Relativización del tiempo. O cómo tardar 1 hora en poner una lavadora

Cuando te conviertes en madre comienza a producirse un extraño y curioso fenómeno al que yo denomino “la relativización del tiempo a la inversa”.

Esto…, ¿¿quéeee?, ¿¿cómoooo?? Sí, sí, que si antes empleabas 30 minutos en ducharte, con toda tu parsimonia, lavarte el pelo, echarte crema hidratante, cortarte las uñas y mirarte un ratito en el espejo para observar lo mona que estás aunque pasen los años, ahora haces todo eso (o quitando alguna cosa, como lo de aplicarte la crema, que se me debe haber secado desde que la usé por última vez) a cámara ultrarápida, no pasando de tardar más de 10 minutos en total.

Y si en media hora batías el récord de tareas domésticas realizadas, incluyendo poner la lavadora, colocar los platos del lavavajillas e incluso doblar la ropa, ahora cada una de ellas, por separado, te ocupa la friolera de una hora. Así que, que alguien me explique cómo hay algunas familias que consiguen tenerlo todo como los chorros del oro, porque a nosotros nos nos quedan horas, ni ganas. 😉

¿Existe alguna razón para un fenómeno tan sobrenatural? Creo haber encontrado la respuesta: yo se lo achaco a un duendecillo que pulula a mi alrededor haciendo de las suyas y queriendo colaborar conmigo, pero a su manera.

Algo así le ocurre a la mamá de este vídeo. ¿Y a vosotras? Espero vuestros comentarios después de verlo. 🙂

¡Ah! ¡Y buena Semana Santa!

Dicen que los niños son como esponjas

Dicen que los niños son como esponjas, y yo no puedo estar más de acuerdo.

Siempre había escuchado (y estudiado) eso de que los niños aprenden por imitación, que hacen todo lo que ven, bla bla bla. Y ahora que soy madre estoy alucinando con las cosas que hace Pegotito que, sin duda, ha aprendido de mí y de su padre. Así que entre “tatá” (papá) y yo, hemos elaborado esta lista de imitaciones 😉

  1. Se limpia los mocos o la baba con un clínex o una servilleta.
  2. Sopla cuando se va a llevar algo a la boca, por si quema
  3. Da de comer y de beber a sus muñecos
  4. Enciende y apaga la tele con el mando a distancia
  5. Usa el mando como teléfono y tiene unas conversaciones de lo más entretenidas
  6. Sube los hombros queriendo decir “no sé”
  7. Intenta ponerse los calcetines, los suyos y los míos
  8. Dice “humm” cuando se mete algún bocado de comida en la boca
  9. Sube y baja la cremallera del abrigo
  10. Baila cuando escucha cualquier música (incluyendo los anuncios de la tele)
  11. Emite los sonidos de los animales que le enseñamos
  12. Se lleva las manos a la cabeza cuando tira algo en plan: “¡La que hemos liado!”
  13. Guiña los ojos cuando me ve hacerlo a mí. Soy miope y a veces tengo que hacerlo cuando quiero leer algo. 😉

En resumen, tenemos a nuestra disposición una potente arma para fomentar distintas actitudes y comportamientos en nuestros hijos. Tengamos cuidado con ello. Porque, sin duda, terminarán haciendo lo que ven en casa. 😉

¿Qué es lo que vuestros peques han aprendido de vosotros?

Hermanos de leche

Hermanos de leche. Diario de una mami

Hace unas semanas os contaba mi experiencia como donante de leche materna y cómo recibí una llamada del Banco de Leche Humana del Hospital 12 de octubre para agradecerme los litros donados. Pues bien, al día siguiente de escribir el post me llegaron los regalitos que la enfermera del banco, Mª Ángeles, me comentó que recibiría:

– Un diploma del Banco de Leche y de la Fundación Aladina. Esta fundación, cuyo objetivo es ayudar a los niños con cáncer y sus familias, ha contribuido a la ampliación del Banco de Leche del Hospital 12 de octubre para que los bebés prematuros o enfermos ingresados en las unidades de neonatos de otros hospitales de la Comunidad de Madrid puedan ser alimentados con leche materna. Así lo comunican en su web:

Se calcula que el Banco de Leche Materna ALADINA – MGU, que ya está funcionando a pleno rendimiento, repartirá alrededor de 2.000 litros de leche materna al año a los hospitales madrileños, frente a los 600 litros al año que dispensaba antes de realizarse esta reforma.

