¡A punto de comernos las uvas!

¡Venga, que hay que contar las uvas! ¿Quién pone las copas? ¿Me quitáis las pepitaaaas?…

Estamos a escasos minutos de las campanadas y seguro que en más de una casa se escuchan estas frases 😉

Mi pegoti duerme. Estamos en casa de los abuelitos y pasaremos aquí la noche. Ha estado con bastante fiebre durante el día de hoy. De hecho la llevé al hospital esta mañana, por si el resfriado se le estuviera complicando. Me dijeron que tenía la garganta muy roja, que era vírico y que la fiebre le duraría unos 2-3 días. ¡Venga, pegoti, ya queda menos!

A ver si mañana está mejor y podemos ir a los columpios. :))

Feliz 2015 para todos. ¡Seguro que este año todo va mejor!

Mocos y fiebre para despedir el 2014 :(

Mi pegotito está malita. Hoy a media mañana, cuando se despertó de su siesta matutina, la noté un poco rara. No estaba excesivamente caliente, pero aún así la pusimos el termómetro. Marcó 37,9. Decidimos seguir controlando la temperatura antes de darle paracetamol para no administrarle medicamentos a lo loco. Le bajó a 37,5.

Comió un poco menos de lo habitual, pero no estuvo mal. Lo malo fue que justo antes de dormirla para su siesta, vomitó parte de la comida… ¡Otra vez a lavar nuestro edredón! En ese momento me empezaron a temblar las piernas. ¡Joder, que no sea gastroenteritis! Tuvo una a mediados de septiembre bastante horrible. Le duró una semana, primero con vómitos cada vez que ingería algo, ya fuese leche, agua, sólidos… Y luego con una diarrea de esas súper líquidas que gotean fuera del pañal. Te sentías súper impotente, porque ella quería comer o beber y tenías que dosificarle la cantidad que le dabas para que no lo echara. La dejaba mamar un minuto y tenía que meterle el meñique en la boca para que soltara el pezón… De pena.

Pues eso, que como me acojoné cogimos y nos fuimos al hospital. Fuimos andando para que no vomitara en el coche y de paso se echó una siestecita bajo el sol de la Toscana… 😉 ¡Ojalá lo de la Toscana!

Nos atendieron rápidamente y en principio es un resfriado, una infección de las vías altas, así que mucho lavado nasal (creo que tenemos el récord de cajas de suero compradas desde que nació de toda España), mucha hidratación y paracetamol si tiene más de 38. ¡Ya nos lo sabemos a pies juntillas! El vómito pudo ser causado por las flemas, aunque tenemos que esperar a ver cómo evoluciona.

Cuando llegamos a casa se quedó dormida mamando y se despertó a las 19:30. Tenía 38,1, según el termómetro más fiable de nuestra casa (tenemos 3. Un día escribiré sobre las discrepancias entre uno y otro, son de risa), así que le dimos su paracetamol. La fiebre le bajó al ratito, cenó un montón (hoy hicimos filetes rusos y ensalada. Ella comió tomate en trocitos en vez de la lechuga), con su currusco de pan incluido y su yogur y después estuvo caminando con su correpasillos y jugando. ¡Tenía que aprovechar lo que no había jugado durante el día!

Ahora duerme desde hace una hora más o menos. A ver qué tal pasamos la noche. Supongo que yo la pasaré casi en vela. Me cuesta dormir cuando ella está malita, ¡qué le voy a hacer! Me llevaré una bronca de mi chico y ya está: que si tienes que descansar, que si esto, que si lo otro… En fin, soy madre. 🙂

Espero que vosotros y vosotras descanséis, que mañana hay que despedir el año con mucha energía para atraer las cosas buenas del próximo. ¡Hasta pronto!

¡Regalos comprados!

Lo reconozco: me encanta comprar regalos. Reconozco también que me vuelvo un poco loca, aunque los momentos de compra compulsiva me duran poco y enseguida recupero la cordura. 😉

Y si comprar me gusta, envolverlos por la noche cuando los demás duermen me llena de satisfacción. Elegir con qué papel envolver cada uno según a quién vaya dirigido, poner el nombre, pensar en la cara que pondrán al abrirlo… Creo que me molaría trabajar envolviendo regalos, ¡sí!

