Botellas de cristal aptas para niños

En casa le hemos declarado la guerra al plástico. En la medida de lo posible aquí lo usamos todo de cristal. Y digo en la medida de lo posible porque en la charcutería me ponen el jamón en uno de esos envases de plástico y no me voy a poner a dar patadas en plan rabieta para que cambien su política de envases y me den una alegría. Aunque, pensándolo bien, igual le puedo decir a Pegotito que se arranque en medio del mercado y se tire al suelo a patalear. Porque, total, con lo bien que se le dan esas situaciones, igual nos hacían caso. 😉

Volviendo al tema, que me voy… Como os iba diciendo, preferimos usar tuppers, vasos y platos de cristal y/o porcelana fina. El plástico al final acaba oliendo fatal, por no hablar de las peligrosas sustancias que parece que suelta con los cambios de temperatura.

Así que los 3 nos hemos pasado a esta nueva modalidad. Tanto, que cuando vamos por la calle Pegotito bebe agua de su pequeña botella de cristal, ante la atónita mirada del personal. O en casa, cuando hay visitas, me sueltan eso de “Uy, a ver si se le va a caer el vaso”, como si le dejara pasearlo por toda la casa mientras toma las curvas del pasillo a la velocidad de la luz… Esto me da para otro ¿¿Peerdoonaaa?? 😉

Por eso cuando hace unas semanas me pidieron en su guardería que lleváramos una botella de agua para que pudiera beber allí, no me lo pensé 2 veces y la llevé de cristal. Pero, consciente del peligro que supone, porque no soy tan mala madre como en ocasiones me hacen creer, opté por una botella de cristal anti-golpes y anti-roturas: las botellas Lifefactory.

Las conocía desde hace tiempo, desde la época en la que me extraía leche en el trabajo: las acoplaba en mi sacaleches (utilizaba el Swing de Medela) a la perfección. Claro que, yo las tenía en casa pero sin lo que las hace (casi) irrompibles ante golpes y caídas.

Así que me puse manos a la obra y el señor Google me facilitó una web donde poder adquirirlas a buen precio. Y así llegué a Cantabalarana, una tienda online especializada en artículos ecológicos y originales para bebés y niños.

En ella pude comprar la botella de cristal Lifefactory idónea para que Pegotito pudiera beber agua a diario en la guardería sin peligro de que se rompa si se cae. Porque lleva una funda de silicona para evitar daños en la persona que más quieres.

Botella de cristal irrompible Lifefactory

Fuente: Cantabalarana.es

Por cierto, la compra en esta web es súper recomendable. Los gastos de envío son muy pequeños y en dos días tienes lo tienes en casa. Seguro que repito. 😉

¿A que es chula? ¿Conocíais las botellas Lifefactory?

 

Equipación básica para matronatación

En octubre, cuando Pegotito cumplió 2 años, decidimos que queríamos apuntarla a matronatación. Íbamos con algo de retraso, lo sé. Sobre todo porque es una práctica que recomiendan iniciar en torno a los 6 meses. Pero, sinceramente, se nos hacía harto complicado compaginar los horarios de la piscina con sus siestas (matutinas y vespertinas) y meriendas, así que lo fuimos retrasando. Hasta que nos lanzamos, literalmente, a la piscina. 😉

Por edad debería haber comenzado lo que se denomina “pre-escuela”. Pero como no había tenido mayor contacto con el agua más que en la bañera, sumado a los días de playa y piscina del verano (más de los primeros que de los segundos, puesto que sabéis que “No soy mujer de piscina”), dejaron que comenzara matronatación y que su papá se metiese con ella en el agua. Y, además, a mí me parecía muy pequeña todavía para dejarla sola en la piscina, en manos de un desconocido. Así que mi frase: “¡Ah, entonces nada! Ya buscaremos otra piscina…”, debió de convencerles de lo contrario. 😉

Como la cosa fue de un día para otro, tuvimos que buscar el equipamiento necesario para la nueva actividad, pues menos bañador y albornoz, no teníamos nada más. Así que nos fuimos a una de mis tiendas preferidas, que han contribuido a popularizar el deporte y hacerlo mucho más asequible… ¡Decathlon!

Por eso hoy hablaré de… ¡Tacháaaaaaaan!

