Primeras palabras. O cómo fuimos del “ajo” al “agua”

Según mi madre, Pegotito debería haber comenzado a hablar a los tres o cuatro meses: “¡Mirad! Yo creo que esta niña quiere hablar. ¿No veis los gestos que hace con la boca?”. Menos mal que mi hermano estaba al quite y siempre le respondía con un “Si empieza a hablar ahora mismo, sí que sería para preocuparse”. Por eso cuando comenzó a emitir sus primeros “ajos“, a esa edad más o menos, como el resto de bebés del mundo mundial, la abuela no paraba de decir a todas sus amigas y conocidas que Pegotito era una niña súper inteligente. ¡Caramba con el amor de abuela! 🙂

Pero lo cierto es que Pegotito no decía “ajo“, sino “ajo aji”. ¿No sería que esta niña quería comer unas papas al alioli? Desde luego, era la primera vez que escuchaba a un bebé decir esa combinación de palabras.

Después comenzamos con el “gugu tata“. Sí, parece como sacado de un libro: los perros españoles dicen “guau”, los ingleses “wow” y nuestros chiquitines “gugu tata”. Así que yo se lo decía a Pegotito y ella lo replicaba. Si es que, son como esponjas. 😉

Claro que, a mí lo que me sorprendió de veras fue el “hola” que le espetaba a todo quisqui que se cruzaba en su camino, mucho antes de cumplir su primer año. No os podéis imaginar la cara de la gente cuando un bebé chiquitín se dirigía a ellos y les saludaba con un “hola” perfectamente dicho, acompañado o no de un movimiento de brazo primero y mano después, cuando perfeccionó la técnica. Se quedaban ojipláticos, boquiabiertos. Ahora continúa diciendo “hola” a todo lo que se mueve y lo que no. Hay que comenzar el día saludando a las cortinas y a la ventana, la educación es lo primero.

A su “tatá” (papá) comenzó a llamarle pronto. Al principio creíamos que usaba esta palabra para referirse a cualquiera de nosotros, pero ahora claramente dice “tatá” cuando quiere ir con “tatá”. Las cosas claras y el chocolate espeso.

Sí, también dice “mamá“, aunque no de una forma tan seguida. Es decir, comienza a repetir muy rápido, mirándome a los ojos: “Ma-ma-ma-ma-ma-ma”. Y yo le miro y le dijo: “Sí, soy mamá”. En esos instantes me derrito y me la como a besos.

El “ta” es su debilidad. Y la mía, jeje. En casa somos muy paneros y nos pasamos el día comiendo “ta”, en cristiano pan. No es raro que estemos sentados comiendo o cenando, con Pegotito en su trona, y empiece a gritar: “¡Ta, ta, ta!” ¡Cualquiera hace oídos sordos!

También es de las que dice “Gua gua” a los perros cuando vamos por la calle. Bueno, a los perros y a cualquier animal que ve. Ahora estamos en la fase de conocer a los distintos animales del mundo y nos pasamos el día haciendo soniditos. Nuestra casa parece un zoo o una granja escuela, según se mire.

El parque no podía faltar en su vocabulario. Claro que, adaptado a su propio idioma. Cuando dice “ta-te” ya sé dónde quiere ir. ¡Nooooo!

Hace unas semanas me sorprendió de nuevo con otra palabra, que dice tímidamente y por sílabas: “a-gua“. Por lo menos ahora sé si tiene sed o no. Porque en verano me vuelvo un poco loca ofreciéndole agua a cada rato.

Lo cierto es que cuando empieza con sus charletas, no para. En ocasiones tengo que decirle: “Aggg, ¿puedes callarte un segundo para escuchar una cosa muy importante?”. Es solo para enterarme de las noticias, más que nada. Por saber lo que pasa en el mundo y tal. Pero me encanta escucharla y que ella se escuche y grite cada vez más alto, contenta y feliz por oír su voz. Total, últimamente las noticias son una combinación de desgracias y corrupción política, así que a veces es mejor vivir en la ignorancia.

¿Cómo van vuestros peques con sus palabras? ¿Qué es lo que repiten y repiten hasta cansarse o cansaros? 😉

¡Mamá, me han dado un premio, digo dos!

