Una boda de tres

Boda de tres

No es muy habitual que un niño asista a la boda de sus padres. Lo más corriente, ni mejor, ni peor, ni bien, ni mal, es que los padres se casen antes de concebir a sus hijos y que estos vayan llegando al mundo tiempo después, cuando la pareja lo decida, o no, porque esto del embarazo no siempre ocurre cuando queremos.

Sin embargo, he de confesar que Pegotito fue la encargada de acercarnos las alianzas hace unos días. Sí, ya soy mujer casada. 😉 Por ese y otros motivos, llevo un poco desconectada del blog, aunque os he leído a la mayoría.

Fue un acto sencillo y muy, muy, corto. Es lo que tienen las bodas civiles: en diez minutos está todo el pescado vendido, así que si llegas tarde te lo pierdes, como les pasó a algunos invitados. ¡Mira que avisamos! 😉

No hubo vestido blanco, ni algo azul, ni prestado. También faltó el ramo, el arroz y el velo.

En contrapartida, me casé con un vestido rojo que el papá de Pegotito me regaló años atrás, cuando ni siquiera estaba en nuestros planes convertirnos en padres; como pendientes y colgante escogí unas conchitas, recuerdo de nuestra época de peregrinos. Y como dama de honor elegimos a lo más importante de nuestras vidas: nuestra hija.

Además, quisimos que nos acompañaran en este día las personas más cercanas, con las que compartimos los buenos y los malos momentos. Estaban los justos, no hubo cabida para los compromisos, aunque echamos de menos ciertas caras. 😦

Y, pese a todo, fue emocionante, os lo aseguro. Yo al menos lo viví así. Lo mejor es que al día siguiente nada había cambiado: tuvimos que preparar comida y poner lavadoras. Pero ahora lo hacíamos con una alianza en el dedo anular de la mano derecha. Confieso que resulta un poco extraño, pero nos gusta. 😉

¿Hubo viaje de novios? Sí, pero nos quedamos en tierra patria. Hay paraísos por descubrir más cerca de lo que imaginas. 😉

Continuará…

Vacaciones de verano en tierras cántabras. O la primera vez que Pegotito vio el mar

Casi un mes después de volver me lanzo a contaros nuestras vacaciones de verano. Más vale tarde que nunca. 😉

Este año queríamos que Pegotito conociera el mar. Tiene tanta fijación con las piscinas (“agua gande” las llama), muy a mi pesar, que pensábamos que con el mar fliparía en colores.

Solo pusimos un requisito: escapar del insufrible calor que hemos padecido en Madrid durante los meses de junio, julio y parte de agosto, así que nos decantamos por el norte (como viene siendo habitual en nuestras escapadas veraniegas), en concreto Cantabria.

Así que el día 4 de agosto pusimos rumbo a Tagle, un pequeño pueblecito casi en la costa (y digo casi porque la playa está a unos 15 minutos andando o 2 en coche), pegado a Suances y muy próximo a Santillana del Mar.

Playa de Tagle

Aquí la playa de Tagle. Esta foto no es mía. Fuente: http://fotosdelamsfus.blogspot.com.es/2012/06/en-la-playa-de-tagle-todavia-es.html

El viaje fue un poco accidentado: entre que nos olvidamos los papeles del coche y tuvimos que regresar a por ellos cuando estábamos saliendo de Madrid y la vomitona de Pegotito con la que entramos triunfantes en Burgos, al estilo de El Cid, el periplo se alargó más de lo debido y acabamos comiendo casi a las 4 de la tarde, una vez desembarcamos en la casa que habíamos alquilado y sacamos los bártulos del coche. Pegotito encantada, oye. No me explico cómo puede estar alguien tan campante cuando ha echado los higadillos junto con todo el desayuno de las 11 de la mañana, con su zumo, sus galletas, su croissant… , tener el estómago medio vacío y aún sacar fuerzas para corretear por el jardín y decir “hola” a todo bicho que se encontraba por el camino, incluidos animales y seres inertes. Esto es más inexplicable que el hecho de que Bertín Osborne tenga su propio programa de entrevistas. Ahí es nada… 😉

Esa noche supimos lo que era dormir a pierna suelta, como no experimentábamos desde hacía semanas por las altas temperaturas. Desde luego, hacerlo con pijama de invierno y arropaditos con mantas nos dio la vida.

A lo que íbamos…, la playa. ¿Que si le gustó a Pegotito? Pues sí y no a la vez (esto es como lo del Gato de Schrödinger. Llamadme friki si queréis). El mar le volvió loca. Pero la arena… Caminar descalza por esa materia marrón era como pisar las ascuas de una hoguera: “¡daño, mamá!”. Así que se pasaba el rato de playa (tampoco es que nos guste mucho tirarnos las horas muertas allí) sentada en la toalla jugando con el cubo y la pala y vigilando atentamente cualquier granito de arena que osaba pegarse a su delicada piel. Y eso ya sabéis que, en la playa, es misión imposible.

Hicimos alguna excursión por los alrededores. Como os decía, teníamos Suances a tiro de piedra, así que aparte de ir allí a comprar avituallamiento (en Tagle solo había un bar con una pequeña parte de tienda que se llamaba “Centro comercial”. ¡Nos partimos de risa cuando lo vimos!), aprovechamos para pasear y mojarnos un poco en la playa. Porque, contra todo pronóstico, hemos ido a la playa muchos días. El tiempo en el norte no es tan malo como dicen. Y si lo es, es igual. Coges los bártulos y a la calle. 😉

Si pasáis por allí, os recomiendo una panadería, pastelería y restaurante (lo tiene todo) llamada La Gallofa. Es, simplemente, IN-CRE-ÍBLE. El pan, delicioso; los bollitos, tartas y pasteles exquisitos. Y las pizzas… ¡Cómo describir el olor a pizza que impregnaba el local cuando entrabas a comprar el pan! Te daban ganas de comértelo todo y repetir hasta morir… Alguna tarde de estas de llueve-no llueve-llueve-no llueve acabamos allí merendando los tres, alrededor de una mesa de madera con vistas a la calle.