Equipación básica para matronatación

1. Bañador

En nuestro caso, como os contaba, bañadores ya teníamos. En concreto 2, pero al final siempre usa el mismo: lo lavo todas las semanas y para la siguiente ya lo tiene listo para las zambullidas. Y una cosa que nos ahorramos, oye. 😉

2. Pañales de agua

Pañales de agua para bebés para matronatación

Fuente: Decathlon.es

¿Y dónde compro yo ahora pañales de agua, en pleno mes de octubre, sin desplazarme hasta una gran superficie?, me dije a mí misma. Porque si decides apuntar a tu hijo a matronatación en pleno mes de junio, los supermercados están llenos de estas moderneces, pero si no…

Claro que, me puse como unas castañuelas cuando los vi en la estantería de Decathlon. 😉 Paquete de 12 por 6,95€. Quizás los encuentres más baratos, no digo que no.

Consejo: no se lo pongas en casa. El pis se sale… :O Mejor en el vestuario, unos minutos antes de meterse en el agua. ¿Significa eso que la piscina está llena de orina de niños? Sí, literalmente. Estos pañales están concebidos para que los mojones no comiencen a flotar en el agua, rollo patitos de goma. Todo lo demás aflora al exterior. 😉

3. Albornoz o toalla

Para un niño de 2 años, que camina y corre sin dificultad, considero mucho más práctico un albornoz. Así puede moverse a sus anchas desde que sale de la piscina hasta que llega al vestuario.

Pegotito heredó el de una prima suya, que en 2 semanas ha dejado de valerle. ¡Menudo estirón! 😉 Así que, aunque Decathlon nos gusta mucho, no queremos picar y venir a casa con más cosas de las necesarias. Esta vez iremos a alguna tienda del barrio.

4. Gorro de natación

Gorro de bebé para matronatación

Fuente: Decathlon

En azul para niños, en rosa para niñas. Ya estamos… ¿No habrá más variedad de colores? 😉

Pero eso sí: un gorro de natación fácil de poner, lavable en lavadora y de esos que no tiran del pelo. Todo esto por un más que módico precio: 2.46€.

5. Calcetines antideslizantes para la piscina

Calcetines antideslizantes de bebé para matronatación

Fuente: Decathlon.es

Perfectos para proteger los pies de los más pequeños y evitar resbalones, tanto dentro como fuera del agua. Me ha quedado una frase de lo más comercial, ¿a qué sí?

Además, estos calcetines para la piscina se ponen y se quitan perfectamente y se pueden meter en la lavadora. ¡Un 10!  Y por 12,95€, que fue lo que creo que nos costaron.

FIN. Este es nuestro equipamiento básico para matronatación. A partir de aquí puedes gastarte lo que quieras y tu economía te permita.

Y ahora la pregunta del millón: ¿a ella le gustan las clases de matronatación? ¡Sí! ¡Le encantan! Se le ilumina la cara cuando le decimos que “hoy es el día de ir a la piscina”. Disfruta tanto en el agua que se podría decir que casi nada sola, con la ayuda de un corcho que le colocan en la espalda para que no se hunda. Es una pasada ver cómo mueve las piernas y los brazos y te sonríe desde dentro de la piscina. Además, comparte tiempo con su papá, y a mí me gusta que se diviertan juntos (vaaaale, también me da pereza depilarme y meterme en la piscina, por eso va él). ¿Se nota que se me cae la baba cuando toca exhibición? Pues sí, se me cae. 🙂

¿Y vosotras? ¿Lleváis a vuestros peques a matronatación o natación, a secas? ¿Les gusta?

P.D. Este no es un post patrocinado. Decathlon no me ha pagado (ni me va a pagar, es la pena) nada por incluir 3 enlaces a su web.

Ventajas y desventajas de trabajar por cuenta propia y por cuenta ajena

Trabajar por cuenta propia. Ser autónomo

Esto no es mi escritorio, lo confieso. No tengo un Mac, ni tampoco una libreta tan estupenda como la de la imagen. Yo soy más de cuadernos y papeles por doquier. 😉

Desde que en junio de 2014 me echaran a la calle en mi último trabajo por cuenta ajena, ha llovido mucho. Tanto que, Pegotito, por aquel entonces un bebé de 8 meses recién cumplidos, ahora es una chica mayor de 27 (para los no padres: 2 años y 3 meses), charlatana, pizpireta y que da grandes muestras de autonomía a la hora de comer, pelar las mandarinas, ponerse el abrigo y el gorro para salir o llevar su mochila por la calle. De hecho, la frase “¡Yo sola!”, parece ser su preferida, a tenor de las veces que la usa a lo largo del día.