Sin duda, a mí estos 2.000 litros me ponen los pelos de punta. Y saber que yo he contribuido, aunque sea con poco, me llena de orgullo y satisfacción, como decía Juancar. 😉

Si no conocéis la Fundación Aladina os animo a que lo hagáis. Es un tema muy duro, pero ellos intentan hacer todo lo posible por los niños hospitalizados y sus familias, una labor increíble. 🙂

– Y el libro “Hermanos de Leche”, de Ibone Olza e Inés Burgos, de la editorial Ob Stare. En él se cuenta la historia de Maya, una niña ya mayor que toma teta, y de su madre, que decide hacerse donante para ayudar a unos bebés muy especiales. Todo ello aderezado con unas ilustraciones súper chulas.

A Pegotito le gusta mucho el libro. Lo coge, lo coloca sobre sus piernas y yo se lo voy leyendo mientras ella señala los dibujos que aparecen en él: el sol, los pájaros, los niños…

Cuando sea algo más mayor me encantará contarle que, en algún lugar, ella también tiene hermanos de leche.

Si el libro os ha despertado interés y queréis comprarlo, podéis hacerlo en la web de Amazon. No, no me dan comisión. 😉

¿Lo habéis leído, por casualidad?

Por un mundo lleno de #BesosLibres

Besos Libres

Había visto el hashtag #BesosLibres en algunos blogs estupendos que sigo habitualmente desde que abrí el mio propio, como Peque Boom, Segundos Pasos y Bea, mamádedos, por citar solo tres ejemplos. Ojo, hay muuuchos más, ¡y todos geniales! ¡Cómo me mola el mundo bloguero! 🙂

Obedece a una iniciativa surgida para reivindicar el derecho de nuestros hijos de dar besos si así lo quieren ellos y de no forzar a que planten los morros en las mejillas de un desconocido suyo (y conocido nuestro), un familiar o incluso de nosotras mismas.

Yo, desde mi humilde morada, me sumo a la movida. Porque me pone de los nervios que, como Pegotito ya va siendo mayorzota (17 meses tiene ya mi bebetín), le insistan que dé un beso y ante su respuesta meneando la cabeza de un lado a otro diciendo “No”, le digan: “Sí, dame un beso, dame un beso, vengaaaa”. Creo que los besos, si son sinceros y verdaderos, deberían ser libres, como toda manifestación de amor y cariño, ¿no?

Como siempre que tengo una duda acudo al diccionario, me he ido a la RAE y os pongo aquí el significado del verbo besar:

“Tocar u oprimir con un movimiento de labios, a impulso del amor o del deseo o en señal de amistad o reverencia”

Pues eso, que si no sientes amor, deseo o amistad, mejor no besar (lo de la reverencia me lo salto, porque aquí no viene mucho a cuento). Eso mismo deberán pensar nuestros peques para decidir si dan un beso o no. Porque serán pequeños, pero son listos a más no poder, ¿no creéis?

Me gustó mucho un comentario de norgwinid, de Mamá en el Siglo XXI, en mi post ¿Te vienes conmigo? Norgwinid, te cito porque me vienes al pelo 😉

“Si a mi un desconocido me dice: anda, tonta, dame un besín, le planto una torta en toda la cara, a ver por qué una niña de tres años no va a tener el mismo derecho que yo…”

Así que, desde aquí lanzo mi deseo al aire: ¡Hagamos un mundo lleno de besos y abrazos libres!

#BesosLibres es una iniciativa de Bea, del blog Mamá de dos. Puedes sumarte a ella escribiendo tu propio post, comentando en alguno que se haya escrito al respecto o difundiendo el mensaje en las redes de pescar sociales.

¡Muchas felicidades, papá de Pegotito!

Día del Padre.Diario de una mami

Nuestras manos: la de papá, la mía y la de Pegotito.

Hoy quiero dedicar mi post al papá de Pegotito, mi compañero de aventuras y fatigas. Porque hoy es su segundo Día del Padre y se lo merece todo. Aunque nos “peleemos” porque me quita el edredón (me lo quitas tú a mí, quiero dejar constancia) o porque se come mi comida (sin darse cuenta, todo sea dicho).