¡Qué ilusión, madre mía! Solo llevo 4 meses en la blogsfera y me han dado un premio. Y lo que es más, ha venido de la mano de una mami, como yo, Mamaruja 24 horas. ¡Muchas gracias! 🙂

Así comencé el post hace unos días… Pero entre pitos, flautas y el fin de semana no he tenido un ratito para sentarme a escribir y me he encontrado con otra nominación de Días de mamá. Así que…, ¡no puedo estar más contenta! 🙂 ¡Muchas gracias a ti también!

Estos premios se los quiero dedicar a mi hija, mi chico, mi madre, mi padre, mis primos, mis primas, mi hermano, el vecino del quinto, el frutero, el carnicero, la cajera del súper, la cartera, el barrendero, el conductor del metro… ¡Ah! ¿Que solo tengo un minuto? Vale, pues entonces vayamos con lo siguiente, no me vayan a quitar los Liebster. 😉

El Liebster Award es un premio que se da entre blogueros a blogs pequeños, de menos de 200 seguidores. Cuando te nominan has de hacer tres cosas de ná para convertirte en premiado y poder colgarte la medalla, digo la insignia.

  1. Seguir al blog que te ha nominado (en esto ya voy adelantada en ambos casos).
  2. Responder a las preguntas que formule tu mentor (Oh, oh, creo que tengo doble tarea).
  3. Nominar a 11 blogs que te gusten y asegurarte de que se enteran, vía redes sociales o su propio espacio (solo nominaré a 11, que ya es misión complicada).
  4. Realizarles tus preguntas o pedirles que cuenten 11 cosas sobre ellos.
  5. Y visitar al resto de nominados, claro.

Como tengo mucha prisa por ponerme mi insignia y fardar, he hecho los deberes rauda y veloz, como Speedy González.

Rapidez Speedy Gonzalez

Estas son las preguntas que formuló Mamaruja 24 horas:

1- ¿Por qué decidiste hacer un blog?

Porque leía algunos blogs de maternidad y me apetecía tener el mío propio para así poder contar mis aventuras y desventuras y relacionarme con otras mamis.

2- ¿A quién admiras en la Blogosfera?

A 2 blogs de mamás que me gustan mucho: Construyendo una familia y No soy una drama mamá. Son mamis de tres hijos y me encanta la vitalidad que transmiten.

3- ¿Utilizas herramientas para bloggers?

Como no puedo insertar el código de Analytics en mi blog (tengo WordPress para pobres), me apaño con las herramientas para webmasters de Google, para conocer los términos de búsqueda que llevan visitas a mi blog, entre otras cosas, y con Google Adwords, para investigar un poquito sobre palabras clave a utilizar.

4- ¿Cuál es tu tema estrella?

Uno de los posts que más ha gustado es el titulado “Relativización del tiempo. O cómo tardar 1 hora en poner una lavadora”, en el que he insertado un vídeo muy divertido de una niña que no deja que su mamá termine las tareas domésticas. Mamás Guerreras lo rebloguearon y todo y a mí me hizo una ilusión enorme.

5- ¿Qué tema aún no has tocado pero te gustaría hacerlo?

Tengo varios borradores en el tintero sobre mitos de los bebés o cuándo pasarles a su habitación.

6- ¿Tienes alguna rutina a la hora de escribir tus post?

Primero realizo un pequeño esquema en una libreta que tengo para mis cosas, a boli, a la antigua usanza. Así me es más fácil desarrollar después las ideas.

7- ¿Programas los post o escribes y publicas?

Depende del tiempo que tenga, jeje. Intento dejarlo programado, pero no siempre es así. Por ejemplo, ahora mismo lo estoy escribiendo casi a tiempo real.

8- ¿Tu entorno sabe que escribes un blog?

Hay gente que sí, pero son escasos. Selecciono cuidadosamente a mi público objetivo. 😉

9-  ¿Un sueño que esperas se haga realidad?

Conseguir un trabajo que me permita conciliar.

10-  ¿Un Consejo infalible (en cualquier ámbito de la vida)?

Perseverar, jamás perder la esperanza y la ilusión.

11- ¿Objetivo bloggeril para este año?

Despegar en las redes sociales, que las tengo hechas un desastre. Y tiene delito la cosa, porque me dedico a esto…

Y ahora… ¡Las respuestas a las preguntas de Días de mamá!

1. Defínete brevemente, con una pequeña presentación de ti. 

Cabezota, soñadora, peregrina… Caminante, no hay camino.

2. ¿Por qué has creado un blog?

Repito respuesta: porque leía algunos blogs de maternidad y me apetecía tener el mío propio para así poder contar mis aventuras y desventuras y relacionarme con otras mamis.