Tanto ha llovido, que me ha dado tiempo de experimentar en mis propias carnes aquello que llaman trabajar por cuenta propia. O, en cristiano, ser autónoma. ¡Y encima haciéndolo desde casa! 😉

Una condición laboral con muchas ventajas en cuanto a la conciliación (poder cuidar de tus churumbeles y de tu familia sin que nadie pueda reprocharte nada), pero también con múltiples inconvenientes. Porque la perfección no existe, al menos para la gente normal y corriente, el ciudadano de a pie, los pringados, los curritos, los pobres. Con un Euromillón, las cosas rozarían más la perfección. 😉

Ventajas y desventajas de trabajar por cuenta propia

Para mí, sin duda alguna, la principal ventaja de ser autónoma es el poder gestionar tu tiempo de trabajo como quieras, compaginándolo con el cuidado de tus hijos y seres queridos. Que tu hijo está malito, te quedas junto a él en la cama o en el sofá y aprovechas para trabajar cuando se echa la siesta o se queda dormido por las noches. Que quiere ir al parque, ídem. Pero claro, esto de ser autónoma implica 3 cosas:

  • Trabajarás cuando el resto del mundo descansa: sobre todo si desempeñas una labor que no exige un horario fijo, como era mi caso: noches y fines de semana. Y claro, a veces, deberás renunciar a hacer ciertas cosas en familia. E incluso a dormir, uno de los mayores placeres de la vida cuando te conviertes en madre.
  • El ordenador será tu nuevo mejor amigo. Tanto, que irá contigo en la maleta allá donde vayas y rezarás para que no se rompa y para encontrar una red wifi en todo hotel, casa rural o apartamento en el que te alojes.
  • Lucharás como gato panza arriba contra todo virus que ose entrar en tu casa. Porque, si no, eso implicará quedarte tirada en el sofá sudando la gota gorda. Y tus clientes se hartarán y se irán a buscar a otro freelance que cumpla con sus plazos. ¡Y cualquiera pierde uno!

Y ya puestos a criticar el sistema, luego está la cuota que tienes que pagar mensualmente a la Seguridad Social: 50€  durante los 6 primeros meses si puedes acogerte a la reducción o tarifa plana para trabajadores autónomos o 200 y pico € que te calzarán mensualmente en caso contrario. Una traba tras otra, desde luego. Porque claro, tendrás que contar con una gestoría de confianza para que te eche una mano con impuestos y declaraciones trimestrales del IVA, o echarle horas y horas para enterarte bien de cómo funciona el sistema y que Hacienda no te cruja. Vamos, que pierdes pasta a raudales. Las ovejas que entran por las que salen, como se suele decir.

Pero bueno, no todo iban a ser problemas, claro está. Piensa que, de esta forma, te ahorras la guardería y puedes tener a tu hijo en el trabajo, rollo Bescansa, que no es otro que tu propia casa. Eso suena bien, ¿no? Conciliación 100% real.

Ventajas y desventajas de trabajar por cuenta ajena

Valorando voy, valorando vengo, cuando me ofrecieron una oportunidad muy interesante hace unas semanas, que implicaba firmar un contrato por cuenta ajena, pensé, y mucho, cómo cambiaría mi vida a partir de entonces.

Iba a pasar a tener un horario fijo (y bastante flexible, para lo que se estila en este país) que implicaría, eso sí, tener que llevar a mi hija a la guardería y delegar en otras personas su cuidado (abuelos incluidos). Pero las tardes y los fines de semana serían enteros para ella. 🙂

Tendría libertad de movimientos para desplazarme con mi pequeña familia a lugares recónditos de las montañas sin preocuparme del wifi o de la wifa (se nota que soy madre, ¿no?). Ya sabéis que me quedé enamorada de la zona de Las Médulas, en León, tal y como os conté en mi serie de posts Visitando Las Médulas, y que quiero volver a encontrar la paz que necesito y que me brindó la antigua mina de oro romana.

Y un sueldo fijo a final de mes, no vayamos a negar lo evidente. Porque aquí todo quisqui trabaja por dinero, dejando a un lado llamadas divinas o vocaciones. Y, siendo autónoma, no sabes a ciencia cierta cómo se van a desarrollar los acontecimientos.

Así que, aunque con ciertas reservas, acepté. Y he de decir que, hasta la fecha, no nos ha ido mal. ¡Si hasta he vuelto a leer en mis desplazamientos diarios en transporte público!