Pegotito y yo hemos elaborado una lista de 12 cosas por las que queremos a papá. ¡Aquí van!

  1. Porque eres el papá más guapo…
  2. Más listo…
  3. ¡Y más divertido!
  4. Porque haces unas lentejas deliciosas. ¡Hummm!
  5. Porque no paras de hacer el tonto y nos partimos de risa
  6. Porque te acuerdas de poner música y nos alegras el día
  7. Porque nos gusta darte mordisquitos
  8. Porque nos haces cosquillas con la barba
  9. Porque nos encanta que te deslices por el suelo y nos des sustos: ¡Uhhhh!
  10. Porque remolonear contigo en la cama, los tres calentitos, es lo más
  11. Porque mola ir al parque juntos y jugar con la arena
  12. Porque nos ayudas a ver las cosas de otra forma, más tranquila y sosegada

Por todo esto y muchas cosas más…

¡Te queremos, papá! 

Ahora somos tres

Nos fuimos al hospital (yo chorreando líquido amniótico por las piernas), siendo dos. Volvimos siendo tres. Ese nuevo ser, aunque diminuto, trastocó nuestras vidas por completo.

El cambio fue brutal, como les decía a mis amigas, que me miraban con cara de “Se ha vuelto loca”. A partir de ese momento nuestras vidas comenzaron a girar en torno a nuestra criatura: comíamos cuando Pegotito nos dejaba, daba igual que fueran las 12 del mediodía o las 4 de la tarde; dormíamos aprovechando los ratos en los que ella cerraba el ojo; las duchas, las salidas con amigos, las conversaciones… Todo cambió. Ahora éramos padres, y teníamos que acostumbrarnos sí o sí.

Porque, aunque pongas a Dios por testigo de que tu vida va a seguir siendo igual, que no quieres sucumbir a las rutinas que te demanda un bebé, tu vida, vuestra vida, será algo completamente distinto.

Las relaciones de pareja cuando hay hijos. Éste ha sido el tema sobre el que ha tratado hoy la “Guía de Padres”, en el programa “Hoy por hoy” de la SER. No he podido escucharlo entero porque Pegotito quería dormir y he tenido que ponerme manos a la obra, pero a grandes rasgos, lo que recomendaba la Súpernanny (colaboradora habitual de la sección) que debíamos hacer para no cargarnos nuestra relación de pareja era lo siguiente:

  • Hay que salir, tanto solos como con amigos.
  • Las conversaciones no han de versar siempre sobre el hijo. Debemos hablar de nosotros mismos, de lo que hemos hecho en el trabajo, por ejemplo.
  • No llamarse el uno al otro “papá” o “mamá”

Yo no sé vosotras, pero yo las cumplo todas para mal. 😦

Salir… A las 10 de la noche tengo tanto sueño que me echaría a dormir sobre una cama de pinchos ardiendo. Tal cual. Muchas veces me quedo dormida cuando intento que Pegotito caiga rendida y tiene que entrar mi chico media hora después (previa autorización mía) a despertarme. ¡Como para pensar en irme de juerga! Además, esa es otra, tendríamos que dejar a Pegotito con los abuelos, por ejemplo, con los que se lo pasa de fábula, pero yo aún no puedo separarme de ella más que lo necesario. Necesito un poco más de tiempo. Quizá próximamente proponga ir al cine, pero sin presiones, ¿eh?.

¿Hablar de algo distinto que no sea lo trasto que es Pegotito, las cosas nuevas que hace o los amagos de beso que me ha dado? Del trabajo no puedo hablar, jeje, porque estoy en paro. 😉 Últimamente hemos retomado lo de ver series y estamos a tope con “The Walking Dead”, algo es algo.

Jod ¡Leches! Yo llamo a mi chico papá cuando digo, por ejemplo: “Pegoti, dile a papá que te dé agua”, o cosas así. Y él igual. Me parece un gesto bonito, no sé. La Súpernanny dice que así quitamos al otro el erotismo o algo así. Pero, sinceramente, ¿pensabas que cuando fueras padre ibas a seguir teniendo sexo tan a menudo como antes? 😉

Yo creo que el tiempo va poniendo las cosas en su sitio. Solo espero que no me pase lo que a una mamá que ha llamado al programa. Tenía un hijo de 14 años y no le dejaba solo en casa. Ni tanto ni tan calvo, ¿no?

