Nuevo año, nueva vida

 

Feliz 2016

Me encanta la Nochevieja. Me emociono cuando se terminan las 12 campanadas y me encuentro sonriendo con 9 uvas en la boca (solo consigo comerme 3 al compás del reloj de la Puerta del Sol. Si dijera lo contrario, mentiría), rodeada de mi familia, que me abrazan, descorchan las botellas y gritan al unísono aquello de…

¡Feliz Año!

Porque es el momento en el que a todos se nos pasan por la cabeza pensamientos sobre lo que queremos que nos depare el próximo año.

Esta vez despido el 2015 con mucha incertidumbre, pero también llena de ganas por afrontar un nuevo reto profesional que se ha puesto en mi camino. Diario de una mami pasará a ser de nuevo una mamá trabajadora, por cuenta ajena (de las ventajas y desventajas de ser autónoma puedo dar fe también). En unos días comenzaré un nuevo proyecto que, más bien que mal, me permitirá en parte conciliar para cuidar de lo que más quiero en este mundo: mi hija.

Sé que a todos nos costará. Habremos de esforzarnos los 3 al máximo para poder vivir un poquito mejor. Sin grandes lujos, nunca los tuvimos.

Pero espero que podamos conseguirlo. Y, sobre todo, continuar disfrutando juntos de esos momentos que nos dan la vida.

Desde mi humilde blog, quiero desearos un Feliz 2016 lleno de risas, de lágrimas que salgan de carcajadas, de besos y caricias que procedan de unas manos pequeñas y suaves, de momentos de parque, de cuentos antes de acostarse, de ojos abiertos ante una sorpresa inesperada, de reencuentros con personas importantes… Y, en definitiva, de buenos momentos con lo que soportar los malos tiempos.

Espero que paséis una noche emocionante y que os acordéis de pelar y de quitar los pipos a las uvas. Porque, si no, ¿quién puede comerse las 12 uvas siguiendo el ritmo? ¡Que alguien ralentice ese reloj! 😉

Perros, canes y demás fauna urbana

Perros

En primer lugar me gustaría aclarar que no tengo nada en contra de los perros ni de cualquier otro animal (bueno, admito que los pájaros me dan cierto repelús, por no decir terror, como contaba en mi post “Confesiones de una madre ornitofóbica”). Es más, sería incapaz de hacer daño a algún ser vivo, a excepción de algún murgaño que amenaza con picar a alguien de mi familia o alguna hormiga que se interpone sin avisar entre mi pie y el suelo. O los mosquitos, vale. Confieso que les tengo la guerra declarada…

De hecho, me rasgo las vestiduras cuando salta la noticia de algún ser (me guardo el calificativo de humano) que no tiene otra cosa que hacer más que maltratar a otros que considera inferiores solo por el simple hecho de no ser bípedos.

Peeeeero, me repatean ciertos comportamientos no de los perros, sino de los dueños:

  1. No me parece normal que una persona deje correr a su perro libremente por un parque infantil en el que, a la entrada, se explicita bien clara y meridiana la frase “No se admiten animales“. ¿Qué parte no entiende? Igual es que vivimos en la sabana africana, rodeados de elefantes y leones y la prohibición hace referencia a ellos. ¡Ay, si es que no me entero! Mea culpa…
  2. Es más, me parece de traca (y de mala educación) que la persona en cuestión ponga cara de ameba enfadada cuando su perro se acerca ladrando a mi hija y la cojo para que no se asuste. A ver si ahora la culpa es de Pegotito por no entender con su mente de niña de 2 años que, en ocasiones, los perros ladran solo para saludarnos. Claro que, estamos trabajando la materia. 😉
  3. No voy a dejar que mi hija se acerque a un perro desconocido solo porque tú me digas que “no hace nada“, aunque sea un perro salchicha. Porque creo que para todo hay una primera vez y no quiero que me toque el Gordo, gracias.
  4. Y no voy a entrar en temas escatológicos para no describir el parque que tenemos enfrente de casa. Porque en vez de un parque parece un estercolero. ¡Viva el respeto de las áreas de juego infantiles de Madrid! ¡Y viva el Ayuntamiento, que se muestra a favor del abono natural! 😉

¿Habéis vivido situaciones parecidas con algunos dueños de perros?