Que ahora paso menos tiempo con mi hija, pues sí, no lo voy a negar. Pero prefiero mirarlo de una forma cualitativa en vez de cuantitativa. En casa necesitamos 2 sueldos para poder llevar la vida de lujo y desenfreno que nos caracteriza (modo ironía on) y con uno solo no nos alcanza para la gasolina del Ferrari. 😉 (modo ironía off)

¿Trabajáis? ¿Por cuenta propia o ajena? ¿Qué ventajas e inconvenientes veis a ambas formas de buscarse la vida?

¿¿Peerdoonaaa?? De mentiras y chantajes

Sé que Alma de mami esbozará una sonrisilla de felicidad cuando vea el título de mi post. Y es que, por si no conocéis la iniciativa  ¿¿Peerdoonaaa??, os diré que fue idea de la mamá de Pichí que, harta de tener que escuchar ciertos comentarios memorables por parte de amigos y conocidos en relación a su forma de crianza, decidió comenzar a desahogarse con su comunidad blogueril. Porque, ¿quién no ha sentido ganas de decir eso de ¿¿Peerdoonaaa?? en determinadas situaciones? Desde luego, es lo menos grosero que se me ocurre, ¿o no? 😉

El caso es que ya estaba tardando yo en contribuir a la causa, con la sarta de tontunas que se escuchan cada día en cuanto te conviertes en madre. Y hoy me lanzo, aunque los sucesos a los que haré referencia se remontan a un par de semanas atrás. Pero es lo que tiene la indignación, que dura y dura, como las pilas Duracell. 😉

Os pongo en situación…

Lugar: mi casa.

Acontecimiento: merienda informal con familiares.

Fecha: no la recuerdo exactamente, pero era Navidad. Lo sé porque nuestro árbol estaba perfectamente colocado.

El suceso aconteció tal y como sigue…

Aprovechando la coyuntura y el tumulto que puede haber en un pequeño salón con siete personas, dos de ellas de dos años de edad, Pegotito se dirige hacia el árbol de Navidad y comienza a intentar quitar varias bolas, mientras me mira por el rabillo del ojo:

– Pegotito, ya sabes que no puedes tocar las bolas del árbol porque, si no, se pone triste.

Y, de repente, una voz acompañada de una cara del tipo “qué-pena-me-da-lo-que-acabas-de-decir-me-pareces-la-peor-madre-del-mundo”, me espeta en riguroso directo y delante de todo el mundo:

– ¿Sabes? No me gusta mentir a mi hija. No me parece bien. ¿Por qué no le explicas que no puede tocar las bolas porque el árbol se puede caer? ¿Qué opinas?

A continuación siguió un silencio sepulcral…

¿¿Perdonaaa? Comentarios sobre crianza

¿¿Peerdoonaaa??

Esto…, ¿qué? ¿Ein? ¿Me hablas a mí? Ay, amiga, con lo bien que nos llevamos, no me toques las narices…

Y pasado ese silencio, que aproveché para recomponerme, esgrimí mis razones:

1. Pegotito es un torbellino, como cualquier otra niña de 2 años. Lo toca todo, desafía los límites y, por eso, pasa completamente de todo lo que le digo. De hecho, si le explico que el árbol puede caerse por tocarle las bolas, seguramente quiera experimentar la situación. Y, sencillamente, no quiero que se le caiga encima. Además, en esta casa nos tomamos muy en serio la inteligencia emocional y los sentimientos van a misa.

2. Sí, la miento, si quieres denominar así a las pequeñas mentirijillas que le suelto de vez en cuando para que su existencia sea un poquito más feliz. ¿O no vino Papá Noel a tu casa a traer juguetes a tu hija? 😉

3. También la chantajeo. ¡Uuuuuuhhh, soy una mala madre! Le digo que si no merienda no vamos a la calle o que si quiere cenar tiene que ayudarnos a poner la mesa. Y no creo que le esté causando un trauma.

4. Y, por supuesto, chillo, grito y hasta me tiro al suelo y pataleo. Porque mi paciencia tiene un límite y las rabietas me superan. Sí, las madres somos humanas. 😉

Después del encontronazo, la relación con mi cuñada (lo confieso), no se ha visto para nada resentida, aunque me suelte estas perlitas. Quizá en algún momento a mí se me haya escapado algo con alguna persona, no lo sé. Pero de lo que sí estoy segura es de que me cuido, y mucho, de expresar mi opinión delante de una madre, a no ser que me la pida. Porque la forma en la que crías a un hijo es personal e intransferible. ¿O no?

Venga, ¿os animáis a contar vuestros ¿¿Peerdoonaaa?? A mí me ha encantado, así que repetiré. 😉