Érase una niña a una pierna pegada

Rabietas

Pensaba que a medida que pasara el tiempo, dejaríamos atrás los momentos “solo quiero estar en los brazos de mamá“. Pero parece que estemos viviendo un flash back en toda regla, tipo Regreso al futuro.

A sus casi dos años Pegotito, con todos los momentos de independencia y autonomía que tiene, en (muchas) ocasiones solo quiere que yo la coja. Y cuando digo yo significa yo: ni padre, ni abuelo, ni abuela, ni Mickey Mouse si se presentara aquí.

Me encanta tenerla en brazos y esos momentos de amor que me profesa, pero a veces no puedo, sencillamente eso. No puedo atender a sus súplicas cuando tengo que preparar la comida para las dos. O cuando he de cortar la sandía. O si necesito darme una ducha porque hemos pasado una noche toledana por el calor y si salgo a la calle voy a dejar seca la hierba de los jardines. Tampoco si acabamos de comprar en la frutería y llevo dos bolsas, una en cada mano. Así que me persigue agarrada a mi pierna allá donde voy, montándome unos pollos de campeonato donde le pilla, que una no sabe si salir corriendo al hospital porque le pasa algo gravísimo o hacer las maletas y huir a Siberia, Alaska o la Patagonia. Cualquier lugar lejano con frío me serviría para alejarme de las rabietas.

Hace un rato, sin ir más lejos, me disponía a sentarla en su trona después de preparar la comida y aguantar su correspondiente berrinche tratando de no inmutarme. Tras diez minutos de intentos logré doblarle las piernas y sentarla, pero el estado de sofoco era tal, que se me estaban atragantando los macarrones.

¿Qué hacer  en esos casos? ¿Seguir comiendo como si nada y asistir inmutable al espectáculo sin que pruebe un solo bocado, con el riesgo de que vomite a causa del llanto? ¿Cogerla y reforzar su conducta? Pues la he cogido, sin más. La he sentado sobre mis rodillas y hemos comido las dos tan panchas, sonriéndonos y jugando a quitarnos la comida.

Quizá ahora me necesite más, no lo sé. Puede que a sus casi dos años sienta que se aproximan muchos cambios, que es más mayor y necesite que esté más cerca de ella para acompañarla. Puede ser que solo quiera llamar mi atención en los momentos en los que miro hacia otro lado. ¿Y cómo negarme a eso? Sencillamente, no puedo.

¿Os ha pasado también a vosotras con vuestros hijos? ¿O voy preparando las maletas? 😉

18 comentarios en “Érase una niña a una pierna pegada

  1. Todavía me pasa y tiene 5 años. Si estamos hablando su padre y yo nos interrumpe con cualquier pretexto si se siente excluida. Todavía es capaz de pedir brazos si quiere mimos. Deja de comer sino le hacemos caso… Los métodos se van sofisticando jajaja

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  2. A Niño le pasaba y tenía que hacer todo, todo con él a cuestas. Ahora ad acerca a los 4 años y a veces me reclama pero ya no siempre. Ahora le pasa a Niña, quiere todo el día brazos, y sólo la mama… A veces es pesado, cuando no puedes atenderla, pero es una época que pasa y también hay que disfrutarla. Sobre lo de dejarla en la trona o ponerla en tu falda, no lo dudes, con lo que estéis las dos más cómodas, lo que sea mejor para vosotras. Lo demás da igual.

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  3. como me siento de identificada… además, no sé tu peque pero e mío con 16 meses pesa 12 kilos y lo llevo encima todooooo el día! además lo que tu dices, si no lo coges prepárate para el ataquito. Mi hijo repite sin parar ama, ama, ama, ama, ama,ama…… tengo su vocecilla metida en la cabeza!

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  4. Si te sirve de consuelo la Mayor vivió pegada, literalmente, a mi hasta el año y medio más o menos y como le ocurre a Segundos Pasos, es una niña grande (ahora tiene tres años y pesa 20 kilos y mide 110cm!!!). Ahora estoy igual con la Pequeña, con ella encima a todas horas o si no pollo garantizado. Por suerte esta pesa bastante menos!!! Los niños son así. Sólo quieren estar con nosotras y aunque a veces te entran ganas de huir a Pernambuco, luego se te pasan!!

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    • ¡Jaja! No sé si me sirve de consuelo o me entran más ganas de escaparme. 😉
      Luego me siento mal por haberlo pensado. 😦 Me debato entre una postura u otra. En fin, llegará un momento en el que pasen de nosotras completamente, así que disfrutemos como podamos. 😉

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  5. La teoría educativa dice que esas cosas son mejor ignorarlas. Alguna vez me pasó en el trabajo y lo hice. Funcionó a la perfección pero… era un trabajo y los niños no eran míos.
    Como no tengo hijos no te puedo dar un puto de vista personal. Lo único que puedo decirte es ¡Ánimo! Haz lo que creas que està bien y con eso servirá. 😁😁

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  6. Sí, es un claro ejemplo de llamada de atención, porque supongo que estaría acostumbrada a ello y quiere seguir en tus brazos, ¿has intentado explicárselo verbalmente sin mucho palabrerio, algo sencillo para que entienda que se hace mayor y que no puede estar encima de mamá siempre? A veces con un poco de vocabulario sencillo a la altura de ellos lo entienden, yo es que me sé mucha teoría pero luego la práctica es otro cuento ejejjejeje 🙂

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  7. Ayyy como son estos niños! Yo tengo un hijo de 26 meses y no nos ha pasado que haga berrinches por brazos (sacando algun caso puntual), pero lo de ignorarlos no creo que sea bueno.
    Yo ahora estoy embarazada y desde el quinto mes de embarazo ya no puedo cogerlo en brazos, a no ser que le pase algo grave (caerse, etc).
    Si que me pide brazos, obviamente, tiene 2 años y para el su madre es su mundo. Yo lo que hago es me agacho donde él, le doy un abrazo y le explico que mama no puede levantarlo, que pesa mucho, etc. Si de todas formas sigue pidiendo, me siento y lo cojo en brazos. Pero la verdad es que muchas de las veces, hablandole tranquila y explicandole se olvida y nos ponemos a jugar con otra cosa.
    Cuando estamos caminando en la calle, que también sucede, lo mismo, pero por las dudas siempre llevamos el cochecito 🙂

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  8. Los gloriosos dos años y sus rabietas. Acabamos de aterrizar en ellos. Ha sido cumplir dos años y dar un cambio radical. La primera adolescencia que le dicen. Los berrinches, por cosas que antes eran normales y rutinarias, son monumentales. Intento razonar con él, pero está tan enfadado que no creo que sepa ni lo que le estoy diciendo. Al final acabo por abrazarle o cogerle en brazos hasta que se calma y pasamos a otra cosa. Es difícil y frustrante. Lo que antes era sencillo, ahora se complica por cualquier cosa. No nos queda más que armarnos de paciencia y mirar el lado positivo: vamos a tener unos brazacos musculados (en tu caso piernas, jijiji).

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