¿Cómo lleváis vosotras vuestras relaciones de pareja ahora que sois tres, cuatro o incluso más? 😉

Más allá del rosa y el azul

A Pegotito la confunden con un chico cuando vamos por la calle. Sí, es una chica, aunque le llame así. Es que nació muy chiquitita. Yo me paso el día diciendo: “¡Pero si es una niña!”, aunque ya me estoy cansando y últimamente lo dejo estar. Total, son gente desconocida que me importan tres pimientos. 😉

Tras hacer trabajo de campo, me atrevo a afirmar que esta confusión viene dada por 3 razones:

  1. No la visto de rosa
  2. No lleva pendientes
  3. No suele llevar vestido

No la visto de rosa porque odio ese color, concretamente el rosa palo. De hecho lo llamo rosa memo. Así que trato de no comprar nada, o muy pocas cosas, de ese color. Ya os adelanto que es complicado, porque muchas de las prendas para niñas son rosas, así que a menudo acabo en la sección de niños, donde el rey es el azul, que me vuelve loca. 🙂

Mirad qué camisetas le compré el otro día. ¿A que son una monada?

Camisetas de niña que no son rosas

La camiseta del mono estaba en la sección de niños. ¡Me encanta!

No obstante, hay días que sí va de rosa memo, ya que nos dejan mucha ropa de niña cuya madre no comparte los mismos gustos que yo y oye, bienvenida sea. 😉 Pero aún yendo de este color, hay personas que siguen diciendo: “¡Qué mono, como se ríe!”, lo que nos lleva al siguiente punto…

Los pendientes… ¿Por qué tengo que agujerear las orejas a mi hija? “Es que luego le va a doler más”, me dice el frutero. “¡Pero si de bebé no se enteran!”, la vecina del quinto. “Es que le vas a crear un trauma porque todas sus amiguitas los van a llevar”. ¿Quéeeee? ¿Un trauma por no llevar pendientes? ¿Hasta dónde vamos a llegar con tantas estupideces?

Prefiero que ella decida de mayor si quiere agujeros o no, tan sencillo como eso. Ojo, a mí me los hicieron sin preguntarme, como era costumbre antes, en una especie de rito familiar: tu abuela cojía un alfiler, lo desinfectaba con alcohol y zas, agujero al canto. Pero con ella simplemente quiero que no sea así, a pesar de que mi madre dice que ni me inmuté (debía tener muy pocos meses).

Pero ya el colmo de los colmos es que se piensan que es un niño porque… ¡No lleva vestido! Eso es lo que me espetó el otro día un abuelillo, a lo que le respondí: “¿Es que nosotras no podemos llevar pantalones?”. ¡Era el Día de la Mujer y tenía que defender nuestro derecho! Tenía que haberle dicho, según mi chico: “En casa los pantalones los llevo yo”. Hubiera sido muy gracioso. 😉

Los vestidos no me parecen lo más cómodo para ciertos momentos. Por ejemplo, si estamos fuera de casa y Pegotito se quiere dormir, los vestidos se arrugan por detrás y me da la sensación de que no está cómoda, sobre todo cuando es un vestido muy pomposo, de los que llevan varias capas de tela (le puse de este tipo una vez y no vuelvo). O si vamos al parque, prefiero llevarla con pantalón. Así se reboza cual croqueta y tiene libertad de movimientos. Ojo, hay días que sí le pongo vestidos. Está muy guapa con ellos. 🙂

A pesar de estos 3 detalles, es obvio que Pegotito es una niña por lo siguiente:

1. ¡Lleva un abrigo fucsia (el fucsia me gusta) con corazones blancos! ¡Jaja! ¡Esta razón es de peso! Miradlo y decidme si se lo pondríais a un niño. 😉

Abrigo de niña fucsia

2. ¿Y si va sin abrigo, como estos días de primavera anticipada que estamos teniendo? Entonces que le miren la cara, porque la tiene claramente de niña. ¡Si tiene cara de muñeca!