3. ¿Intentas programar los días de publicación o bien escribes días aleatorios, según se te ocurre algún tema?

Jeje… Suelo publicar martes y viernes, pero a veces no es posible. Esta semana ya vamos mal…

4. ¿Sobre qué temas te gusta más escribir?

Me encanta publicar vídeos graciosos sobre la maternidad, o de los que te tocan la fibra.

5. ¿Hay algún tema que aún no has tocado, pero lo estés deseando?

Tal y como dije… Tengo varios borradores en el tintero sobre mitos de los bebés o cuándo pasarles a su habitación.

6. ¿Eres una bloguera anónima, o das datos concretos sobre ti y compartes fotos personales?

Yo, como el autor de El Lazarillo de Tormes.

7. ¿Saben en tu entorno más próximo que tienes un blog?

Copio y pego: Hay gente que sí, pero son escasos. Selecciono cuidadosamente a mi público objetivo. 😉

8. ¿Qué tipos de blogs te gusta leer/seguir?

Aparte de los de maternidad, suelo seguir otros de fotografía.

9. ¿Qué momento del día sueles escoger para escribir las entradas?

Por las tardes. Menos ahora, que son las 12 de la noche… 😉

10. Cuéntanos algún secreto confesable.

A veces salgo a la calle con la camiseta de dormir debajo del abrigo y nadie se entera. ¡Hasta ahora!

11. Objetivo a cumplir en este año (en general, no a modo blog).

Sobrevivir, que no es poco. 😉

Y a continuación, mis 11 nominados. Esta vez solo haré los deberes una vez. Si alguien tiene ya el Liebster, que me perdone y se ponga la insignia verde, please. 😉

And the winners are…

  1. Mamá en el Siglo XXI
  2. Mamá blogger
  3. Crónicas de lo cotidiano
  4. Los desvaríos de Pi
  5. El mundo de Raga
  6. Mamá de un Survivor
  7. Maternideas
  8. El embarazo es un infierno
  9. Bajo percentil
  10. Luna Lunera 
  11. Maternidad como puedas

En vez de preguntas, me gustaría que contaran 11 cosas sobre ellas.

Enhorabuena a los premiados. 😉

Un ecosistema llamado parque

Si no te gustan los parques, date por jodid@. Porque te aseguro que, si eres padre o madre, acabarás (casi) todos los días en uno. Da igual que te hayas jurado a ti mism@ que nunca lo harías, que no pasarías las tardes sentado en la arena haciendo pastelitos con barro o correteando detrás de un pequeño ser que se aproxima peligrosamente al tobogán. Amig@ mí@, bienvenido a tu nuevo ecosistema.

En el parque nos encontramos con la convivencia, pacífica o no, de distintas especies. Por un lado están unos seres grandes, de pelo largo o corto, cargados con multitud de bolsas y paquetes que contienen objetos de lo más dispares. Se pueden encontrar sentados en un banco comiendo unas cosas pequeñas y negras, en la arena o correteando detrás de unos seres pequeños que no paran de moverse ni un segundo. Es más, en ocasiones tales seres diminutos salen disparados hacia un objetivo que desconocen los seres grandes y acaban de bruces contra el suelo, ocasionándoles gritos de pavor a unos e indiferencia a otros.

Como en la vida misma, en el parque también se originan conflictos, ¡y muchos! Ya sea por querer montar en los columpios o por apropiarse de los juguetes de otro ser pequeño, no es raro que los seres grandes tengan que intervenir para mediar en el conflicto. Claro que, a veces median para mal, y te dan ganas de decirles cuatro palabras. No conocen la ley que impera en el ecosistema parquil:

“Todo es de todos. Y si quieres recuperar tus juguetes, ¡ponles el nombre!”