La-gallofa.-Diario-de-una-mami

También visitamos Santillana del Mar, mi sueño desde que iba al instituto y estudiábamos el arte prehistórico. Pues toma decepción, y por partida doble. El pueblo es precioso, por descontado, pero más masificado que la Gran Vía de Madrid en Navidad. Si os digo que había cola para entrar con el coche y que en vez de calles había riadas de gente os hacéis una idea. Y, para colmo, nos quedamos sin poder visitar el Museo de Altamira. ¡Cómo me iba a imaginar que había que reservar las entradas y que en taquilla no se podían adquirir para el día siguiente! ¡Si en Burgos no habíamos tenido problemas el año anterior para visitar el Museo de la Evolución Humana, yacimientos de Atapuerca incluidos! De hecho creo que nunca me he quedado sin entradas en ningún museo, ni en el Louvre, ni en la National Gallery, ni en el Museo Van Gogh de Ámsterdam, ni en el Prado. ¿De verdad es tan increíble la reproducción de la cueva original, la Neocueva, que hay que pedir cita con anterioridad? A ver si ponen más facilidades…

Lo que sí visitamos, y he de decir que fue una grata sorpresa, fue el Zoo de Santillana. ¡Qué bien lo pasamos viendo las distintas especies! ¡Y qué grande! Súper recomendable para ir con los peques para que puedan ver tigres, primates, leones, bisontes, cocodrilos, búhos, ciervos…

Zoo de santillana del Mar. Diario de una mami

El orangután de Sumatra más longevo del zoo de Santillana. Impresiona, ¿eh?

En definitiva, fueron unos días de no hacer nada, de jugar a todas horas, de vivir sin prisas. Pero, sobre todo, de disfrutar los tres de nuestra pequeña familia.

Y por fin pudimos decir que…

Playa.-Diario-de-una-mami

Aunque con un poco de retraso…, ¿qué tal vuestras vacaciones? 😉

Lo bueno se hace esperar: ¡cine!

Inside Out (Del revés)

Dos años después hemos vuelto al cine. Y dos años después hemos elegido una peli de dibujos. En efecto, fuimos a ver Inside Out (Del revés), el nuevo éxito de Pixar.

Qué sensación tan rara ir los dos solos en el coche, yo sentada en el asiento del copiloto, sin amenazas de vómitos ni llevando el bolso cargado con la botella del agua, trozos de pan, clínex y toallitas. Extraño fue también estar de nuevo en una sala de cine sin tener a Pegotito al lado. ¡Caray, no recordaba yo lo alto que está el volumen en el cine! ¿Será que me he vuelto una anticuada? No será porque no grito en casa a veces, cuando Pegotito está haciendo alguna de las suyas. O grito para llamarle la atención o tenemos leche contra el suelo, así que prefiero gritar.

¿Que cómo estuvo la peli? Si eres de los pocos que aún no ha tenido la oportunidad de ver Inside Out (Del revés), compra ahora mismo tus entradas. La película es una pasada. ¡Si es que lo hacen muy bien estos de Pixar! Me quito el sombrero con cada una de sus producciones.

Te ganan desde el primer minuto. ¿O no me digáis que no te toca la fibra el gorrito con el que aparece Riley al principio, ese gorrito de rayas azules y rosas que más de uno de vuestros bebés ha llevado en el hospital donde nació? 😉

Inside Out (Del revés) Riley bebé

¡Lo tengo guardado como oro en paño!

Ya estaba yo ahí echando la lagrimilla, recordando el nacimiento de Pegotito. Porque sí, reconozco que lloré en un par de ocasiones, como algunos de los niños que estaban en la sala. Desde luego, lo de Bing Bong no tiene nombre. Y no digo más para no spoilear.

Bing Bong Inside Out

Es una película que te hace reflexionar mucho. Aunque parezca una cinta banal y sin contenido (¡Bah, es de dibujos!), tiene un fondo de lo más interesante. Comprendes por qué la tristeza es a menudo tan necesaria y cómo los recuerdos (esenciales o no) van configurando nuestra personalidad hasta definirnos completamente. También que no todo puede ser de color de rosa (o dorado). Pero, sobre todo, aprendes que una sonrisa que consigues dibujar en la cara de tu hijo vale más que todo el oro del mundo.

¿Y qué me decís del corto antes de la peli? ¡Sí, el de Lava!

Solo os diré que me estoy aprendiendo la canción para cantársela a Pegotito. Ya tengo el estribillo dominado y le encanta.

Por cierto, el vídeo es el mejor que he podido encontrar. Bueno, a decir verdad el mejor es en inglés, donde la letra rima de verdad y juegan con lo de “I Lava you“. Si tenéis un ratito, merece la pena verlo. 😉

¿Que si no eché de menos a Pegotito? Sí, claro. Pero lo pasé bien. Y ella ni os cuento. Cuando llegamos estaba en el parque con sus abuelitos y pasó de nosotros completamente. Ya se sabe: cría cuervos… 😉

¿Habéis visto Inside Out? ¿Qué os pareció?