¿Guardería o quedarse en casa?

Manos de niños

Ayer (tenía medio escrito el post desde el miércoles, pero es que se me acumula el trabajo), digo el martes, de nuevo hubo sección de “Guía de Padres” en el “Hoy por Hoy” de la SER, con la Supernanny, Gemma Nierga y sus colaboradores. Felicidades por el “pograma”, por si algún día me leyeran. 😉

Hablaban sobre qué es mejor: si llevar al peque a la guardería o mejor dicho, escuela infantil (no recuerdo a quién no gustaba el primer vocablo porque, en sus propias palabras, “en realidad no guardan nada”. Bueno, sí, ¡a nuestros hijos!) o si, por el contrario, era mejor que estuvieran en casa (con mamá, con los abuelos o con una persona de confianza).

Y como en todo, pues muy diversas opiniones. Rocío Ramos- Paúl (la Supernanny) opinaba que la escuela infantil estaba genial para que los niños se socializaran, se dieran cuenta de que no son el centro del mundo e, incluso, aprendieran de los otros niños, y que si tenía que recomendar una edad a partir de la cual dejarlos era el año.

Una mamá que llamó comentó que comenzó a llevar a su hija con pocos meses (por aquello de las estupendas y prolongadas bajas maternales que tenemos en España), a pesar de las opiniones en contra de su círculo familiar (¡es muy pequeña!, ¿por qué no la dejas con los abuelos?, ¿no te da pena?), y fue, según ella, la mejor decisión que ha tomado. Su hija socializó muy bien, comía lo que tenía que comer y todo fue ok.

Otra mami, profesora de educación infantil, opinaba que ella no llevaría a sus hijos a la guardería porque no le gustaban los métodos educativos de hacer y hacer fichas.

En definitiva, que cada uno tiene que tener en cuenta sus circunstancias (“Yo soy yo y mis circunstancias”, como diría Ortega y Gasset). Porque a mí me hubiera encantado no haberla llevado hasta cumplir el año, pero pude estirar la baja maternal lo que pude, sumando permiso de lactancia y algún día de vacaciones. Con los abuelos no podía dejarla todo el día, aunque les hubiera encantado. Ellos la recogen a las 13 y bastante hacen ya.

En el caso de nuestro Pegotito, aunque creo que nunca me gustarán al 100% las guarderías, reconozco que le vino bien en su día (y así sigue siendo). Cuando comenzó a ir tenía una mamitis de cuidado. Lloraba si yo no la tenía en brazos, incluso cuando la cogía su papá, así que ducharme, ir al baño o cenar se convertía en un suplicio para mí. En la escuela infantil aprendió a relacionarse con otras personas, a separarse de mí sabiendo que yo estaría de nuevo con ella en unas horas. Y ahora es una niña súper sociable, que se lo pasa bomba con otros niños y que me da un súper abrazo cuando llego a casa. 🙂

Y vosotros, mamás y papás, ¿por qué opción os decantastéis? ¿Guardería? ¿Abuelos? ¿Madres de día (no sé si la iniciativa llevará mucho tiempo, pero yo la he conocido hace muy poco)? ¡Me encantará escucharos!

¿Métodos para dormir a los bebés?

Métodos para dormir a bebés

Fuente de la imagen: https://www.flickr.com/photos/lab2112/377101783/ Sin modificaciones

La verdad es que nunca he seguido a rajatabla un método para dormir a los bebés. Si ya me parece complicado anticiparse a su conducta, cuánto menos tratar de “educarles” en esta materia. Así que ni Estivill (no me gusta su escuela), ni el método coger-dejar. Yo he ido probando con lo que me iba funcionando en cada etapa, cada día o cada momento. 🙂

Cuando Pegoti nació y durante las primeras semanas, de maravilla. Dormía tanto que había que despertarla para que comiera. Como se suele decir, ¡una santita! ¡Si parecía que no había niña! “¿Es buena?” “¡Sí, mucho!”