Porque en el parque se producen curiosas metamorfosis. Hay seres grandes que se transforman en basiliscos cuando un ser pequeño arrebata el cubo y a la pala a su mini-yo o que se convierten en el egoísmo personalizado cuando hay otros seres pequeños esperando para montar en los columpios y no hay quien saque al suyo ni con agua caliente Afortunadamente se trata de comportamientos reducidos a la mínima expresión. Aunque, como las brujas, haberlas, haylas… 😉

De igual forma, las transformaciones se producen en los seres pequeños. Los hay muy tranquilos hasta que les tocan las narices y viene el mayor de los seres pequeños a quitarles su cubo y su pala. Entonces el ser pequeño tranquilo saca todo el genio que tiene dentro de ese cuerpecito y le endiña un rastrillazo al otro en la cabeza, que huye despavorido. Los seres grandes corren hacia el lugar de los hechos y tratan de mediar en el conflicto, a veces bien, a veces mal. Si es que, va a resultar que los seres grandes no son tan diferentes de los pequeños…

Pero los parques también tienen cosas buenas, no creáis. Muchas ocasiones son escenario de actitudes colaborativas. Es frecuente poder ver a dos o más seres pequeños llenando el cubo de arena para terminar cuanto antes, vaciarlo y comenzar otra vez. Debe ser algo extremadamente divertido, porque es increíble la cantidad de seres pequeños que son atraídos mediante este sencillo juego. Curiosa forma de hacer amigos. 😉

Claro que, este comportamiento gregario se da igualmente entre los seres grandes. Es curioso ver cómo un ser grande se aproxima a otro ser grande solitario y comienzan a hablar de cosas sin importancia, hasta que, con el paso de los días, empiezan a compartir sus preocupaciones en torno a la educación y el bienestar de los seres pequeños. Y entonces bajar al parque, lo que antes se trataba de una obligación un tanto aburrida, se convierte en un ratito de charla, de entretenimiento, de vida social.

No, si al final va a resultar que a nosotr@s nos gustan los parques más que a nuestros hijos.

Esto…, me voy al parque, que he quedado con las madres y padres de los amigos de Pegotito. 😉

¿Cómo vais vosotras con el tema parque? ¿Os gusta? ¿Habéis sido testigos de muchos conflictos?

Aquí no hay playa… Ni vacunas para todos

Vacunas infantiles

Ayer por la tarde teníamos la revisión de los 18 meses de Pegotito, con su correspondiente banderilla (vacuna). Pero por la mañana recibí una llamada que cambió los planes:

– No vengas al centro de salud esta tarde porque no hay vacunas, se han agotado.

– ¿Otra vez? Y entonces, ¿qué día tenemos que volver?

– No te puedo decir. En cuanto llegue la enfermera se pondrá en contacto contigo.

Y entonces comencé a transformarme, en plena frutería, bajo la incrédula mirada del frutero, en… El increíble Hulk.

Porque me parece indignante que nos pase esto por segunda vez. En la revisión de los 6 meses no pudieron poner a Pegotito todas las vacunas el mismo día porque se habían quedado sin unidades. Tuvimos que volver la siguiente semana a completar el proceso.

Por la tarde, dado que nadie se había puesto en contacto conmigo (doble enfado), decidí acercarme al centro de salud a hablar con la enfermera y solicitar una nueva cita. Había vuelto a mi ser, porque tampoco es plan de comerme a la pobre mujer, todo hay que decirlo. El enfermero que la sustituía (ella no estaba) me explicó, con bastante vergüenza, que entendía perfectamente mi indignación y mi cabreo porque ellos también estaban así. La central de no sé qué les envía menos dosis de vacunas que las que solicita el centro de salud, a pesar de que saben perfectamente que el barrio donde vivimos es un barrio joven, con una tasa de natalidad bastante elevada. Vamos, que te tropiezas con un carrito cada vez que sales de casa, doy fe.

Nos han citado para el 30 de abril, con la esperanza de que hayan llegado más vacunas, casi cuando Pegotito cumple los 19 meses. Si, ya sé que esto es no es una ciencia exacta y que no pasa nada por esperar unos días o semanas, ¿pero un mes? ¿Por qué tiene un niño que esperar casi un mes para recibir una vacuna que la Consejería de Sanidad recomienda, o mejor dicho, obliga poner? ¿Es que juegan con la salud de nuestros pequeños? ¿Qué se supone que debo hacer si el día 30 mi hija no puede recibir su vacuna? ¿Encadenarme en la puerta de algún ministerio?

En resumen, y para terminar, en Madrid no tenemos playa, y parece que tampoco vacunas para todos.

¡Habemus silla de coche!

No os podéis imaginar el peso que nos hemos quitado de encima. Para quien no esté metido en estos berenjenales de la maternidad o paternidad, quizá piense que exagere o considere que comprar una silla para el coche no es sino un tema banal y carente de importancia. Pero mamis y papis del mundo, que levante la mano quien no haya hecho un máster y sepa más que la wikipedia y Google juntos sobre sistemas de retención infantil.

