degustamos, y bien, la gastronomía de la zona. Y de la no zona… Porque si pasáis por Broto, no podéis marcharos de allí sin entrar no una, sino muchas veces, en la pizzería La Tea.

En resumen: no nos pusimos ni un solo pantalón largo, ni una chaqueta, ni mucho menos los abrigos. Pillamos un verano demasiado cálido en la frontera con Francia. Pero lo pasamos bien. Y el río Ara sosegó nuestras almas…

Río Ara, Broto, Huesca. Diario de una mami

El río Ara, en Broto, de camino a Sarvisé.

¿Conocéis Burgos y Broto? ¿Os animáis? 😉