Al cumplir un mes y medio (lo tengo grabado a fuego), se dio cuenta de que se estaba mucho mejor en los brazos de papá y mamá que tumbada, así que el método fue ese por el día, o recurriendo también a la Mandu (la Manduca, una mochila que nos dió la vida, literalmente. Con ella encima podíamos comer, ver la tele y hacer alguna cosilla de casa). Por la noche comenzamos a colechar los 3, con Pegotito en el medio. Porque tumbarla en el moisés era jugártela a todo o nada y nos cansamos de jugar (“¿Qué hago?, ¿la acuesto?”). Así que le daba de mamar tumbada en la cama y cuando ella quería se quedaba dormida y yo aprovechaba para echar una cabezadita hasta la próxima toma. 😉

Pero llegó un momento en el que Pegoti se pegaba tanto a mí que tenía que dormir de lado, con medio culo fuera y clavándome la mesilla en los riñones, así que decidimos comenzar a usar la cuna (el moisés lo subimos al trastero pronto, porque lo utilizábamos para dejar la ropa), pero pegada a la cuna, tipo cuna de colecho. Le quitamos la barandilla lateral y quedaba a la misma altura, así que genial. Para dormirla por aquella época (tenía unos 4 meses), me ponía a botar en la pelota de pilates mientras cantaba “A mi burro, a mi burro, le duele la cabeza, el médico le ha dado…”, y me iba inventando la letra. ¡Qué momentos!

Recuerdo también que en ocasiones me ponía a bailar la rumba con ella en brazos, y de esto no hace mucho. Acababa un poco destrozada, pero hacía un ejercicio estupendo. 🙂

Ahora duerme en la cuna de viaje (pero con colchón bueno), al lado de nuestra cama. No conseguimos que se adaptara a la cuna normal con la barandilla puesta, cuando consideramos que comenzaba a ser peligroso porque se saltaba las almohadas que le poníamos de barrera cuando ella dormía y nosotros estábamos cenando o viendo la tele en el salón, por ejemplo. Se duerme sola. Le doy de mamar, la acuno un poco en mis brazos mientras me la como a besos y después la tumbo. Comienza a dar vueltas y a moverse por toda la cuna y yo espero, tumbada, a que se duerma para colocarla y arropar su cuerpecito. 🙂

Y vuestros bebés, ¿cómo se dormían antes y cómo lo hacen ahora?

Desinformación sobre la lactancia

Lactancia materna

Fuente de la imagen: https://www.flickr.com/photos/sanutri/4276551958/. Sin modificaciones

Ayer en mi clase de pilates asistí a una muestra de la desinformación que impera en lo referente la lactancia. Me sentí sola, impotente de no poder decirle a mis compañeras que estaban equivocadas. Pero no es fácil hacer ver a mujeres y madres todas ellas que quizá las cosas no son como se las contaron hace tiempo.

No sé muy bien como surgió el tema, ya que además de ejercicios y risas, también charlamos, si te quedan fuerzas entre estiramiento y estiramiento. 😉 El caso es que la profe comentó que en algunas clínicas y hospitales privados analizan la leche de las mamás recién paridas (digo yo que se referirá al calostro, porque la leche como tal no se empieza a producir hasta unos días después) para determinar si es buena o mala. Ahí yo me debí poner azul, me lo noté. 😉

Después hubo quien afirmó que “si tu leche es mala lo sabes enseguida, porque el bebé no para de llorar”. O también que “es mala si tienes que volver a darle de mamar una hora después, ya que no es normal”.

No me sorprendió escuchar estos comentarios de mujeres de mediana edad (50-60 años), ya que se los he escuchado a mi madre multitud de veces, hasta que me enfadé muchísimo con ella por su falta de apoyo (ya se me pasó y ahora disfrutamos mucho las dos jugando con Pegotito). Hace 20, 30 años, se sabía muy poco de lactancia, y mi madre y estas mujeres alimentaron a sus hijos lo mejor que sabían, según lo que les recomendaron en el hospital: 10 minutos en cada teta cada 3 horas. ¡Normal que los bebés se quedaran con hambre! Si eras espabilado, te ventilabas la leche de un pecho en 10 minutos, pero como te deleitaras con el calorcito y el olor de mamá y se te pasara el tiempo… ¡Ah, se siente! No podrás comer nada hasta dentro de 3 horas. 😦