Hace unos meses os contaba nuestras peripecias buscando la siguiente silla de coche de Pegotito: cómo nos fuimos informando de los distintos modelos de sillas que existen en el mercado, los beneficios de la contramarcha, qué era eso del Isofix (que nuestro coche no tiene) y demás historias. Comenzamos a estudiar el tema en octubre de 2014. Compramos la silla el sábado pasado, 11 de abril de 2015. ¿Habremos batido el récord de tardanza e indecisión? Supongo que sí. 😉

Retomemos… Nos habíamos quedado valorando la posibilidad de comprar la Kiddy Phoenixfix Pro 2 del 2014, pero primero quería escribir al fabricante para comprobar que nuestro coche era compatible con la silla y viceversa. Un día me armé de valor, les contacté y… ¡Oh, sorpresa! Me dijeron que en principio sí podía instalarse, pero que lo mejor era comprobarlo in situ en alguna de las tiendas que distribuían la silla. He de decir que me indicaron un par de tiendas de mi ciudad, así que estupendo. Solo teníamos que decidir cuándo acercarnos, que esa es otra. 😉

Fue pasando el tiempo y un día, buscando más información, descubrí el blog de Mamá(contra)Corriente, en concreto su post “Mi experiencia en TodoneneS comprando sillas de coche: un 10”. En él hablaba de una tienda situada en Villaviciosa de Odón, Todonene’S, donde la habían atendido de maravilla cuando fue a comprar las sillas para sus hijos. Y lo que es más, vendían sillas a contramarcha, que prácticamente habíamos desechado por varias razones (entre ellas porque son más difíciles de instalar, lo que puede reducir su seguridad si lo haces mal) pero que a mí me seguían rondando la cabeza. Y fuimos.

No estoy de acuerdo con Mamá(contra)Corriente. Yo no les daría un 10…, ¡les daría un 11! ¡O un 12! 🙂

  1. Nos atendieron de maravilla: resolvieron todas nuestras dudas, probaron las distintas sillas en el coche y montaron a Pegotito para que ella también diera el visto bueno. Todo sin mostrar ningún atisbo de prisa. Os puedo decir que estuvimos allí más de una hora.
  2. Saben lo que venden, lo que me parece fundamental para este tipo de decisiones en las que está en juego la seguridad de nuestros hijos.
  3. Nos dejaron la silla perfectamente instalada, así que nos la llevamos puesta a casa.
  4. Nos comentaron que podíamos volver cuando quisiéramos si necesitábamos instalarla de nuevo, por si teníamos algún problema.

Al final nos decidimos por una silla a contramarcha, la Klippan Kiss 2, de grupo 0-1, reclinable en 3 fases y sí, compatible con vehículos sin Isofix, como es nuestro caso.

Solo os puedo decir que a Pegotito parece que le gusta. No sé si será coincidencia o no, pero ya hemos cogido el coche varias veces desde ese día, en trayectos de unos 30 minutos seguidos, y no ha habido ni vómitos ni lloros. El tiempo máximo que aceptaba montar en el “huevo” eran 10. Pasada esa cuantía era un estrés, creedme. Tenía que ponerme a cantar la canción de “La casa de Mickey Mouse” o de “Henry el monstruo feliz” como un disco rayadoo, dejarle las llaves y que me las tirara a la cara, permitirle que se echara el agua encima…, hasta que llegaba el vómito. 😦 Como comprenderéis, no se quién odiaba más coger el coche, si ella o yo.

Esperemos que, a partir de ahora, las cosas cambien un poco. Yo tengo esperanza, mucha, aunque tampoco quiero lanzar las campanas al vuelo. 😉

Y vosotras, ¿qué sillas de coche tenéis? ¿Vuestros peques van contentos?

La locura de ser padres

Las mamis y los papis nos quejamos mucho, y con razón: que si dormimos poco, que si estamos todo el día haciendo cosas, que si no tenemos tiempo para nosotros, que si la casa parece una leonera… Pero luego nos echan una sonrisa y se nos pasan todos los males, ¿no creéis? Por una mirada suya al despertarse daríamos un mundo; por una sonrisa, un cielo. Y por un beso, ¿qué no daría una madre por un beso de su hijo?