Este año es el primero en el que mi pegoti será un poco consciente del día de Reyes (en nuestra casa no celebramos Papá Noel), así que quería comprarle muuuuchas cosas para que tuviera muuuuchos paquetes para desenvolver. Pero luego te juntas con miles de cosas, entre los regalos de casa y los de los abuelitos, y los niños se saturan. Además que nuestra casa tampoco es muy grande. Así que le hemos comprado un solo regalo, ¡aunque vale por 5! Es éste. Tiene pizarra, xilófono, reloj con manecillas… ¡Qué ganas de que lo abra y sentarnos los 3 a jugar!

Para mí la noche de Reyes es la más mágica del año. Siempre lo he sentido así, aunque supiera la verdad. Mi madre me dijo una vez que nunca, nunca, debía perder la ilusión, así que cuando mis amigos me decían que si quedábamos el día 5 por la noche, yo prefería quedarme en casa chinchándonos unos a otros diciéndonos: “¿Qué te traerán los Reyes?”,  intentando sonsacar a mi hermano lo que me esperaría en el salón al día siguiente y colocando las zapatillas a los pies del árbol antes de irnos a la cama.

Ahora que ya tengo mi propia familia, me gustaría que esas tradiciones no terminaran. Quiero que mi hija crezca con la ilusión con la que yo vivía la visita de los Reyes Magos, que entienda también que no se pueden pedir muchos juguetes porque hay muchos niños en el mundo y todos merecen recibir uno. Y, sobre todo, que me despierte muy, muy temprano al grito de: “Mamá, ¡han venido los Reyes!”.

Este año dejaremos los 3 nuestras zapatillas justo debajo del árbol y admiraremos la magia en sus ojos la mañana siguiente. Será maravilloso… 😉

 

Sobrevivimos a la Nochebuena ;)

Pues sí, la verdad es que lo pasamos muy bien en Nochebuena. Y mi pegotito no vomitó, ni a la ida ni a la vuelta. ¡Bieeeen! Eso sí, se pilló un sofoco volviendo a casa de tres pares de narices. Estaba muy cansada y odia montar en el coche estando así, así que no paró de llorar en los 10 minutos de trayecto y acabó con toda la cabeza empapada de sudor. :S

Disfrutó de lo lindo, jugando al pilla pilla con sus primas, dejando que la pusieran un montón de gorros de Papá Noel, jugando con sus juguetes… Y cenó con todos nosotros sentada en su trona que, como es plegable, nos la llevamos cuando se trata de acontecimientos especiales.

Al día siguiente fuimos a comer a casa de sus abuelitos, con la trona a cuestas. Pero antes nos pasamos por el parque, para aprovechar el calorcito del sol. ¡Le encanta montar en los columpios! ¡Qué pasada! Como son especiales para bebés, la subimos y la empujamos sin miedo de que se caiga, y no se quiere bajar la tía. No hace más que sonreírnos y mirar al resto de niños que corretean por allí.

Así que intentamos ir mucho al parque. Porque los paseos en el carro le gustan, pero sobre todo le encanta que la saquemos a la calle a caminar, a montarse en los columpios, a tirarse por el tobogán… Está creciendo, ya no es el bebé que era hace unos meses. 🙂

Mañana volveremos un ratito. Mi chico y yo iremos por la mañana a comprar regalos y la dejaremos en casa de los abuelitos. Hemos decidido no llevarla de compras para, en primer lugar, no meterla en el coche y, en segundo lugar, alejarla del gentío del centro comercial. Así puede descansar un poco en casa de los abuelos, en su siesta matutina y, lo más importante para ella, ir al parque.

Qué poco necesitamos para ser felices, ¿no creéis?

¡Aaaaa! (bostezo). Me caigo de sueño. Esto de ser mamá es muy cansado… Zzzz…

Dulces sueños. ¡Hasta mañana!

 

Esta noche, Nochebuena

Es la primera Nochebuena que no voy a cenar con mi familia, y eso me entristece. 😦

Sí, lo sé, siempre digo que no me gustan las Navidades, que me parecen súper tristes, que paso de convencionalismos, bla, bla, bla, pero lo pienso fríamente y donde de verdad me gustaría estar es en casa de mis padres. Sin embargo, cenaremos con la familia de mi chico. Iremos a cenar con las primas de mi pegotito.