Lo que realmente me sorprendió fue que algunos de estos comentarios venían de una chica joven, más que yo, con un bebé de poco más de un año. Cuesta creer que hoy en día, con toda la información de la que disponemos (Internet, libros…), con los grupos de lactancia a los que puedes acudir y que te proporcionan un apoyo fundamental (así fue en nuestro caso), se puedan seguir transmitiendo de generación en generación estas opiniones tan poco fundamentadas. Porque esta madre inculcará a su hija (creo que tiene un hijo, pero bueno, da igual) o a las hijas de sus hermanas o primas, que la lactancia es cuestión de suerte: puede que tu leche sea buena, pero también que tengas muy mala leche.

Pegotito y yo tuvimos la suerte de contar con la ayuda de mi matrona y del grupo de lactancia que ella coordina. La verdad es que no sé qué hubiéramos hecho sin ella y sin el resto de mamis con las que nos reuníamos cada jueves. Allí tiramos al suelo cientos de mitos sobre la lactancia y hablamos sin tapujos de porteo, colecho, BLW

La decisión de dar el pecho o no debería ser personal, y en muchos casos no lo es. Así que si por casualidad llegas a este blog, a esta entrada, decide lo que quieres escuchar, haz oídos sordos a lo demás y confía en ti misma. 😉

¡Hasta las pelotas!

Enfado

¡Estoy enfadadísima! No con mi hija, ni con mi chico, ni con nadie que conozca. Estoy cabreada con el dueño de un coche que siempre aparca encima de la acera por la que voy con Pegotito y el carro, así que siempre (es igual que sea por la mañana, por la tarde, por la noche, laborables o festivos) me toca bajar un bordillo súuper alto, invadir la carretera y luego volver a subir.

¿Es que no se da cuenta el susodicho (o susodicha) de que no se puede aparcar en la acera? Ya no solo por los carritos de bebé, sino también por las personas que van en silla de ruedas (en nuestra comunidad de vecinos hay un chico) o por las invidentes. Grrr… No sé si estas cosas se podrán denunciar o algo así, pero es que me dan ganas de hacer una foto y enviarla a algún sitio. Tapando la matrícula, claro. ¡No soy tan mala!

Bueno, pues ya me he desahogado, ale. Que paséis buena tarde. 😉

¿Cansados de cargar con las bolsas de la compra?

Soy de las que (casi) siempre que salgo a la calle acabo comprando. Que si pan, que si carne, que si un poco de fruta, que si pollo para cenar esta noche, que si arroz que ya no queda, que si…

¿Y dónde va todo? ¡A la cestita de debajo del carro de Pegoti! Bueno, por llamarle de alguna forma, porque cesta, cesta, no es. 😉

Pero llega un momento en que la llamada cestita va hasta arriba de cosas (a lo ya mencionado se pueden añadir la mochila de la guarde, algún tupper de mi madre, el plástico para la lluvia, que va siempre ahí por si el hombre del tiempo se equivoca…) y entonces voy y me cuelgo las bolsas de las muñecas. Y duelen. 😦

¡Pero tengo la solución! Os presento… ¡Tachán! ¡El mosquetón para carritos!

Mosquetón para carrito

Nos lo regalaron unos amigos hace unos días (¡gracias, chicos!) y estamos pendientes de estrenarlo prontito. 🙂

Si os ha gustado la idea y queréis comprar uno, he visto que lo venden en Amazon por poco dinero.

Ya me diréis si os resulta útil. Pero eso sí, no vale convertir el carrito en una especie de Tozudo, no lo vayamos a volcar. 😉

¿Guardería pública o privada?