Primer cumpleaños del blog

Primer cumpleaños del blog Diario de una mami

Hace un año decidí crear un blog. Así, sin más. Era lectora de otros blogs (de maternidad y de fotografía) desde hacía tiempo y me apetecía tener el mío propio para contar mis pequeñas aventuras del día a día, mis miedos, mis dudas… Tener un poco de vida social, aunque sea virtualmente. Porque la mía se ha reducido a la mínima expresión, dicho sea de paso. Y desahogarme, sobre todo desahogarme. Necesitaba un lugar donde expresarme, protestar si llegaba el caso, sentirme comprendida. Y lo encontré.

Me metí en WordPress, me registré, pensé un nombre, estuve dos días eligiendo plantilla, colores y otros temas de diseño y publiqué mi primera entrada: “Comienzos“. Así inicié mi aventura blogueril.

Al principio no me leía nadie, ni mi propia madre que, por cierto, no sabe que aireo mis trapillos sucios en Internet. Siempre ha dicho que tengo madera de escritora, desde que ganaba premios literarios en el cole.

Claro que, no he podido mantenerlo tan en secreto con otras personas. Una noche de esas en las que corrí hacia el ordenador cuando pensaba que todos dormían y de repente apareció mi chico (actual marido) con cara de “¿Qué secreto escondes ahí?”, confesé mi vicio. Esto…, llevo unos meses escribiendo en un blog, mío. 😉

Con amigas muy, muy, cercanas tampoco he tenido reparos en contarles mi secretillo. Sé que ellas me apoyan incansablemente. ¡Gracias!

Y ya está. Fin. Me gusta que sea así. De esta forma tengo más libertad para hablar.

Un día tuve mi primera seguidora. ¡Caracoles, alguien me leía! ¡A mí! Y cuando me dejaron el primer comentario, casi me vuelvo loca. ¡Parece que mis cosas interesan!

A partir de ahí comencé a interactuar mucho más con los blogs a los que seguía. Porque tener un blog no significa únicamente escribir y ala, a esperar visitas y comentarios. Implica leer mucho, comentar más y hacer ver a los demás que de verdad te interesan sus posts. Y San Google hace el resto. 😉

Por no hablar de la publicación en redes sociales, las mejoras en cuanto a diseño, la optimización para buscadores… ¡Esto es un no parar!

Y requiere muuucho tiempo. 😉 Al principio le dedicaba un ratito todas las noches, llegando incluso a escribir hasta 3 entradas semanales. Ahora mi vida no me permite seguir el ritmo y he de conformarme con un post semanal y da gracias. Pero leer, sigo leyendo, no con tanta frecuencia, claro está. Se me acumula el trabajo, pero no decaigo. 😉

El blog me ha permitido conocer a personas estupendas. Algunas en carne y hueso. A otras solo virtualmente. Pero ambas me han arrancado una sonrisa, una mirada de complicidad dirigida hacia la pantalla del ordenador o del móvil. Y lágrimas, porque también he tenido que leer noticias horribles que, como madre, nunca estás preparada para escuchar.

A todas vosotras, que seguís mis aventuras y desventuras, que os tomáis la molestia de leer mis parrafadas, de dejarme un comentario agradable, de otorgarme premios que suben la moral, de escribirme vía email…, gracias. Gracias por formar parte de mi pequeño rinconcito.

Y, aprovechando la coyuntura, porque igual ya no nos vemos hasta el año que viene…

¡Felices Fiestas! 😉

 

 

Que rule el buen rollito

Premio bloguera buen rollo

Más de uno pensará que me he fumado algo por el título, pero puedo prometer y prometo (estamos en campaña electoral y se pega , menos la hermosura) que mi cuerpo no tiene sustancias psicotrópicas. Por no tener, no tiene nada. Es lo que tiene cenar a las 20:30, como la gente honrada y…, ¡con hijos! (sí, esa es la clave) y que sea la 1 a.m. Vamos, que en cuanto termine el post hago una visita a la nevera a catar un yogur. 😉

A lo que íbamos…, me gusta que se acuerden de mí cuando hay reparto de premios entre blogs, para qué negarlo. Pero es que el de hoy es especial. Porque, no me digáis que no es molón que dos blogs (¡dos!), me nominen al premio “Bloguera con buen rollo“. Mi sonrisa de oreja a oreja, rollo Epi y Blas (más Epi que Blas), lo dice todo.