Antes de que naciera mi cosita, cada uno se iba con su familia y santas pascuas. Nos parecía la forma más cómoda y sincera de pasar los días especiales de Navidad, aunque nos viéramos después de comer el día 25 o de las uvas en Nochevieja (en Nochebuena no solíamos salir). El año pasado, al habernos convertido en papás, decidimos que se acabaron las separaciones. Aunque nuestra hija no se enterara aún de mucho, queríamos compartir los dos con ella esos momentos, así que decidimos hacer la cenas con mi familia y las comidas con la de él.

Cuando hace un mes aprox. la familia de mi chico comenzó a organizar estas fechas tan señaladas (me llena de orgullo y satisfacción, bla, bla, bla…) pensé: “Nooooo, ¡aún queda un mes! ¿Por qué comienzan con estos rollos ya? O_O”.  Y no lo decidimos hasta hace un par de semanas, no creáis. Me costaba horrores hablar del tema, pero al final hubo que hablar.

Como mi pegoti está acostumbrada a irse a la cama pronto, a eso de las 21, 21:30, no sé muy bien cómo va a ir la cosa. Quizá le entre sueño y se ponga súper cansina, quizá esté tan eufórica que no pueda parar de reír y jugar… Ni idea. Otro interrogante que me genera bastante nerviosismo es si vomitará o no en el coche después de cenar… El coche no le mola nada, y en trayectos que exceden los 10 minutos suele liarla pero bien… Mañana no iremos lejos, quizá tardemos eso mismo en el desplazamiento, pero quién sabe…

En fin, en un rato se irán despejando mis dudas y os contaré cómo fue la noche.

Aprovecho para desearos unas Felices Fiestas. ¡Hasta pronto!

Remolonear

Hoy no pudimos remolonear en la cama. Mi chico y yo tuvimos que salir pronto de casa para hacer papeleo (otro día os lo cuento), así que en cuanto mi pegoti despertó a eso de las 8:30 a.m. le dí su teti y enseguida llegó su abuelita para quedarse con ella.

Desde que soy mamá he reafirnado mi placer por estar en la cama, pero no durmiendo, sino remoloneando. 😉 Y sobre todo con mi hija. Soy una mami en paro desde hace unos meses, así que cada día cuando ella despierta la cojo de su cuna y la meto en nuestra cama. Ella se queda quietecita mientras, somnolienta, le acaricio la tripita y las piernas, mientras le hago cosquillas, mientras froto mi nariz contra su naricita diciéndole: “Besito de gnomo”, mientras la como a besos…  Ella aprovecha para acariciar mi pelo, morderme el moflete y canturrearme al oído a su manera.

Los findes remoloneamos con compañía y así pegoti está bien flanqueada por nosotros dos, para que en cuanto comienza a revolucionarse y a agarrarse al cabecero para ponerse de pie y encender la luz, podamos controlarla bien. Cuando está a punto de fundir la bombilla decido subir la persiana, a lo que ella responde aplaudiendo. ¡Claro, ya es de día!, debe de pensar.

Sin duda se trata de momentos mágicos que hacen que merezca la pena despertar. 🙂

Y mañana…, a remolonear en la cama de nuevo. ¡Yeah!

¡Prueba superada!

Tengo un ratito para escribir, aprovechando que mi pegotito duerme a pierna suelta y espero que siga así hasta dentro de media hora aprox. Es increíble, es como un reloj suizo, jeje. Se despierta unas 3 veces en la noche: 1:30 a.m, 4:30 a.m. y 7:30 a.m. Menos mal que le doy ración de teti y cuando se suelta comienza a estirarse como diciendo: “¡Venga, túmbame, que quiero seguir durmiendo!”.

Ayer tuvimos la revisión de peso y me puse como unas castañuelas cuando la báscula marcó 7,350 Kg. ¡Yuhuuu! Ha cogido casi 250 g. desde la última vez. Para nosotras, después de pasar una bronquiolitis,  es un triunfo en toda regla. Espero que sigamos así, o mejor. 🙂