Pegotito va a una guardería privada. Nació en octubre y cuando la dejamos en la guarde por primera vez tenía 5 meses, estábamos en marzo y los papeles para las públicas no salen hasta abril o mayo, así que…

Que podíamos haber solicitado plaza entonces… Pues sí, podíamos haberlo hecho, pero teníamos (y tenemos) nuestras razones:

1) Me costó tanto encontrar una guardería de confianza donde dejar a mi mayor tesoro que no quería cambiar.

2) Podía llevar la leche materna que me extraía cada mañana para que se la diesen a Pegoti, siguiendo mis instrucciones a rajatabla. No digo que en la pública no se pueda hacer, ¿eh?

3) Nos pillaba cerca de casa (vamos andando) y del transporte, para irnos a trabajar después de dejarla. Y a sus abuelos también, que son quienes la recogen mayormente.

4) Podía llevarla pocas horas. Empezó yendo 5 horas, de 8 a 13, cuando trabajaba. Luego 3, de 10 a 13, cuando me echaron (lo explico en este post).

5) Y no todos los días. Ahora va 3 días en semana, que son los que tengo curso.

6) Pagamos en función de las horas y nos concedieron el cheque guardería: 100€ que vienen muy bien, todo hay que decirlo.

En resumen, nuestra opción es la privada por la flexibilidad horaria y, por ende, el coste, además de por la confianza que me genera.

Claro que, el otro día fui con una amiga a recoger a su hijo a una guardería pública y me encantaron las instalaciones y que puedas pasar a recoger a tu hijo a la clase. A mí a Pegotito me la sacan fuera. Solo entro a si clase esporádicamente, cuando hay reunión de la Escuela de Padres.

Otra cosa que me gusta es que en esta guarde pública apuntan a los padres lo que hace el niño o niña cada día: que si juega con la pelota, con el correpasillos. A mí me dicen que se lo pasa muy bien, que no para quieta, pero si quiero saber más tengo que hacer interrogatorio, que lo hago, claro. 😉

¿Y vosotros? ¿Lleváis a vuestros peques a guardería pública o privada? ¿Y los motivos?

Al final, ni nieve ni nievo

Tanto decir que iba a nevar, que nos preparáramos, bla, bla, bla, y al final ni nieve ni nievo (desde que soy mamá he empezado a hacer esto de cambiar la última vocal de las palabras. ¿Tú no?). Tan solo lluvia, y por la tarde. Por la mañana cielo blanco, triste, y un frío de pelotas. Tanto que hemos salido los tres a por el pan y a dar un mini paseo, forrados de ropa, y a Pegotito se le ha quedado la nariz roja. Pero eso sí, en cuanto ha visto la barra se ha puesto a señalarla y a emitir grititos, así que muy a mi pesar hemos tenido que darle un trozo. Y no porque no me guste darle pan, ¡al contrario! En casa comemos mucho. Sino porque se le han quedado las manos tiesas.

Me hacía ilusión que Pegotito hubiese visto la nieve. Habíamos pensado que, si nos levantábamos y estaba nevado, nos abrigaríamos y bajaríamos a la calle para que Pegoti alucinara y tocara la nieve con sus manitas. Habría puesto una cara de sorpresa que pone últimamente, haciendo una “o” con la boca. ¡Es súper divertido verla!

Así que por la tarde hemos estado en casa, jugando, haciendo tareas domésticas y yo con deberes del curso. Hace un rato reflexionaba con mi chico que él juega más con Pegoti que yo. No es que yo no juegue, ni mucho menos, pero digamos que tengo más cosas que hacer que él. Cuando llega el finde, como él está en casa, por las mañanas aprovecho para hacer cosas que entre semana es imposible: poner la lavadora, adecentar un poco la casa… Él también hace muchas cosas (no sé qué haríamos sin él), pero me entra como un síndrome de horror vacui aplicado al tiempo, o sea, no tener ni un minuto libre. Menos mal que él me dice que pare un poco, que me tome mi tiempo para no hacer nada, que descanse. Pero es que…, ¡tenemos tantas cosas que hacer siempre! 😦

Bueno, os dejo. Mañana a las 6:15 sonará el despertador. Ha llegado la hora de parar y descansar. 😉 ¡Buenas noches!