3. Y si sigue habiendo dudas… ¿Creéis que estos zapatos son de niño? Porque son los zapatos de Pegotito, más de niña imposible. Bueno, sí, deberían ser rosas memo para que no hubiera ninguna duda. 😉

Zapatos de niña

En definitiva, y para ir terminando, soy de las que piensa que hay mucha vida más allá del rosa y el azul y demás estereotipos infantiles, ¿no creéis? 😉

Mi experiencia como donante de leche materna

Siempre veía el cartel cuando acudía a las reuniones del grupo de lactancia en el centro de salud. Ya os conté que Pegotito había sido prematura (tardía, pero prematura), y quería ayudar a otros bebés que por uno u otros motivos tenían que pasar unos días en la unidad de neonatos. Pero claro, cuando tienes un bebé de pocos meses te falta tiempo como para andar pensando en extraerte leche, a no ser que necesites hacerlo para él. Y luego cuando te incorporas al trabajo, bastante tienes con extraerte para tu hija. Porque, reconozcámoslo abiertamente: sacarse leche es un rollo.

Pero cuando me quedé en paro y ya no tenía que ordeñarme diariamente sí o sí, mañana tarde y noche para cubrir la demanda láctea de Pegotito, decidí que había llegado el momento de ser la vaquita de otros bebes. Y una mañana de junio me fui al Hospital 12 de octubre.

Allí me recibieron con los brazos abiertos. ¡Bieeen! ¡Otra mamá donante! 🙂 Rellené unos papeles, me explicaron cómo funcionaba el Banco de Leche, cómo hacer la donación (ahora os lo explico), me entregaron todo el material necesario, me hicieron un análisis de sangre y…., me enseñaron la Unidad de Neonatología del hospital. Fue emocionante. No os podéis imaginar (o sí) lo que sentí al entrar en esas salas silenciosas llenas de bebés chiquitines y mamás y papás con lagrimillas en los ojos mientras estaban con sus pequeños. Me vinieron a la mente imágenes de cuando estábamos con Pegoti en una unidad similar pero de otro hospital, donde nos pasábamos el día entero, de sol a sol, con el único pretexto de abrazarla, besarla, alimentarla y susurrarle “te queremos”. Me estoy emocionando mientras lo escribo, no os digo más. ¡No puedo ver ni el teclado! Ains, qué sensible soy, madreeee…

Bueno, y entonces, ¿cómo funciona lo del Banco de Leche?

1. En primer lugar os diré que es un acto voluntario: tú puedes dejar de donar cuando quieras. Nadie te presiona para que sigas.

2. El día que acudes a hacerte donante te dan todo lo que necesitas: botecitos de cristal esterilizados y envasados, pegatinas con tu nombre y número de donante para identificarlos, una nevera portátil con un acumulador de frío, una mascarilla y un gorro para recogerte el pelo (no olvidemos que se trata de bebés prematuros o enfermos y hay que cuidar mucho la higiene) y…, creo que no me dejo nada. Bueno, una chapa chulísima para ir presumiendo por ahí y una mochililla de tela para lo mismo. 😉  ¡Ah! Incluso te dejan un sacaleches si no tienes y no te apañas extrayéndote la leche con tus propias manos (cuando aprendes a hacerlo es la bomba, ¡doy fe!).

3. Así que cuando estás tranquilamente en casa te extraes, coges una pegatina, le pones la fecha, se la pegas al botecito y directo al congelador. No importa la cantidad que consigas sacarte. Si son 100 ml, perfecto. Si son 60 ml, maravilloso. Y si son 20 ml, estupendo también. La leche materna es oro líquido, y para estos bebés es también su medicina.

4. Cuando tienes bastantes botecitos en el congelador, y siempre que no hayan pasado más de 3 semanas desde la fecha de congelación, tienes que acercarte al hospital a llevar la leche. Puedes ir a cualquier hora y cualquier día de la semana. El Banco de Leche tiene un horario, pero si vas fuera de él puedes dejar la leche en la Unidad de Neonatos. Es recomendable que llames el día de antes para que te preparen más botecitos, pegatinas y cualquier otra cosa que necesites. ¡Ah! Si vas en horario del banco puedes avisarles cuando estés en la rampa de entrada del edificio de maternidad y ellos salen a buscar la neverita con los botes. Y si no, te facilitan una tarjeta para el parking. Por eso es mejor llamarles con un poco de antelación.