Sonrisa de oreja a oreja

Porque esa fue la idea que tenía en mente cuando decidí crear Diario de una mami, hace ya un año. Contar mis experiencias como madre, con un toque de humor. Y parece que, en parte, lo he conseguido.

Gracias a Liela, de Desde tú, porque sus entradas siempre me provocan un suspiro o unas risas. Gracias a Aventuras Menudas porque, aunque llevo siguiéndolos desde hace poquito, su blog está lleno de ideas y actividades para realizar con niños. Vamos, que con estos dos cuadernos de bitácora, quien se aburre es porque quiere. 😉

Paso a responder a las preguntas de ambos blogs, que son las mismas, así que eso que me ahorro ¡Uff, menos mal! 😉

¿Cada cuánto publicas un post?

Hummm, cuando puedo. Ahora me es más complicado escribir en mi propio blog, porque lo hago también en otras webs, así que intento que no pase una semana entre entrada y entrada.

¿Te costó decidir el nombre del blog?

Un poco, jeje. Aunque se me metió en la cabeza que debía incluir la palabra diario y no fui capaz de salir de ahí.

Recomiéndame un libro para leer y reseñar

¡Qué difícil! Tengo muchos libros preferidos, aunque últimamente no leo demasiado. 😦 Como tengo que quedarme con uno diré La otra mano, de Chris Cleave. Lo compré en un viaje a Edimburgo y no me dejó indiferente.

¿Cómo decides el tema del día?

Lo hago en función de lo que me pase o de alguna noticia que quiera comentar. Voy anotando diversas temáticas en un cuaderno y después elijo.

¿Compartes tus publicaciones en redes sociales?

Sí, en Facebook y Twitter, aunque no justo después de actualizar el blog. No tengo instalado un plugin para hacerlo automáticamente y, cuando acabo de escribir, generalmente por la noche, estoy tan cansada que se me cierran los ojos. Así que lo dejo para el día siguiente.

¿Cuál es tu sección favorita del blog?

La verdad es que no tengo secciones. :O Podría definir mi categoría favorita. Quizá sería la de “Primeras veces”

¿Qué nos recomiendas de tu blog?

La poesía que se curró mi señor esposo contando cómo vivió él el parto de nuestra hija: Mi parto, por papá de Pegotito.

¿Qué personaje es tu favorito ya sea en libros, series o películas?

¡Indiana Jones! Porque me gustaría estar siempre viviendo aventuras.

Recomiéndame una canción

Me quedo con One, de U2.

Y ahora, la parte dura, las nominaciones. En este punto siempre tengo dudas, porque cada uno elige el número de blogs que quiere, así que yo también a mi libre albedrío. 🙂 Sé que algunos de ellos tienen ya el premio, pero es que tengo que dárselo yo también. Porque, simplemente, me encantan. 😉

And the winners are…

Mamá en el Siglo XXI

Mamá ríe

Quebrando una cabeza

El día que llegaste

Alma de mami

Diario de una mamá informática

Mi refugio virtual

Primeriza en apuros

Entre mis horas

Maternidad como puedas

Gracias, a todos, premiados y no premiados, por darme motivos para continuar con esta aventura blogueril. ¡A por otro año más! 🙂

 

 

 

 

 

Operación “paso a su habitación y dormir en su cama”

En verano comenzamos a hablar seriamente de pasar a Pegotito a su habitación. Mi marido (¡qué raro se me hace llamarle así!) lo había ido dejando caer desde hacía algunos meses y yo le daba largas argumentando que dormíamos de maravilla los 3 en nuestra habitación (Pegotito en su cuna), que para qué quería fastidiarlo, que mejor esperábamos hasta después del verano, cuando Pegotito cumpliera los 2 años, bla, bla, bla… Además, la que se iba a comer el marrón era yo, que soy su objeto de apego, parece ser. Y no me apetecía ponerme manos a la obra.