Como dicen en este spot de Hero Baby, #lalocuradeserpadres, ésta es, sin duda, la época más fantástica de nuestras vidas. 😉

Espero que disfrutéis de este genial vídeo que me pasó una muy buena amiga, mami, como yo. Vanessa, gracias. 🙂

Sigüenza, la ciudad del Doncel y de los parques

Hace siete días estábamos en Sigüenza. Decidimos que sería nuestro destino para esta Semana Santa y el día anterior preparamos el equipaje para un mes cuatro días. Ésta es la aplicación a la vida real de la archiconocida frase de madre: “Te da igual ocho que ochenta, ¿verdad?” Pues sí, lo cierto es que sí, pero cambiando la cifra, porque el maletero va igual de petado para tres días que para treinta. ¿Cómo es posible? ¡Si parece que estamos en plena operación de paso del Estrecho! Para que os hagáis una idea, no podemos llevarnos la cuna de viaje de Pegotito porque no nos cabe, así que es nuestro requisito sine qua non para viajar: “O me pones cuna de viaje o me voy a otro hotel”.

Con tal panorama ante mis ojos antes de salir de casa, no sé cómo no me entró la pereza más absoluta. Bueno, he de reconocer que siempre me entran tentaciones de encerrarme en la habitación con siete candados y poner el cartelito de “No molestar”, pero es que si no, no iríamos a ningún sitio. Así que… ¡Carretera y manta!

El camino fue de maravilla. Pegotito se durmió a la media hora y abrió los ojos cuando llegamos, una hora más tarde. Ni vómitos ni amagos, así que ¡prueba superada! Otros día os contaré los shows que tengo que montar para que no ponga todo perdido cuando vamos en el coche…

Hicimos turismo por allí: la Catedral de Sigüenza, a la que entramos un montón de veces porque a Pegotito le gustaron mucho las vidrieras (y eso que no son demasiado vistosas porque son románicas), con su famosa escultura funeraria del Doncel; el castillo (¡me encantan!), hoy convertido en Parador Nacional; la casa de Martín Vázquez de Arce, el ya mencionado Doncel, el caballero guerrero de Sigüenza… Pero, sobre todo, callejeamos, caminamos, subimos y bajamos cuestas y… Tapeamos. Sigüenza es un lugar estupendo para saborear esas exquisiteces en miniatura y llenar el estómago… ¡Humm! Muy recomendable es la taberna Gurugú, especializada en tapas medievales.

También tuvimos nuestro momento bucólico campestre. A menos de 10 km se encuentra el pueblo de Pelegrina, desde el que acceder al barranco del río Dulce. Así que como nosotros somos más de campo que las amapolas, allá que nos fuimos, con Pegotito en su Mandu (Manduca, la mochila portabebés). Fijaos lo a gustito que iba por la Hoz de Pelegrina, escuchando el sonido del agua y el canto de los pajarillos, que se quedó sopa todo el rato que estuvimos caminando. Como nota curiosa diré que siguiendo esta ruta se llega al mirador de Félix. Sí, de Félix Rodríguez de la Fuente, creado en su honor porque frecuentaba estos parajes para filmar sus documentales.

Pelgrina, río Dulce. Diario de una mami

Pueblo de Pelegrina, con los retos de su castillo al fondo.

Pero si tengo que destacar una característica de Sigüenza, diré que lo que más me llamó la atención fue la cantidad de parques de los que dispone. Y lo mejor de todo…, ¡con columpios para bebés! Sí, de esos en los que puedes dejar a tu hijo con toda tranquilidad y empujarle lo que quieras porque no se va a salir. Estuvimos en tres: dos al principio y al final del Parque de la Alameda, un parque neoclásico precioso, y otro al lado del castillo. Para una población de 4712 habitantes, según la Wikipedia, no está nada mal. Vale, no tengo ni idea de cómo está la proporción en otras ciudades, pero a mí que hubiera columpios de bebés en todos los parques que pisamos, me pareció un acierto. 😉

Parque infantil en Sigüenza

Aquí una de las zonas infantiles del Parque de la Alameda. Fuente: http://bit.ly/1CzgXRF

Quizá el tema parques no sea la principal razón para ir a un sitio, ni mucho menos, pero ahora mismo para nosotros es un aliciente. Porque Pegotito es feliz jugando con la arena y montándose en los columpios y cualquiera le dice “hoy no hay parque”. Así que si os ha gustado el post y os apetece visitar la ciudad del Doncel con niños, ya sabéis que tenéis el éxito asegurado. 😉

¿Qué tal vuestra Semana Santa? ¿Habéis hecho alguna escapada?