Si estáis pensando en haceros donantes, os dejo el enlace a la web del Banco de Leche, donde podréis encontrar toda la info.

No, yo de momento he dejado de donar. Ahora ando un poco más escasa de tiempo para mis extracciones. Hace unos días recibí una llamada del banco, un poco sorprendidos porque hacía bastante tiempo que no llevaba leche (¡tenía temporadas de ir cada semana!). Les expliqué que me era un poco complicado continuar con las donaciones, pero que no descartaba volver. Me emocionaron las palabras de Mª Ángeles (es enfermera del Banco de Leche): “No te preocupes, ya sabes que esto es voluntario. Has donado 3 litros y pico y se han beneficiado muchos bebés”. Casi lloro, os lo prometo.

En unos días recibiré un libro del banco titulado “Hermanos de leche“, para que cuando Pegotito sea mayor, sepa que tiene otros hermanos por ahí. ¿No es precioso?

Y ya para terminar, porque esto me está quedando muy largo, me gustaría enviar un saludo a todos los trabajadores del Banco de Leche del Hospital 12 de octubre y a su Unidad de Neonatología. Muchas gracias por la labor que realizáis, por el cariño con el que tratáis a las mamás donantes y por cuidar tan bien, y siempre con una sonrisa, de esos bebés que necesitan todo el cariño del mundo.

¡Feliz Día Internacional de la Mujer!

Día de la Mujer

Hoy no tenía pensado publicar post, pero no quería dejar pasar la oportunidad de desearos un Feliz Día Internacional de la Mujer. Lo de trabajadora me lo salto, porque ya lo somos por naturaleza: 24 horas al día, los 365 días del año.

Espero que lo paséis bien con vuestros peques, que os coman a besos y llenen vuestro día de sonrisas. Nosotras iremos a comer a un restaurante con papá. ¡Yuhuu! 🙂

Tal día como hoy, hace 2 años…

Test de embarazo. Diario de una mami

¡Socorro, vamos a ser padres! 🙂

El 6 de marzo de 2013 volvía del trabajo a casa y me pasé por la farmacia. Tenía un trancazo bastante importante y al día siguiente acudiría al médico. Dados mis antecedentes asmáticos tengo que cuidarme bastante en lo que a resfriados se refiere. Además, la regla se estaba retrasando desde hacía unos días (por aquel entonces era como un reloj) y necesitaba saber si estaba embarazada por si la doctora me recetaba algún medicamento. “Un test de embarazo“, pedí. Y una sonrisilla asomó por mi cara, algo presentía…

Llegué a casa con esos nervios guays, como yo los llamo, instalados en el estómago. Son los nervios del día de antes de emprender un viaje o de la noche de Reyes, pensando en los regalitos que tendrás.

“Toma, lee tú las instrucciones, que ya sabes que yo no me entero bien y además estoy nerviosa”. ¡Por Dios! Eso tenía más letra que los contratos bancarios: que si falsos positivos, que si falsos negativos, que si leas el resultado en 5 minutos o si no el test se autodestruirá en 3 segundos…

– Bueno, ¿te lo haces o qué?
– No sé, como pone que es mejor con la primera orina de la mañana…
– Pero mejor salir de dudas ahora, ¿no?
– ¿Y si no sale bien porque la concentración de la hormona del embarazo (la famosa gonadotropina coriónica humana) es baja?
– Venga, ¡háztelo!
– Vale. Voy a por un vaso.
– ¿Pero vas a hacer pis en un vaso?
– ¿Y dónde quieres que lo haga? ;P

A los pocos minutos…

– Voy a dejarlo encima de la mesa. En 5 minutos hay que mirar el resultado. No mires, ¿eh?

Pero miró… 😉

Y en ese momento, entre lágrimas, risas y abrazos, fuimos conscientes de que nada sería igual. Tras 8 meses de intentos, esperanza, incertidumbre, desconsuelo…, íbamos a ser padres, por fin. Comenzaba nuestra nueva vida. ¡Tenía un garbancito en mi interior!

¿Recordáis cómo fue vuestro momento? 🙂