Así que comenzamos a mirar camas, para ir adelantando tarea. A mí me encantaban las camas infantiles de Ikea, las pequeñitas, mientras que a él, mucho más práctico que aquí la menda, le tiraban más las normales, las de toda la vida. ¿Adivináis cuál decidimos comprar finalmente? 😉 Si es que, tiran más dos tetas… XD XD

No, fuera de bromas, valoramos pros y contras de ambas opciones, teniendo en cuenta que la habitación de Pegotito es chiquitita, como ella, y al final nos decidimos por la preciosidad de la cama Kritter de Ikea, más conocida como “la de las ovejitas”. Además, a ella también le gustó cuando la llevamos como conejillo de indias a que probara todas las camas de la tienda. 😉

Cama infantil KRITTER de Ikea

No me digáis que no es molona. 🙂

Pros de las camas infantiles de Ikea

  • Se adapta perfectamente al hueco disponible en la habitación de Pegotito, de reducidas dimensiones. Una cama de 1.80 o 1.90 de largo nos comería demasiado espacio, lo que también ocurre con las extensibles de Ikea.
  • Los niños pueden bajar y subir a su antojo. Que tienen sueño, p’arriba. Que se despiertan por la noche y quieren bajar, p’abajo. Y no tienen amagos suicidas de tirarse.
  • Es bajita, con lo cual el castañazo en caso de caerse es menor.
  • Es una cucada.

Contras de las camas infantiles de Ikea

  • En un futuro habrá que cambiarla. Aunque, vete tú a saber lo que ocurre en un futuro. Igual nos toca la Loteria de Navidad y nos vamos a vivir a un pueblecito donde cultivemos nuestra propia comida, a una casa enorme con jardín. 😉 O nos da por aumentar la familia y tenemos que cambiarnos de habitación para que los dos peques compartan espacio. O qué sé yo… El futuro es taaan incierto…
  • El colchón, el protector del mismo y las sábanas bajeras tienes que adquirirlas en Ikea, ya que el tamaño de la cama no es el convencional, sino 70×160 cm. Tampoco es para tanto. 😉 Nosotros nos decantamos por el mejor colchón para este tipo de camas, uno de látex, y el resto es baratito. Eso sí, edredones adaptados a esa medida no hay. Os vale con uno estándard. Y si queréis sábanas encimeras, podéis comprarlas de cama de 90 y remeter. Tampoco vamos a ponernos tan exquisitos. 😉

A fecha de hoy, diciembre de 2015, aún no nos hemos metido de lleno con la operación “paso a su habitación“. Y lo que es más, según mi santo esposo, hemos ido hacia atrás, como los cangrejos: ahora colechamos los 3 en una cama de 1.35 cm, como cuando era un bebé.

Porque, desde hace un tiempo, Pegotito no quiere dormir en su cuna. Profiere unos chillidos espantosos cuando voy a meterla y me dice “mamá, quiero dormir a cama gande”.

En lo que respecta a la cama chiquitita, como la denomina ella, de nada me han servido las fundas nórdicas chachi-guays que compré, con hadas una y flores de colores la otra. Y me temo que tampoco harán su función las 1000 (sí, habéis leído bien) estrellas luminosas para pegar en el techo o la luz quitamiedos con forma de luna. Es tumbarla y tumbarme con ella (ay, madre, un día me cargo la cama) mientras le explico que tiene que dormir ahí porque ya es una chica grande y comenzar a hacer unos pucheros que se transforman en un llanto irrefrenable en un par de segundos.

Porque con mamá y papá se duerme mejor, le doy la razón. 🙂 Y a mí me gusta. Me encanta que se pegue a mí y me dé calorcito, sentir su respiración y que se despierte y me abrace. Pero qué queréis que os diga, a veces, en mitad de la noche, sus piernas y brazos se descontrolan y… ¡Sálvese quien pueda!

Nos hemos puesto como tope las Navidades para comenzar a intentarlo. Sinceramente, la operación está abocada al fracaso. No es cuestión de ser o no ser pesimista. Pegotito está en una fase de apego excesivo hacia mí y sé que no quiere separarse.

Y a mí me da pena, en parte. Porque ya no es un bebé, sino una niña de 2 años. Porque pienso que se irá a su habitación por su propio pie, cuando esté preparada, sin prisas y sin disgustos. Y porque la tendré lejos, a uno o dos metros de distancia, quizá menos, quizá más, se me da fatal calcular estas cosas.

Os mantendré informadas de cómo se van desarrollando los acontecimientos. ¿Alguna recomendación?